Yoga: ¿oración sin Dios?

Yoga: ¿oración sin  Dios?

por Steven Neira

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Actualmente va en aumento el interés por las prácticas orientales a nivel de occidente. Mucho tendrá que ver el ritmo de vida acelerado y la cultura de lo inmediato en la que nos hemos cernido. Sin embargo, en medio de todo esto, también ha ido en aumento el porcentaje de católicos a quienes les despierta la curiosidad por el yoga, el reiki o similares. No hace mucho conocí a una mujer católica de misa diaria que tenía la costumbre cada mes, de cambiar de lugar todos los muebles de su sala y comedor, pues, según el feng shui[1], es una práctica recomendable para “atraer” energía positiva a los espacios físicos.

Luego, no hace mucho un diario de mi país publicó una noticia sobre una agrupación laica denominada Asociación Escuela de Autorrealización (AEA) fundada además, por un sacerdote católico, dedicada a la enseñanza del yoga, generando  – naturalmente – confusión entre los fieles, por lo que me parece, vale la pena aclarar ciertas cosas…

  1. No hay armonía sin Dios

El primer riesgo de estas propuestas sincretistas, es decir, que pretenden conciliar doctrinas distintas y hasta opuestas, es la de afirmar que existe una armonía verdadera sin necesidad de recurrir a Dios, y para ser más exactos, al Dios de Jesucristo. Dentro de su plan de promoción, se ofrece una especie de “atajo” para llegar a la unión con la divinidad (sea ésta del nombre que sea), sin embargo es de sentido común que uno sólo puede ser católico siendo católico, es decir, practicando el catolicismo. Así se pretenda alinear todos los chakras y abrir el tercer ojo, si seguimos sin acudir a la confesión sacramental y no nos acercamos a comulgar (que es la verdadera y única armonía), la pretendida “paz” es imposible.

Sobre esto cabe aclarar que existe un abismo entre “sentirse bien” y “estar bien”. Existen muchas prácticas que pueden mitigar el dolor o las preocupaciones – y no sólo el yoga –, sin embargo, Jesucristo no vino a anunciarnos una vida sin preocupaciones ni dolores, sino una lucha constante que se desata en primer lugar en nuestro interior. Esta es, por supuesto, una realidad desconocida para el yoga, puesto que éste niega la existencia del pecado y por tanto la necesidad de la conversión.

  1. Creemos en un Dios personal

“Yoga” viene de la palabra sánscrita “yug” que significa “unir” y literalmente significa “unir con la divinidad”. Al hablar de esta unión es evidente que no estamos refiriéndonos a la unión con el Dios que nos ha revelado Jesucristo, pues la religión hindú no reconoce a un Dios personal, sino al “Absoluto”, así como lo leemos, es decir, una especie de energía impersonal que se encuentra en todos lados, y que en ciertas ramas del hinduismo se muestra en distintos dioses. Por esta razón, una de las maneras más fáciles para captar adeptos a estas enseñanzas orientales, es diciéndoles que estas prácticas están “abiertas a todas las religiones”, puesto que obviamente bajo este criterio, da exactamente lo mismo creer en Jesucristo que en Shiva… Es necesario evitar estos igualitarismos peligrosos, que pretenden afirmar que todas las religiones son iguales o que el hombre y Dios “son uno”.

En la página de la Asociación Escuela de Autorrealización (AEA) en una de sus explicaciones, nos dice que “(…) Yoga y Cristianismo no son sendas antagónicas, sino fuentes vivas que convergen en el océano infinito de la Divinidad, allí donde el Espíritu se expresa y manifiesta a plenitud, más allá de dogmas y ritos”[2].

Primero, afirma algo completamente contrario a lo que expresa la Congregación para la Doctrina de la Fe respecto al yoga y el Cristianismo, pues sí son antagónicos, es decir, contrarios. Así lo expresa cuando – por ejemplo – aclara que la materia ha sido creada por Dios y por tanto no es mala[3]. Luego, converger en el “océano infinito de la Divinidad” es un intento claro de sincretismo religioso, en donde uno no sabe dónde empieza el Cristianismo y dónde termina el Yoga. Finalmente, “más allá de dogmas y ritos” es una invitación clara a dejar de lado la doctrina cristiana respecto de Dios y la revelación de Jesucristo, para asumir enseñanzas gnósticas e indeterminadas.

  1. La verdadera oración es un diálogo

“La oración cristiana está siempre determinada por la estructura de la fe cristiana, en la que resplandece la verdad misma de Dios y de la criatura. Por eso se configura, propiamente hablando, como un diálogo personal, íntimo y profundo, entre el hombre y Dios. (…) La oración cristiana es siempre auténticamente personal individual y al mismo tiempo comunitaria; rehúye técnicas impersonales o centradas en el yo, capaces de producir automatismos en los cuales, quien la realiza, queda prisionero de un espiritualismo intimista, incapaz de una apertura libre al Dios trascendente.”[4]

Seamos claros: en el yoga hay mucho “yo” y poco o nada de “Jesús”. No es posible hablar de oración cuando la concentración y el pensamiento están dirigidos hacia uno mismo, o hacia una sustancia impersonal que es uno con la naturaleza y el cosmos. La verdadera oración se refleja en la comunión de las criaturas con la vida íntima de las Personas trinitarias (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

Yoga ¿sólo como ejercicio?

Hay muchos cristianos que consideran inofensivas las prácticas de yoga porque sólo acuden a ellas por las posturas físicas o los ejercicios de respiración, y aseguran no tener contacto alguno con el aspecto pagano. Lo cierto es que la filosofía taoísta y su carga doctrinal son inseparables de sus posturas y ejercicios varios. Desde el “Saludo al Sol” hasta “La Media Cobra”, todas las posturas enseñadas en el yoga tienen su significado y su trasfondo ideológico. Es ingenuo pretender practicarlas desligándolas de su fondo. Como es también ingenuo el pretender que, porque estos gurúes hagan uso de símbolos cristianos, lo sean.

Conclusión

El principal problema del hombre es el pecado. El hombre está distanciado de Dios y necesita reconciliarse con Él, y esto sólo puede encontrar una respuesta definitiva en Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo[5]. La redención del hombre es un don gratuito de parte de Dios, y no algo que puede ser ganado o alcanzado por el propio esfuerzo. Si lo que se busca es huir de los problemas y de la realidad, hay que decir, que este criterio no es cristiano. En ningún momento el Evangelio nos pide “vaciar la mente” para llegar a Dios, y si en algún momento la enseñanza cristiana nos dice que es necesario vaciarse, será para luego llenarnos de Dios, no para quedarnos vacíos en una realidad etérea y alejada de este mundo. Dios se hizo hombre no para despreciar las realidades terrenas sino para santificarlas por el Espíritu Santo en Jesucristo, Nuestro Señor.

 

(tomado de https://stevenneirac.wordpress.com/2017/01/31/yoga-oracion-sin-dios/)