El principal
problema sobre este tema radica en comprender la mediación de
los santos entre Dios y los hombres. El pasaje que provoca más
discordia es 1 Tim 2:5 que muchos han mal interpretado. El
versículo dice así: “Porque hay un solo Dios, y un solo
mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. Al
simplemente leerlo cualquiera diría que tienen razón y que no
cabe duda alguna de que Jesús es el único mediador entre Dios y
los hombres. La Biblia no se equivoca y sabemos que Dios mismo
inspiró a Pablo a decir eso, así que es verdad, pero Pablo dijo
“Jesucristo hombre” (ya Pablo sabía que Jesús también era Dios,
por eso aclaró que era Jesucristo como hombre al que se refiere
en este versículo), porque fue como hombre que pudo realizar esa
mediación, y realizar su Nueva Alianza, ya que ni Adán, ni Noé,
ni Abraham, ni Moisés, ni David pudieron sostenerla, siempre que
Dios hacía una nueva alianza para restaurar su vínculo con los
hombres, estos decidían pecar y romperla. Dios se mantuvo
constantemente fiel, pero no así ni Adán, ni Noé, ni Abraham, ni
Moisés, ni David; tuvo que ser Jesucristo hombre, porque se
requería que fuera un hombre tan sin pecado y tan constantemente
como Dios mismo.
1
Timoteo 2:5
El
término “mediador”, aparte de este versículo, se
aplica también a Jesucristo en Heb 8:6 “Pero
ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto
es mediador de un mejor pacto, establecido sobre
mejores promesas.”; 9:15 “Así que, por
eso es mediador de un nuevo pacto, para que
interviniendo muerte para la remisión de las
transgresiones que había bajo el primer pacto,
los llamados reciban la promesa de la herencia
eterna.” y 12:24 “a Jesús el Mediador del
nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla
mejor que la de Abel.”, o sea es un término
que sobre todo está junto a “alianza” o “pacto”:
Jesucristo es el mediador del Nuevo Pacto, de la
Nueva Alianza.
Podemos
observar cómo se le designa al que interviene en
las alianzas como “mediador”, y lo vemos en el
siguiente ejemplo de Moisés: “Entonces, ¿para
qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las
transgresiones, hasta que viniese la simiente a
quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por
medio de ángeles en mano de un mediador.” Ga
3:19
Jesús
es muchísimo mejor mediador que los anteriores,
así que Él es nuestro nuevo Adán ( “No
obstante, reinó la muerte desde Adán hasta
Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de
la transgresión de Adán, el cual es figura del
que había de venir.” Romanos 5:14), nuestro
nuevo Noé ( “Como fue en los días de Noé, así
también será en los días del Hijo del Hombre.”
Lc 17:26), nuestro nuevo Moisés ( “...Cristo
Jesús; el cual es fiel al que le constituyó,
como también lo fue Moisés en toda la casa de
Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es
estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra
que la casa el que la hizo. [...] Y Moisés a la
verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como
siervo, para testimonio de lo que se iba a
decir; pero Cristo como hijo sobre su casa...”
Hbr 3:1-6 y “Pues la ley por medio de Moisés
fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron
por medio de Jesucristo.” Juan 1:17), y es
nuestro nuevo David (Hch 2:25-35).
Recalcamos de nuevo que Pablo al hablar de
Cristo Jesús utiliza la palabra “hombre”. Cabe
señalar primero que los católicos y la mayoría
de los no-católicos coincidimos sobre este texto
en que Pablo reafirma que Jesús es verdadero
hombre y no solamente un mediador. Jesucristo
ejerce ese poder de “mediador” esencialmente
como hombre, pues es como hombre que va a la
muerte y paga a Dios el precio de nuestra
redención, pero en su condicion divina tambien
Jesus es Sumo Sacerdote Eterno que ejerce la
Mediación de la Alianza que El procura, es por
eso que es Mediador por excelencia y superior a
todo mediador, testador o Sumo Sacerdote
anterior, es por eso que es importante deslindar
dos terminos precisos, el de Mediador y el de
Intercesor…tanto la Mediación como la
Intercesión de Jesus tiene que ver con la
Alianza y no con portador de oraciones o
peticiones personales, pero sigamos con el tema:
Está claro que únicamente porque también era
Dios pudo dar a su muerte un valor infinito, y,
por consiguiente, es en su condición de
hombre-Dios como le corresponde el título de
“mediador” único. El pecado es un problema
humano que debía resolverse a favor de la
humanidad solamente mediante un ser humano. Es
como hombre que Jesucristo tiene la capacidad de
ser el mediador para el hombre; porque el pecado
vino de la desobediencia del ser humano así que
el único que puede redimirlo deberá ser humano.
Esto lo
confirmamos en el siguiente versículo: v.6 “el
cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de
lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”.
Dio su vida, como mediador, para expiar a todos
los hombres (humanidad), que había caído en la
muerte. “Porque el Hijo del Hombre no vino
para ser servido, sino para servir, y para dar
su vida en rescate por muchos.” Mc 10:45.
El que
San Pablo nos diga que hay “un solo mediador”,
que es Jesucristo, no quita la mediación de los
santos y ángeles, y especialmente la de la
Virgen María, ya que esa mediación de los santos
involucra la mediación de Jesucristo.
En Él
se unen el cielo y la tierra. En Él se funde
Dios con el hombre. |
Esta es la mediación
de Jesucristo, la mediación de la redención y salvación. Ni tan
siquiera los ángeles podían reconciliarnos con el Padre. Por
este motivo Pablo dice que Cristo era el único que podría
sacrificarse por nuestros pecados.
Jesús es el único
cuya intercesión delante del Padre puede salvarnos. La Virgen
María, los santos en el cielo, los ángeles, interceden por los
hombres en virtud a su unión con Jesús por la que son parte de
su Cuerpo Místico. Debido a que en el cielo ellos están más
estrechamente unidos con Jesús, afirman a toda la Iglesia en la
santidad... no dejan de interceder por nosotros ante Dios.
Así que este pasaje
no tiene nada que ver con la intercesión comunitaria entre
nosotros y los santos. Una cosa es la mediación de la Nueva
Alianza y otra el orar mutuamente o con los que están ya en la
presencia del Señor.
El concepto
El término "mediación"
puede entenderse de dos formas:
1.
Explico la primera con un ejemplo: Un niño lanza una
piedra y rompe el vidrio de una casa; el niño no cuenta con los
medios para pagar el vidrio, por lo que el papá tiene que
pagarle al dueño de la casa por el daño que el niño hizo.
Jesucristo pagó por nuestros pecados, dando su vida y
salvándonos. Nadie puede pagar o hacer lo que hizo Jesús en la
cruz; porque como se dijo antes se requería que fuera un hombre
tan sin pecado y tan constantemente como Dios mismo.
2.
La otra mediación se da cuando alguien actúa como medio
entre la persona que necesita ayuda y la que puede darla.
Ejemplo: Una pareja de novios va por la calle; se le acerca un
niño muy pobre a la novia y le dice: - ¿Puede regalarme algo de
comer?, no he comido -. A la novia se le conmueve el corazón y
le dice a su novio: - Amor, cómprale algo de comer y dáselo -.
El novio por amor a su novia toma su petición y la cumple.
Para entender mejor
el concepto de mediación, referimos el término al siguiente
texto:
"El que Cristo sea el único mediador no significa que haya
terminado el papel de los hombres en la historia de la
salvación. La mediación de Jesús reviste acá abajo signos
sensibles: son los hombres, a los que Jesús confía una función
para con su Iglesia; incluso en la vida eterna asocia
Jesucristo, en cierta manera, a su mediación los miembros de su
cuerpo que han entrado en la gloria. (...) Los que desempeñan no
son, propiamente hablando, intermediarios humanos con una misión
idéntica a la que tuvieron los mediadores del AT; no añaden una
nueva mediación a la del único mediador: no son sino los medios
concretos utilizados por éste para llegar a los hombres."
(Leon-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica)
Entonces la función
mediadora de Jesucristo en el Nuevo Testamento se le atribuye al
hombre Jesús, específicamente a su ofrecimiento por los hombres.
Esta función la ha recibido de Dios, de su Padre: 2 Co 5:18-21 “Y
todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo
mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la
reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo
al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y
nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que,
somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por
medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos
con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado,
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
Ejerce luego esta función de trascendencia universal porque en
su humanidad es el Hijo mismo de Dios, que cumplió la Ley y hace
a los hombres capaces de cumplirla (cf. Rom 8:3).
Jesús es nuestro
Salvador y "nadie más que él puede salvarnos" (Hechos 4:12). Sin
embargo, Jesús ha elegido actuar a través de Su Iglesia y no hay
motivos para creer que los cristianos no puedan ya auxiliar y
orar por sus hermanos y hermanas en la tierra una vez que ellos
estén en el Cielo. Más bien, a causa del amor perfecto que
existe en el Cielo, los santos presumiblemente tendrán mejor
disposición y tendrán más capacidad de interceder por otros que
cuando estaban en la tierra. Al venerar a los santos, alabamos a
Dios que los creó; debemos pedir sus oraciones, como pedimos a
nuestros hermanos cristianos en la tierra que oren por nosotros.
¿Los santos nos
escuchan?
En términos físicos,
el cielo no es un "lugar" que ocupa un espacio; el cielo
trasciende esta definición. Se intuye entonces que, si el cielo
no ocupa un espacio, el cielo no tiene límites. El cielo es el
estado del alma en el que esta alma se encuentra eternamente
ante la presencia de Dios. Más sencillamente: quien está en el
cielo, está con y en Dios.
El
cielo:
En el
lenguaje sencillo el Cielo es el lugar en donde
mora Dios y en el cual Dios introduce a los que
se salvan; salva al alma sin el cuerpo después
de la muerte, y con el cuerpo resucitado después
de la Parusía (segunda venida de Cristo).
A
esta representación del cielo como la morada de
Dios, se adiciona la de un lugar al que también
los creyentes pueden, por gracia, ascender; como
muestran las historias de Enoc (cf. Gn 5:24) y
Elías (cf. 2 R 2:11). Así que, el cielo es una
figura de la vida en Dios; llegar al cielo es
llegar a Dios, vivir con Dios y participar de su
plenitud de vida. En ese sentido vemos que Jesús
habla de una "recompensa en los cielos" (Mt 5:12
“Gozaos
y alegraos, porque vuestro galardón es grande en
los cielos; porque así persiguieron a los
profetas que fueron antes de vosotros.”)
y pide que "amontonemos tesoros en el cielo" (Mt
6:20 “sino
haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla
ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan
ni hurtan.”;
cf. 19, 21).
En el ámbito de la Revelación sabemos que el "cielo"
no es algo abstracto, ni tampoco un lugar físico
en medio de las nubes, sino una relación
personal y activa con la Santísima Trinidad.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que:
“por su muerte y su resurrección, Jesucristo
nos ha "abierto" el cielo. La vida de los
bienaventurados consiste en la plena posesión de
los frutos de la redención realizada por Cristo,
que asocia a su glorificación celestial a
quienes han creído en él y han permanecido
fieles a su voluntad. El cielo es la comunidad
bienaventurada de todos los que están
perfectamente incorporados a él” (n. 1026).
Los
santos (o justos) han dejado atrás la angustia
de la muerte; y de ellos Juan nos dice: "Entonces
uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que
están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y
de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo
sabes. Y él me dijo: Estos son los que han
salido de la gran tribulación, y han lavado sus
ropas, y las han emblanquecido en la sangre del
Cordero. Por esto están delante del trono de
Dios, y le sirven día y noche en su templo;
y el que está sentado sobre el trono extenderá
su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre
ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni
calor alguno; porque el Cordero que está en
medio del trono los pastoreará, y los guiará a
fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda
lágrima de los ojos de ellos." Apoc 7:13-17.
Por lo
tanto cuando decimos que Dios está en el cielo
queremos decir que es distinto de la tierra, que
está elevado sobre esta. Cuando decimos “cielo”
estamos designando el modo de existir de Dios.
Por eso Mateo se refiere al Reino de Dios como
Reino de los Cielos.
Si Dios
es omnipresente, el cielo no es un determinado
lugar de la creación. El cielo está donde está
Dios y puede estar en todas partes.
La unión fraternal en el cielo:
El banquete que usa Jesús como símbolo
de la comunidad con Dios (Mt 22:2; Lc
22:29; Mt 8:11-12; Mt 5:6) es de
alegría, con amigos, es un banquete
nupcial. El banquete de bodas es una
fiesta magnífica en la vida del hombre
sencillo, ya que se da mucha comida (Mt
22:4) y vino hasta saciarse (Jn 2:1-11)
y se reúnen los invitados, vestidos de
túnica nueva (Mt. 22:11). Así es como
están los justos. |
El
mismo Jesús anuncia que el destino final del
hombre es un estar con Él. Les da consuelo a sus
discípulos diciéndoles que va a prepararles un
lugar para que donde Él esté, estén también los
suyos: “En la casa de mi Padre muchas moradas
hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho;
voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si
me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez,
y os tomaré a mí mismo, para que donde yo
estoy, vosotros también estéis.” Jn
14:2-3. Ahí están los santos con los apóstoles.
Vemos que la frase “«para que donde yo estoy,
vosotros también estéis»” la podemos
correlacionar con lo que también dijo en Jn
17:24: “«Padre, aquellos que me has dado,
quiero que donde yo estoy, también ellos estén
conmigo, para que vean mi gloria que me has
dado; porque me has amado desde antes de la
fundación del mundo.»” La meta final
consiste en la eterna comunión con Cristo, en
estar con Jesús junto a Dios. Es una promesa que
hizo Jesús, así que nunca podríamos dudar de
ella. Esteban lo sabía por eso dijo: “...Señor
Jesús, recibe mi espíritu” mientras lo
apedreaban (Hch 7:59).
Pablo
mismo nos dice: “Porque de ambas cosas estoy
puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y
estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;
pero quedar en la carne es más necesario por
causa de vosotros.” Flp 1:23-24, el enemigo
del hombre es la muerte pero es a la vez el
tránsito hacia esa plena comunión con Cristo; y
“Porque aunque fue crucificado en debilidad,
vive por el poder de Dios. Pues también nosotros
somos débiles en él, pero viviremos con él por
el poder de Dios para con vosotros” 2 Co
13:4.
El
cielo es una patria, nuestra futura patria: “Porque
los que esto dicen, claramente dan a entender
que buscan una patria; pues si hubiesen estado
pensando en aquella de donde salieron,
ciertamente tenían tiempo de volver. Pero
anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo
cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de
ellos; porque les ha preparado una ciudad”
Heb 11:14-16 y “Así que vivimos confiados
siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos
en el cuerpo, estamos ausentes del Señor... pero
confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del
cuerpo, y presentes al Señor.” 2 Co 5:6,8.
Ciudadanos del cielo: “Mas nuestra ciudadanía
está en los cielos, de donde también esperamos
al Salvador, al Señor Jesucristo” Filp 3:20
(cf. Ef 2:12-19 y Gal 4:26). |
El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice (956): “Por el
hecho que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo,
consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad... no
dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por
medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús,
los méritos que adquirieron en la tierra... Su solicitud
fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad.”
Únicamente Dios es
omnipresente, y jamás diremos lo contrario, pero eso no implica
que los santos que están en el cielo no nos escuchen, y lo
demostramos con las Sagradas Escrituras también: “Así os digo
que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que
se arrepiente.” Lc 15:10. ¡Los ángeles se dan cuenta de todo
lo que pasa aquí! ¿Son ellos omnipresentes? Por supuesto que no,
pero al estar en Dios, pueden darse cuenta por “la gracia” de lo
que pasa en nuestro mundo terrenal.
Dirán muchos que no quieren ver - Pero es que son ángeles, no
santos -. Pero: “Porque en la resurrección ni se casarán ni
se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en
el cielo.” Mt 22:30
¡Seremos como los ángeles en el Cielo! Así que, nos daremos
cuenta de lo que pase aquí también, y si a esto le añadimos: Y
si se nos dice en la Biblia que los ángeles están para ayudarnos
¿Por qué los santos no?
Apocalipsis nos
dice: “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las
almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de
Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz,
diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y
vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les
dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía
un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus
consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos
como ellos.” 6:9-11.
Dios nos creo a su
imagen y semejanza pero el ser semejante a Dios no es ser Dios,
pero sí supone el participar, de una u otra forma, de sus
atributos, como lo encontramos en la Biblia. Cuando Adán y Eva
tomaron del fruto prohibido dijo Dios: “Y dijo Jehová Dios:
He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el
bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome
también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.”
Gn 3:22. Vemos también que Dios sacó al hombre del paraíso para
que no tomara también del árbol de la vida, pero los que ya han
vencido y son santos, han probado de ese árbol: “...Al que
venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en
medio del paraíso de Dios.” Ap 2:7 Por lo que, la condición
de los santos en el cielo es mucho más perfecta que la de Adán,
de quien Dios (no Satanás) llegó a decir “es como uno de
nosotros”.
El ser partícipe de
la naturaleza divina no nos convierte en dioses por naturaleza
porque participar en ese algo no implica llegar al nivel del
estado de ese algo. El que participa de esa naturaleza divina,
participa también de sus atributos. Con esto afirmamos en
especial que los que ya están en la presencia de Dios pueden
participar de Su naturaleza, ya que ellos han sido purificados
de todo pecado porque nada impuro entra en la presencia de Dios.
Por eso podemos recudir a ellos y pedirles que oren por
nosotros. Su plena santidad y su participación de la naturaleza
divina está fuera de toda duda, ya que no están en "este cuerpo
de muerte" (Rom 7:24).
De las objeciones a
esta participación divina muchos nos muestran el siguiente
pasaje: “Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los
vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. Porque los
que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben,
ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.
También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca
más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.”
Eclesiastés 9:4-6. Aluden a que ya muertos no se enteran de
nada, pero anteriormente hemos demostrado que si nos escuchan, y
sobre este pasaje aclaramos que el autor sagrado está hablando
de sus cuerpos y no del alma, como él mismo lo aclara más
adelante: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu
juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de
los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento... y el polvo
vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo
dio.” Eclesiastés 12:1,7.
Eclesiastés
9:4-6
Mientras
uno vive (tiempo terrenal), por más mal que le vaya en
la tierra, siempre queda una esperanza de conseguir,
mediante el arduo trabajo, días mejores, más felices y
más prósperos. Pero como cristianos sabemos que nuestras
miserias es el bien más apetecible para el hombre. Para
entender el mensaje del autor sagrado recordamos que el
perro era un animal impuro (1
Sam 17:43; 2
Sam 3:8; 9:8; 16:9; Mt 15:26; Ap 22:15),
objeto de desprecio para los orientales, y que el león
era símbolo de la fuerza, era el animal más noble de
todos los animales (Gen
49:9; Is 38:13; Lam 3:10; Os 13:7; Sant 10:6).
El sentido es que es preferible ser el último y más
indigno de los animales estando vivo, que el mejor y más
querido de todos ellos estando muerto.
El v.5
sigue bajo la misma línea, que puede producir falsas
interpretaciones si no se tiene en cuenta todo el
contexto de la frase. Los vivos están concientes que
han de morir, es decir, viven todavía y pueden
deleitarse de los bienes y tranquilidad que Dios les
otorga en esta vida, tan añorada por más que esté llena
de miserias, mientras que los muertos ya nada saben;
para los sabios, el saber, el conocer, es la más
noble manifestación de la vida; no tienen más paga,
despojados como están de toda actividad y trabajo
que pudiera merecer salario; más aún, al pasar del
tiempo, ni memoria queda de ellos entre los vivos, de
modo que ya no cuentan para nada, lo que constituye para
el autor sagrado gran desencanto (1:11; 2:16). San
Jerónimo nos hace reflexionar: “Los vivientes, ante
el temor de la muerte, pueden realizar buenas obras; los
muertos, en cambio, nada pueden añadir a lo que se
llevaron al despedirse de la vida. Ya no hay para los
muertos tiempo en el que puedan merecer y conseguir el
premio”. El v.6 nos da la clave para interpretar los
versículos precedentes, hay que recordar que los afectos
y más fuertes pasiones cesan en su actividad en el
momento de la muerte, que quebranta toda relación con
este mundo visible “debajo del sol”. |
“Yo soy el Dios
de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios
de muertos, sino de vivos.” Mt 22:32 y antes había dicho
Jesús: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no
pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma
y el cuerpo en el infierno.” Mt 10:28. El cuerpo fue creado
para el alma y no el alma para el cuerpo; la salvación es para
el alma.
Jesús nos presentó
la parábola de Lázaro y el hombre rico. El rico ya muerto dice:
“Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
porque tengo cinco hermanos” Lc 16:27-28 ¿Cómo es que el
rico recuerda que tiene hermanos y que tiene una casa si los
muertos no saben nada? Es una parábola, pero no por eso es falso
lo que se dice. Jesús no nos enseñaría algo que pudiera
confundirnos si no fuera verdad. Jesús recurre a parábolas para
predicar, no a fábulas, por lo que los sucesos están basados en
hechos reales.
Hemos de notar que
en el culto a los santos es ensalzado un hombre por amor a la
gloria de Dios de la que este hombre participa, que supera todo
honor humano y sólo es aprehensible por la fe.
Resumámoslo en una
analogía: Dios es como el mar, cada uno de nosotros somos como
gotas de lluvia que caen. Al caer en el mar ya no somos la gota
individual, sino que nos fundimos en Dios y ahora somos parte de
Él, por eso al pedir la intercesión de los santos, pedimos a
aquellos que ya son plenamente en Dios, con Dios y para Dios,
por eso pueden oírnos y por eso su intercesión tiene mucho
poder, porque lo hacen en el Nombre de Jesucristo.
“No
hay otro camino de oración cristiana que Cristo. Sea comunitaria
o individual, vocal o interior, nuestra oración no tiene acceso
al Padre más que si oramos "en el Nombre" de Jesús. La santa
humanidad de Jesús es, pues, el camino por el que el Espíritu
Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre.”
CIC No.2664.
¿Y los judíos qué
dicen?
El siguiente es un
comentario de un judío sobre la intercesión de los santos:
Intercesión,
es la participación y mediación para conseguir algo.
La conexión entre la
persona (de cualquier procedencia, sea judío o gentil) con Dios
es directa; sin intermediarios de ninguna especie. Lo único que
se precisa para comunicarse con Él es el deseo firme de hacerlo,
y la sinceridad y pureza de corazón. Tal como está escrito: "Cercano
está el Eterno a todos los que le invocan, a todos los que le
invocan de verdad." (Tehilim / Salmos 145:18).
Sin embargo, el
recurrir a tzadikim, personas de una conducta intachable,
para que ellos recen por uno, es una práctica antigua, tal como
testimonia nuestro libro consagrado: "y dijeron al profeta
Irmiá [Jeremías]: –Por favor, llegue nuestro ruego a tu
presencia, y ora por nosotros al Eterno tu Elokim, por todo este
remanente... para que el Eterno tu Elokim nos enseñe el camino
por donde debemos ir y lo que hemos de hacer." (Irmiá /
Jeremías 42:2-3).
¿No contradice esto
aquello de que uno reza directamente a Dios sin intermediarios?
¿Qué necesidad hay de pedir a un tzadik para que rece por
uno, si se cuenta con 24 horas de conexión directa con el
Eterno? La respuesta es sencilla. Se recurre a un tzadik
al menos por tres motivos:
1.
La persona justa está menos atada por el pecado y el
vicio de lo pasajero; por lo cual sabe conectarse con Dios de
una manera más veraz y firme, más "de verdad" según dijera el
salmo. La concentración de un tzadik a la hora del rezo,
suele ser inmensa, casi un vínculo imperturbable. Así que, es
muy probable que el rezo del tzadik tenga una fuerza que
la persona menos cultivada espiritualmente (aún) no ha
alcanzado. Es como si le pidiéramos a un hombre muy fornido que
levantara un peso que es excesivo para nosotros, pero ligero
para él. Este pedido no debe servirnos como excusa para
abandonarnos a la pereza y a confiar en un ser humano (en este
caso, el tzadik) en lugar de esforzarnos y confiar en
Dios. Sino como ocasión especial, en la cual excepcionalmente
precisamos ayuda. Es decir, como un método extraordinario.
2.
Para que la persona justa enseñe la manera correcta de
dirigirse al Eterno; ya que no toda palabra ni todo gesto que se
eleva a Dios son apropiados. El justo, por sus cualidades
personales y especialmente por sus estudios, es más conocedor de
lo que es pertinente y qué no lo es. Y es más apto para
reconocer qué vale la pena ser pedido en cierto momento, y qué
es accesorio.
3.
Para que el tzadik sirva de guía e inspiración
personal. El tzadik es un ser humano común y corriente,
solamente que ha alcanzado un alto grado de espiritualidad por
medio de la práctica de los preceptos y el esmerado estudio de
Torá. Por lo cual, cada persona que recurre al tzadik
debería hacerlo con el objetivo de aprender del maestro que
todos y cada uno de nosotros podemos superarnos, trascender
nuestras limitaciones, crecer en pos de la eternidad. Relea el
pedido que le hicieran al profeta (en lo que citamos un poco más
arriba) y descubrirá que este es el objetivo de pedir un rezo al
tzadik.
Por lo explicado, el
rezo a solicitud por parte del tzadik sirve para que los
que hicieron el ruego reconozcan que: "conforme a todo
aquello para lo cual el Eterno tu Elokim te envíe a nosotros,
así haremos." (Irmiá / Jeremías 42:5). Y así aprendan a
estar más próximos al Eterno, es decir, a ser mejores personas a
través del cumplimiento de los mandamientos.
En el caso de un
tzadik fallecido, la cuestión es semejante. Se le reza a
Dios, y sólo a Él. Pero, se tiene presente al tzadik, ya
que para los que así hacen, se espera que la memoria del difunto
maestro justo sirva como modelo y aliciente para el esfuerzo de
autosuperación y crecimiento a través de las sendas de la Torá.
Pues, si el maestro vivió una vida de dignidad y justicia, su
muerte también las posee; y sigue sirviendo como ejemplo para
sus continuadores.
Tomado de:
http://serjudio.com/rap1501_1550/rap1512.htm
Los judíos creían y
creen en la intercesión de los santos (tzadik); lo
podemos reafirmar con los siguientes pasajes: “Cerca de la
hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama
sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
desamparado? Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A
Elías llama éste. Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó
una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña,
le dio a beber. Pero los otros decían: Deja, veamos si viene
Elías a librarle.” Mt 27:46-49
Ellos pensaron que
Jesús le estaba pidiendo la intercesión a Elías para que lo
salvara de la cruz. No se dice de ningún judío que dijera a
Jesús: "¡Blasfemo, estás pidiendo la intercesión de alguien
muerto!!!
Más detalles al tema
Sabemos que Jesús es
Dios, y si Él es estrictamente el único mediador entre Dios y
los hombres, ¿para qué mediaría Jesús ante sí mismo?, eso no
sería una mediación.
No es lógico pensar
que aquellos que murieron en santidad (que tenían el Espíritu
Santo), después de muertos dejaron de tenerlo. Sus almas se
separaron de sus cuerpos, pero esto no afecta en nada al
Espíritu Santo.
“Por lo cual estoy
seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni
principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni
lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá
separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Rom 8:38-39
Los santos son ejemplos
de santidad y debemos seguir el consejo de Pablo: “Porque
para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Fil
1:21 y “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así
se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.” Fil
3:17.
De acuerdo a la Real
Academia, venerar es: Respetar en sumo grado a alguien por su
santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo por lo que
representa o recuerda. O sea, venerar es reconocer las cosas
que alguien ha hecho bien; es lo que Ornán hizo con el rey
David: “Y viniendo David a Ornán, miró Ornán, y vio a David;
y saliendo de la era, se postró en tierra ante David.” 1 Cr
21:21. La veneración es un acto de amor (interno) con el que
contemplamos la grandeza de esos defensores de la Fe, a quienes
llamamos santos. Los actos externos son las formas propias que
cada pueblo tiene para demostrar este amor interno.
Existen tres clases de
cultos sagrados:
1.
Latría (o adoración): Es exclusivo de Dios (Ex 20:3; Dt
6:13).
2.
Hiperdulía (o veneración especial): que se le rinde a la
Virgen María (Lc 1:28,42,48).
3.
Dulía (o veneración): que se le rinde a los santos
(97:11-12; Prov 10:7).
Algunos ejemplos de
veneración que aparecen en la Biblia son los que se le hacían a
los ángeles: son espíritus que desde un inicio se mantuvieron
fieles a Dios y siguen estándolo (Tob 5:4; Mt 1,20; Lc 1:26;
Hech 8:26; etc) por lo que merecen un honor especial. Veámoslo
en un ejemplo concreto: “Estando Josué cerca de Jericó, alzó
sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía
una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le
dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? El
respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he
venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en
tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?
Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el
calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y
Josué así lo hizo.” Josué 5:13-15; esto es venerar.
¿Cómo cooperamos
nosotros y los santos en esa mediación?
La Iglesia es una
familia, si los hermanos se ayudan unos a otros, ¿sería eso
ofender la autoridad del padre? Sabemos que todo viene de Dios,
aún la gracia necesaria para orar por otros.
En el Cuerpo Místico
todos estamos unidos a Cristo y con Su poder nos ayudamos
mutuamente.
Pablo nos enfatiza en
la unidad entre Cristo y el cristiano: “Con Cristo estoy
juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí;
y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de
Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Gálatas 2:20.
Cuando Pablo u otro
santo sana o hace milagros, solamente puede ser por la única
mediación de Cristo que vive en Él.
Cristo lo puede todo
por si solo pero ha deseado valerse de sus santos para continuar
su enseñanza y su obra. “El que a vosotros oye, a mí me oye;
y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me
desecha a mí, desecha al que me envió.” Lucas 10:16
¿Qué tal si Pablo
hubiese dicho: "Yo no oro por ustedes porque ya Jesús lo hace
por ustedes" o "yo no proclamo el Evangelio, porque Dios lo
puede hacerlo por Él mismo"?, pero Pablo dijo: “Exhorto ante
todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones
de gracias, por todos los hombres” en el mismo 2 Tim 2:1.
Jesús enseña que los
suyos son mediadores para que otros crean y sean uno:
“Mas no ruego
solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí
por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh
Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en
nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria
que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como
nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean
perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me
enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has
amado.” Juan 17:20-23.
Muchas veces decimos
“San Gerardo me hizo el milagro de...” pero es igual que en
nuestra vida cotidiana, a veces decimos “mi amigo me hizo el
favor de...” aunque en realidad “mi amigo me hizo el favor
gracias a Dios de...”; no se trata de otra mediación sino de la
única de Jesús que se manifiesta en los santos gracias a que son
uno con Él y forman un solo Cuerpo.
¿Qué más nos dicen
las Sagradas Escrituras?
1 Corintios
12:12-13,26-27
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros,
pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo
cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos
todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean
esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo
Espíritu. [...] De manera que si un miembro padece, todos
los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra,
todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el
cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” Por
nuestra unidad como miembros del Cuerpo de Cristo, tenemos el
deber de mostrar preocupación unos por otros, esto debe de
seguir aún cuando ya hayamos ingresado al cielo: “Porque en
parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo
perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era
niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño;
mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos
por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora
conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.”
1 Co 13:9-12
Lucas 20:37-38
"Pero en
cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó
en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de
Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios
de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven." Jesús
testifica que todos están vivos para Dios y quienes están vivos
en Su presencia pueden y deben mostrar amor por los demás. Los
santos lo hacen intercediendo en nuestro favor, a petición de
nuestras oraciones.
Lucas 9:30-31
(Durante la
transfiguración) “Y he aquí dos varones que hablaban con él,
los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de
gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en
Jerusalén.” Moisés y Elías, aunque ya no estaban físicamente
vivos en la tierra, estaban envueltos e interesados ante el
proceso por el cual Jesús salvaría a la humanidad.
Jn 11:25-26 “Le
dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí,
aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí,
no morirá eternamente. ¿Crees esto?” Todos coincidirán de
que Jesús ha derrotado a la muerte y que por sus méritos,
también hemos (tiempo presente) alcanzado la victoria. Debemos
contestar a esta pregunta que hace Jesús un seguro sí, y que si
la muerte ya no existe, estamos vivos en la tierra o en el
cielo.
Efesios 3:14-18
“Por
esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor
Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en
la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria,
el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su
Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros
corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis
plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea
la anchura, la longitud, la profundidad y la altura” Por el
amor de Dios, los creyentes en Jesucristo están unidos tanto en
el cielo como en la tierra. Por lo tanto “toda familia”,
angelical y humana, debe su origen y existencia a Dios Padre,
esto significa que Dios es el Padre común de los hombres y de
los ángeles, creados todos por Él, para constituir su familia en
los cielos (Ef 2:19 “Así que ya no sois extranjeros ni
advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la
familia de Dios”).
Hebreos 12:1
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro
tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del
pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que
tenemos por delante” ¿Quiénes son estos testigos que
tenemos? A los que inmediatamente se refería Pablo los
encontramos en Hebreos 11:4-5,7-9,11,20-21,23,31-32 sin
menospreciar a todos los demás justos que llegaron a la
presencia del Señor.
Hebreos 12:22-24
“sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad
del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos
millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que
están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los
espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador
del nuevo pacto...” La Iglesia existe tanto en la tierra
como en el cielo, unidos por medio del amor de Cristo. Las
expresiones monte de Sión, ciudad de Dios vivo, Jerusalén la
celestial, etc., significan lo mismo: la nueva obra
glorificada, plasmada en la Iglesia (cf. Ga 4:26). Estos
“primogénitos” constituirían a los cristianos en general que han
llegado al cielo y que recibieron la dignidad y los derechos
igual a los primogénitos de las familias de los patriarcas (cf.
Hbr 9:15; 11:40; 12:16-17). Tampoco extrañaría el término de
Jerusalén “celestial” ya que se refiere a la Iglesia, lugar del
nuevo culto tanto en la tierra como en el cielo a la vez.
Santiago 5:16
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros,
para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”
La intercesión de los santos, que han vuelto perfectamente
justos, es de gran valor para los que deseen su ayuda para la
oración.
Hechos 9:33-35 “Y
halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que
estaba en cama, pues era paralítico. Y le dijo Pedro: Eneas,
Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se
levantó. Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón,
los cuales se convirtieron al Señor.” Es Jesucristo el que
realiza el milagro por medio de sus intercesores, nadie puede
realizarlos si no es en Jesucristo.
2 Mac 15:11-16
“Armó a cada uno
de ellos, no tanto con la seguridad de los escudos y las lanzas,
como con la confianza de sus buenas palabras. Les refirió además
un sueño digno de crédito, una especie de visión, que alegró a
todos. Su visión fue tal como sigue: Onías, que había sido sumo
sacerdote, hombre bueno y bondadoso, afable, de suaves maneras,
distinguido en su conversación, preocupado desde la niñez por la
práctica de la virtud, suplicaba con las manos tendidas por toda
la comunidad de los judíos. Luego se apareció también un hombre
que se distinguía por sus blancos cabellos y su dignidad,
rodeado de admirable y majestuosa soberanía. Onías había dicho:
«Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su
pueblo y por la ciudad santa, Jeremías, el profeta de Dios.
Jeremías, tendiendo su diestra, había entregado a Judas una
espada de oro, y al dársela había pronunciado estas palabras:
«Recibe, como regalo de parte de Dios, esta espada sagrada, con
la que destrozarás a los enemigos.»” Compáralo con Jer 15:1
“Y me dijo Yahveh: Aunque se me pongan Moisés y Samuel por
delante, no estará mi alma por este pueblo. Echales de mi
presencia y que salgan.”
Cuando pedimos la
intercesión de algún santo, damos gloria a Dios Padre. Un padre
no va a regañar a su hijo menor por pedirle al hijo mayor que
interceda por él para pedirle algo al padre. No lo reprendería
diciéndole ¿por qué no viniste directamente a mí? No, el padre
estaría contento de que sus hijos se ayudan. Igual cuando Jairo
pidió por su hija no le reprendió para que ella fuera la que
hiciera la petición. Al honrar a los santos, estamos honrando a
muchos seres queridos que ya están en la gloria con Dios.
La iglesia primitiva
En el Martirio de
San Policarpo (escrito hacia 156 d.C.) se dice: “Porque a
Cristo le adoramos como a Hijo de Dios que es; mas a los
mártires les tributamos con toda justicia el homenaje de nuestro
afecto como a discípulos e imitadores del Señor, por el amor
insuperable que mostraron a su Rey y Maestro. ¡Y pluguiera a
Dios que también nosotros llegáramos a participar de su suerte y
ser condiscípulos suyos!” XVII, 3.
San Cipriano nos dice:
“Cuando muramos entraremos a través de la muerte en la
inmortalidad, y no puede seguir la vida eterna si antes no se
nos ha concedido partir de aquí abajo. Esto no es ninguna
desaparición para siempre, sino sólo un paso y un tránsito hacia
la eternidad después de haber transcurrido la vida temporal.
¿Quién no se apresurará hacia lo mejor? y ¿quién no deseará ser
transformado y transfigurado lo antes posible a imagen de Cristo
y de la gloria de la gracia celestial,, como dice el Apóstol
Pablo? Que tendremos esas propiedades lo promete con Él y
podamos alegrarnos con Él en la morada eterna y en el reino
celestial. Quien quiera llegar a la sede de Cristo, a la gloria
del reino celestial no puede entristecerse y lamentarse, sino
que tiene que manifestar sólo alegría en razón de la promesa del
Señor y en razón de su fe en la verdad de este su viaje y
traslación” Sobre la inmortalidad, núm. 22.
Cipriano de Cartago,
Carta a Su Gente 39:34:3. J572
Cirilo de Jerusalén,
Catequesis 23:5:9. J852
Lo que dice
oficialmente la Iglesia Católica
Del “Directorio
sobre la Piedad Popular y la Liturgia”:
Capítulo VI
LA VENERACIÓN A LOS
SANTOS Y BEATOS
Algunos principios
208. Con sus raíces
en la Sagrada Escritura (cfr. Hech 7,54-60; Ap 6,9-11; 7,9-17) y
atestiguado con certeza desde la primera mitad del siglo II, el
culto de los Santos, en especial de los mártires, es un hecho
eclesial antiquísimo. La Iglesia, tanto en Oriente como en
Occidente, siempre ha venerado a los Santos...
209. La Constitución Sacrosanctum Concilium, en el capítulo
dedicado al Año litúrgico, explica claramente el hecho eclesial
y el significado de la veneración de los Santos y Beatos: "la
Iglesia introdujo en el círculo anual el recuerdo de los
Mártires y de los demás Santos, que llegados a la perfección por
la multiforme gracia de Dios y habiendo ya alcanzado la
salvación eterna, cantan la perfecta alabanza a Dios en el cielo
e interceden por nosotros. Porque al celebrar el tránsito de los
santos de este mundo al cielo, la Iglesia proclama el misterio
pascual cumplido en ellos, que sufrieron y fueron glorificados
con Cristo, propone a los fieles sus ejemplos, los cuales atraen
a todos por Cristo al Padre y por los méritos de los mismos
implora los beneficios divinos".
210. Una comprensión adecuada de la doctrina de la Iglesia sobre
los Santos sólo es posible dentro del ámbito más amplio de los
artículos de la fe relacionados con dicha doctrina:
- La "Iglesia, una, santa, católica y apostólica", santa por la
presencia en ella de "Jesucristo, el cual, con el Padre y el
Espíritu Santo es proclamado el solo santo"; por la actuación
incesante del Espíritu de santidad; porque está dotada de medios
de santificación. La Iglesia, pues, aunque comprende en sí a
pecadores, está "ya en la tierra adornada de una verdadera, si
bien imperfecta, santidad"; es el "pueblo santo de Dios", cuyos
miembros, según el testimonio de las Escrituras son llamados
"santos" (cfr. Hech 9.13; 1 Cor 6,1; 16,1)
- La "comunión de los santos", por la que la Iglesia del cielo,
la que tiende a la purificación final "en el estado llamado
Purgatorio" y la que peregrina sobre la tierra, están en
comunión "en la misma caridad de Dios y del prójimo"; de hecho,
todos los que son de Cristo, al tener su Espíritu, forman una
sola Iglesia y están unidos en Él.
- La doctrina de la única mediación de Cristo (cfr. 1 Tim 2,5),
que no excluye otras mediaciones subordinadas, las cuales se
realizan y ejercen dentro de la absoluta mediación de Cristo.
211. La doctrina de la Iglesia y su Liturgia proponen a los
Santos y Beatos, que contemplan ya "claramente a Dios uno y
trino" como:
- Testigos históricos de la vocación universal a la santidad;
ellos, fruto eminente de la redención de Cristo, son prueba y
testimonio de que Dios, en todos los tiempos y de todos los
pueblos, en las más variadas condiciones socio-culturales y en
los diversos estados de vida, llama a sus hijos a alcanzar la
plenitud de la madurez en Cristo (cfr. Ef 4,13; Col 1,28);
- Discípulos insignes del Señor y, por tanto, modelos de vida
evangélica; en los procesos de canonización la Iglesia reconoce
la heroicidad de sus virtudes y consiguientemente los propone
como modelos a imitar;
- Ciudadanos de la Jerusalén del cielo, que cantan sin cesar la
gloria y la misericordia de Dios; en ellos ya se ha cumplido el
paso pascual de este mundo al Padre;
- Intercesores y amigos de los fieles todavía peregrinos en la
tierra, porque los Santos, aunque participan de la
bienaventuranza de Dios, conocen los afanes de sus hermanos y
hermanas y acompañan su camino con la oración y protección;
- Patronos de Iglesias locales, de las cuales con frecuencia
fueron fundadores (san Eusebio de Vercelli) o Pastores ilustres
(san Ambrosio de Milán); de naciones: apóstoles de su conversión
a la fe cristiana (santo Tomás y san Bartolomé para la India), o
expresión de su identidad nacional (san Patricio para Irlanda);
de agrupaciones profesionales (san Omobono para los sastres); en
circunstancias especiales – en el momento del parto (santa Ana,
san Ramón Nonato), de la muerte (san José) – y para obtener
gracias específicas (santa Lucía para la conservación de la
vista), etc.
Todo esto la Iglesia lo confiesa cuando, con agradecimiento a
Dios Padre, proclama: "Nos ofreces el ejemplo de su vida, la
ayuda de su intercesión y la participación en su destino".
212. Finalmente, es preciso recordar que el objetivo último de
la veneración a los Santos es la gloria de Dios y la
santificación del hombre, mediante una vida plenamente conforme
a la voluntad divina y la imitación de las virtudes de aquellos
que fueron discípulos eminentes del Señor.
Por esto, en la catequesis y en otros momentos de transmisión de
la doctrina se debe enseñar a los fieles que: nuestra relación
con los Santos hay que entenderla a la luz de la fe, no debe
oscurecer: "el culto latréutico, dado a Dios Padre mediante
Cristo en el Espíritu, sino que lo intensifica"; "el auténtico
culto a los santos no consiste tanto en la multiplicidad de los
actos exteriores cuanto en la intensidad de un amor práctico",
que se traduce en un compromiso de vida cristiana.
El culto tributado a
Santos y Beatos
226. El influjo recíproco entre Liturgia y piedad popular
resulta particularmente intenso en las manifestaciones de culto
tributadas a los Santos y a los Beatos. Por lo tanto, parece
oportuno recordar, de manera sintética, las principales formas
de veneración que la Iglesia rinde a los Santos en la Liturgia:
estas deben iluminar y guiar la piedad popular.
La celebración de los
Santos
227. La celebración de una fiesta en honor de un Santo – a los
Beatos se les aplica, servatis servandis, lo que se dice de los
Santos - es sin duda una expresión eminente del culto que les
tributa la comunidad eclesial: conlleva, en muchos casos, la
celebración de la Eucaristía. La fijación del "día de la fiesta"
es un hecho cultual relevante, a veces complejo, porque
concurren factores históricos, litúrgicos y culturales, no
siempre fáciles de armonizar.
En la Iglesia de Roma, y en otras Iglesias locales, las
celebraciones de las memorias de los mártires en el aniversario
del día de su pasión, esto es, de su máxima asimilación a Cristo
y de su nacimiento para el cielo, más tarde también la
celebración del conditor Ecclesiae, de los Obispos que la habían
regido y de otros insignes confesores de la fe, así como el
aniversario de la dedicación de la iglesia catedral, dieron
lugar a la formación paulatina de calendarios locales, donde se
registraban el lugar y la fecha de la muerte de cada uno de los
Santos o bien de grupos de ellos.
De los calendarios particulares surgieron pronto los
martirologios generales, como el Martirologio siríaco (siglo V),
el Martyrologium Hieronymianum (siglo VI), el de San Beda (siglo
VIII), de Lyon (siglo IX), de Usuardo (siglo IX), de Adón (siglo
IX).
228. La historia del Calendario Romano, que indica el día y el
grado de las celebraciones en honor de los Santos está
estrechamente vinculada con la historia del Martirologio.
Actualmente el Calendario Romano General solamente contiene,
conforme a la norma indicada por el Concilio Vaticano II, las
memorias de "Santos de importancia realmente universal", dejando
a los calendarios particulares, sean nacionales, regionales,
diocesanos, de familias religiosas, la indicación de las
memorias de otros Santos.
Es conveniente recordar la razón de la reducción del número de
las celebraciones de los Santos y tenerla presente oportunamente
en la praxis pastoral: se han reducido para que "las fiestas de
los santos no prevalezcan sobre los misterios de la salvación".
A lo largo de los siglos, "por el aumento de las vigilias, de
las fiestas religiosas, de sus celebraciones durante octavas y
de las diversas inserciones dentro del Año litúrgico, los fieles
han puesto en práctica, algunas veces, peculiares ejercicios de
piedad de tal modo que sus mentes se han visto apartadas en
cierta manera de los principales misterios de la divina
Redención".
229. Desde la reflexión sobre los hechos que han determinado el
origen, desarrollo y las diversas revisiones del Calendario
Romano General, se siguen algunas indicaciones de indudable
utilidad pastoral:
- Es necesario instruir a los fieles sobre la relación entre las
fiestas de los Santos y la celebración del misterio de Cristo.
Las fiestas de los Santos, reconducidas a su razón de ser más
profunda, iluminan realizaciones concretas del designio
salvífico de Dios y "proclaman las maravillas de Cristo en sus
servidores"; las fiestas de los miembros, los Santos, son en
definitiva fiestas de la Cabeza, Cristo;
- Es conveniente que los fieles se acostumbren a discernir el
valor y el significado de las fiestas de los Santos y Santas que
han tenido una misión especial en la historia de la salvación y
una relación peculiar con el Señor Jesús...
El día de la fiesta
230. El día de la fiesta del Santo tiene una gran importancia,
tanto desde el punto de vista de la Liturgia como de la piedad
popular. En un breve e idéntico espacio de tiempo, concurren
numerosas expresiones culturales, tanto litúrgicas como
populares...
231. Es necesario que la fiesta del Santo se prepare y se
celebre con atención y cuidado, desde el punto de vista
litúrgico y pastoral.
Esto conlleva, ante todo, una presentación correcta de la
finalidad pastoral del culto a los Santos, es decir, la
glorificación de Dios, "admirable en sus Santos", y el
compromiso de llevar una vida conforme a la enseñanza y ejemplo
de Cristo, de cuyo cuerpo místico los Santos son miembros
eminentes.
233. Sin embargo, no son pocos los elementos que amenazan la
autenticidad de la "fiesta del Santo" tanto desde el punto de
vista religioso como antropológico.
Desde el punto de vista religioso, la "fiesta del Santo" o
"fiesta patronal" de una parroquia, donde se ha vaciado del
contenido específicamente cristiano que tenía en su origen - el
honor dado a Cristo en uno de sus miembros - se convierte en una
manifestación meramente social o folklórica y, en el mejor de
los casos, en una ocasión propicia de encuentro y diálogo entre
los miembros de una misma comunidad.
Desde un punto de vista antropológico hay que notar que no raras
veces sucede que individuos o grupos, creyendo que "hacen
fiesta", en realidad, por los comportamientos que adoptan se
alejan de su auténtico significado. La fiesta, ante todo, es la
participación del hombre en el dominio de Dios sobre la creación
y sobre su activo "reposo", no ocio estéril; es manifestación de
una alegría sencilla y comunicativa, no sed desmesurada de
placer egoísta; es expresión de verdadera libertad, no búsqueda
de formas de diversión ambiguas, que dan lugar a nuevas y
sutiles formas de esclavitud. Se puede afirmar con seguridad: la
trasgresión de la norma ética no solo contradice la ley del
Señor, sino que daña la base antropológica de la fiesta.
El culto de Adoracion o Latría está reservado única y
exclusivamente a Dios, es decir, rendimos Latría a Dios Padre, a
Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, esto incluye el culto de
Latría a la hostia consagrada, porque es el mismo Cristo, bajo
las especies de Pan y Vino en la Sagrada Eucaristía.
Dicha Adoración, conceptualmente incluye:
1.– Reconocer a Dios como único Dios
2.– Reconocer a Dios como único Salvador
3.– Reconocer a Dios como único Redentor, en la persona de
Cristo
4.– Reconocer a Dios como único Infinito
5.– Reconocer a Dios como único Perfecto
6.– Reconocer a Dios como Camino, Verdad y Vida
7.– Reconocer a Dios como único Omnisciente
8.– Reconocer a Dios como lo más grande que ha sido, que es y
que será
9.– Reconocer a Dios como único Omnipresente
10.– Reconocer a Dios como La fuente de Amor, Paz y Bondad
11.– Reconocer a Dios como el único a quien debemos amor por
encima de todas las cosas
12.– Reconocer a Dios como el único que merece una sumisión
absoluta y total de Pensamiento, Palabra y Obra
13.– Reconocer que todo poder existente, tiene su origen en
Dios, y que sin Él no hay nada
El culto de Veneracion o latría, la respuesta es: Es el culto de
Adoración debido única y exclusivamente al Dios Trinitario en
quien creemos.
La Veneracion o Dulía está reservado a los ángeles y a los
santos, es decir, rendimos culto de Dulía a los ángeles,
arcángeles, querubines, serafines, etc., a los santos
canonizados por la Iglesia, entre ellos los Apóstoles, Papas,
Reyes, a los beatos, beatificados oficialmente por la Iglesia, y
si bien existe un culto de Dulía privado (a personas que
conocimos y que nos fueron muy queridas), el culto oficial es el
público, a todos los que la Iglesia reconoce formalmente como
santos y beatos, en ambos géneros.
Dicha Veneración conceptualmente incluye:
1.– Respeto profundo
2.– Considerar al santo como una persona de grandes cualidades
humanas
3.– Considerar al santo como buen seguidor y amigo de Dios
4.– Amarlos, (obviamente sin confrontar el primer mandamiento)
5.– Pedirles intercedan ante Dios por nosotros
6.– Creer en la buena disposición de los santos hacia nosotros
7.– Deseo de seguir el ejemplo del santo, imitar sus cualidades
y procurar hacernos santos como él/ella
8.– Festejar en el dia de su muerte el dia en que este
hermano/a entro a la Fiesta eterna del Cordero y recibio su
Corona de Gloria, celebrar la Accion de Gracias a Dios por el
don de este hermano/a (Eucaristía) como expresión de honor y
honra hacia ellos por ser héroes de la fe
9.– Saludar las imágenes de los santos, como signo de devoción y
para vivificar la comunión de los santos y santificar al Dios
que los hizo vivir en El
A la respuesta de qué es el culto de Dulía, respondemos: Es el
culto de Veneración debido a los ángeles y a los santos, héroes
y paladines de la fe cristiana.
Conclusión
La Iglesia Católica nunca ha exigido la veneración a los Santos.
La intercesión de los santos es real y realmente fuerte ya que
ellos viven la gloria de estar con Jesucristo en el Cielo, y
seguimos a Pablo cuando dice: “Exhorto ante todo, a que se
hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias,
por todos los hombres” 1 Tim 2:1.
Los católicos honran y
veneran a los santos, pero no los adoran. Tener esculturas e
imágenes en su honor no es más idolatría que tener fotografías
de nuestros seres queridos. Rezarles y pedir su ayuda no es más
idolatría que la práctica de una viuda o un viudo que hablan en
voz alta con su cónyuge fallecido al pie de su tumba. Esa “tal
nube de testigos” son ejemplos de inspiración para nuestras
vidas y seguir en nuestra lucha por conseguir la santidad: “...imitadores
de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.”
Hbr 6:12.
AMEN
Intercesión de los
Santos
El principal
problema sobre este tema radica en comprender la mediación de
los santos entre Dios y los hombres. El pasaje que provoca más
discordia es 1 Tim 2:5 que muchos han mal interpretado. El
versículo dice así: “Porque hay un solo Dios, y un solo
mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. Al
simplemente leerlo cualquiera diría que tienen razón y que no
cabe duda alguna de que Jesús es el único mediador entre Dios y
los hombres. La Biblia no se equivoca y sabemos que Dios mismo
inspiró a Pablo a decir eso, así que es verdad, pero Pablo dijo
“Jesucristo hombre” (ya Pablo sabía que Jesús también era Dios,
por eso aclaró que era Jesucristo como hombre al que se refiere
en este versículo), porque fue como hombre que pudo realizar esa
mediación, y realizar su Nueva Alianza, ya que ni Adán, ni Noé,
ni Abraham, ni Moisés, ni David pudieron sostenerla, siempre que
Dios hacía una nueva alianza para restaurar su vínculo con los
hombres, estos decidían pecar y romperla. Dios se mantuvo
constantemente fiel, pero no así ni Adán, ni Noé, ni Abraham, ni
Moisés, ni David; tuvo que ser Jesucristo hombre, porque se
requería que fuera un hombre tan sin pecado y tan constantemente
como Dios mismo.
1 Timoteo
2:5
El término
“mediador”, aparte de este versículo, se aplica también
a Jesucristo en Heb 8:6 “Pero ahora tanto mejor
ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor
pacto, establecido sobre mejores promesas.”; 9:15 “Así
que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que
interviniendo muerte para la remisión de las
transgresiones que había bajo el primer pacto, los
llamados reciban la promesa de la herencia eterna.”
y 12:24 “a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la
sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”, o
sea es un término que sobre todo está junto a “alianza”
o “pacto”: Jesucristo es el mediador del Nuevo Pacto, de
la Nueva Alianza.
Podemos
observar cómo se le designa al que interviene en las
alianzas como “mediador”, y lo vemos en el siguiente
ejemplo de Moisés: “Entonces, ¿para qué sirve la ley?
Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que
viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue
ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.”
Ga 3:19
Jesús es
muchísimo mejor mediador que los anteriores, así que Él
es nuestro nuevo Adán ( “No obstante, reinó la muerte
desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la
manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del
que había de venir.” Romanos 5:14), nuestro nuevo
Noé ( “Como fue en los días de Noé, así también será
en los días del Hijo del Hombre.” Lc 17:26), nuestro
nuevo Moisés ( “...Cristo Jesús; el cual es fiel al
que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la
casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es
estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la
casa el que la hizo. [...] Y Moisés a la verdad fue fiel
en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de
lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su
casa...” Hbr 3:1-6 y “Pues la ley por medio de
Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por
medio de Jesucristo.” Juan 1:17), y es nuestro nuevo
David (Hch 2:25-35).
Recalcamos
de nuevo que Pablo al hablar de Cristo Jesús utiliza la
palabra “hombre”. Cabe señalar primero que los católicos
y la mayoría de los no-católicos coincidimos sobre este
texto en que Pablo reafirma que Jesús es verdadero
hombre y no solamente un mediador. Jesucristo ejerce ese
poder de “mediador” esencialmente como hombre, pues es
como hombre que va a la muerte y paga a Dios el precio
de nuestra redención, pero en su condicion divina
tambien Jesus es Sumo Sacerdote Eterno que ejerce la
Mediación de la Alianza que El procura, es por eso que
es Mediador por excelencia y superior a todo mediador,
testador o Sumo Sacerdote anterior, es por eso que es
importante deslindar dos terminos precisos, el de
Mediador y el de Intercesor…tanto la Mediación como la
Intercesión de Jesus tiene que ver con la Alianza y no
con portador de oraciones o peticiones personales, pero
sigamos con el tema: Está claro que únicamente porque
también era Dios pudo dar a su muerte un valor infinito,
y, por consiguiente, es en su condición de hombre-Dios
como le corresponde el título de “mediador” único. El
pecado es un problema humano que debía resolverse a
favor de la humanidad solamente mediante un ser humano.
Es como hombre que Jesucristo tiene la capacidad de ser
el mediador para el hombre; porque el pecado vino de la
desobediencia del ser humano así que el único que puede
redimirlo deberá ser humano.
Esto lo
confirmamos en el siguiente versículo: v.6 “el cual
se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se
dio testimonio a su debido tiempo”. Dio su vida,
como mediador, para expiar a todos los hombres
(humanidad), que había caído en la muerte. “Porque el
Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para
servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”
Mc 10:45.
El que San
Pablo nos diga que hay “un solo mediador”, que es
Jesucristo, no quita la mediación de los santos y
ángeles, y especialmente la de la Virgen María, ya que
esa mediación de los santos involucra la mediación de
Jesucristo.
En Él se unen
el cielo y la tierra. En Él se funde Dios con el hombre. |
Esta es la mediación
de Jesucristo, la mediación de la redención y salvación. Ni tan
siquiera los ángeles podían reconciliarnos con el Padre. Por
este motivo Pablo dice que Cristo era el único que podría
sacrificarse por nuestros pecados.
Jesús es el único
cuya intercesión delante del Padre puede salvarnos. La Virgen
María, los santos en el cielo, los ángeles, interceden por los
hombres en virtud a su unión con Jesús por la que son parte de
su Cuerpo Místico. Debido a que en el cielo ellos están más
estrechamente unidos con Jesús, afirman a toda la Iglesia en la
santidad... no dejan de interceder por nosotros ante Dios.
Así que este pasaje
no tiene nada que ver con la intercesión comunitaria entre
nosotros y los santos. Una cosa es la mediación de la Nueva
Alianza y otra el orar mutuamente o con los que están ya en la
presencia del Señor.
El concepto
El término "mediación"
puede entenderse de dos formas:
1.
Explico la primera con un ejemplo: Un niño lanza una
piedra y rompe el vidrio de una casa; el niño no cuenta con los
medios para pagar el vidrio, por lo que el papá tiene que
pagarle al dueño de la casa por el daño que el niño hizo.
Jesucristo pagó por nuestros pecados, dando su vida y
salvándonos. Nadie puede pagar o hacer lo que hizo Jesús en la
cruz; porque como se dijo antes se requería que fuera un hombre
tan sin pecado y tan constantemente como Dios mismo.
2.
La otra mediación se da cuando alguien actúa como medio
entre la persona que necesita ayuda y la que puede darla.
Ejemplo: Una pareja de novios va por la calle; se le acerca un
niño muy pobre a la novia y le dice: - ¿Puede regalarme algo de
comer?, no he comido -. A la novia se le conmueve el corazón y
le dice a su novio: - Amor, cómprale algo de comer y dáselo -.
El novio por amor a su novia toma su petición y la cumple.
Para entender mejor
el concepto de mediación, referimos el término al siguiente
texto:
"El que Cristo sea el único mediador no significa que haya
terminado el papel de los hombres en la historia de la
salvación. La mediación de Jesús reviste acá abajo signos
sensibles: son los hombres, a los que Jesús confía una función
para con su Iglesia; incluso en la vida eterna asocia
Jesucristo, en cierta manera, a su mediación los miembros de su
cuerpo que han entrado en la gloria. (...) Los que desempeñan no
son, propiamente hablando, intermediarios humanos con una misión
idéntica a la que tuvieron los mediadores del AT; no añaden una
nueva mediación a la del único mediador: no son sino los medios
concretos utilizados por éste para llegar a los hombres."
(Leon-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica)
Entonces la función
mediadora de Jesucristo en el Nuevo Testamento se le atribuye al
hombre Jesús, específicamente a su ofrecimiento por los hombres.
Esta función la ha recibido de Dios, de su Padre: 2 Co 5:18-21 “Y
todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo
mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la
reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo
al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y
nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que,
somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por
medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos
con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado,
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
Ejerce luego esta función de trascendencia universal porque en
su humanidad es el Hijo mismo de Dios, que cumplió la Ley y hace
a los hombres capaces de cumplirla (cf. Rom 8:3).
Jesús es nuestro
Salvador y "nadie más que él puede salvarnos" (Hechos 4:12). Sin
embargo, Jesús ha elegido actuar a través de Su Iglesia y no hay
motivos para creer que los cristianos no puedan ya auxiliar y
orar por sus hermanos y hermanas en la tierra una vez que ellos
estén en el Cielo. Más bien, a causa del amor perfecto que
existe en el Cielo, los santos presumiblemente tendrán mejor
disposición y tendrán más capacidad de interceder por otros que
cuando estaban en la tierra. Al venerar a los santos, alabamos a
Dios que los creó; debemos pedir sus oraciones, como pedimos a
nuestros hermanos cristianos en la tierra que oren por nosotros.
¿Los santos nos
escuchan?
En términos físicos,
el cielo no es un "lugar" que ocupa un espacio; el cielo
trasciende esta definición. Se intuye entonces que, si el cielo
no ocupa un espacio, el cielo no tiene límites. El cielo es el
estado del alma en el que esta alma se encuentra eternamente
ante la presencia de Dios. Más sencillamente: quien está en el
cielo, está con y en Dios.
El
cielo:
En el
lenguaje sencillo el Cielo es el lugar en donde
mora Dios y en el cual Dios introduce a los que
se salvan; salva al alma sin el cuerpo después
de la muerte, y con el cuerpo resucitado después
de la Parusía (segunda venida de Cristo).
A
esta representación del cielo como la morada de
Dios, se adiciona la de un lugar al que también
los creyentes pueden, por gracia, ascender; como
muestran las historias de Enoc (cf. Gn 5:24) y
Elías (cf. 2 R 2:11). Así que, el cielo es una
figura de la vida en Dios; llegar al cielo es
llegar a Dios, vivir con Dios y participar de su
plenitud de vida. En ese sentido vemos que Jesús
habla de una "recompensa en los cielos" (Mt 5:12
“Gozaos
y alegraos, porque vuestro galardón es grande en
los cielos; porque así persiguieron a los
profetas que fueron antes de vosotros.”)
y pide que "amontonemos tesoros en el cielo" (Mt
6:20 “sino
haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla
ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan
ni hurtan.”;
cf. 19, 21).
En el ámbito de la Revelación sabemos que el "cielo"
no es algo abstracto, ni tampoco un lugar físico
en medio de las nubes, sino una relación
personal y activa con la Santísima Trinidad.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que:
“por su muerte y su resurrección, Jesucristo
nos ha "abierto" el cielo. La vida de los
bienaventurados consiste en la plena posesión de
los frutos de la redención realizada por Cristo,
que asocia a su glorificación celestial a
quienes han creído en él y han permanecido
fieles a su voluntad. El cielo es la comunidad
bienaventurada de todos los que están
perfectamente incorporados a él” (n. 1026).
Los
santos (o justos) han dejado atrás la angustia
de la muerte; y de ellos Juan nos dice: "Entonces
uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que
están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y
de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo
sabes. Y él me dijo: Estos son los que han
salido de la gran tribulación, y han lavado sus
ropas, y las han emblanquecido en la sangre del
Cordero. Por esto están delante del trono de
Dios, y le sirven día y noche en su templo;
y el que está sentado sobre el trono extenderá
su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre
ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni
calor alguno; porque el Cordero que está en
medio del trono los pastoreará, y los guiará a
fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda
lágrima de los ojos de ellos." Apoc 7:13-17.
Por lo
tanto cuando decimos que Dios está en el cielo
queremos decir que es distinto de la tierra, que
está elevado sobre esta. Cuando decimos “cielo”
estamos designando el modo de existir de Dios.
Por eso Mateo se refiere al Reino de Dios como
Reino de los Cielos.
Si Dios
es omnipresente, el cielo no es un determinado
lugar de la creación. El cielo está donde está
Dios y puede estar en todas partes.
La unión fraternal en el cielo:
El banquete que usa Jesús como símbolo
de la comunidad con Dios (Mt 22:2; Lc
22:29; Mt 8:11-12; Mt 5:6) es de
alegría, con amigos, es un banquete
nupcial. El banquete de bodas es una
fiesta magnífica en la vida del hombre
sencillo, ya que se da mucha comida (Mt
22:4) y vino hasta saciarse (Jn 2:1-11)
y se reúnen los invitados, vestidos de
túnica nueva (Mt. 22:11). Así es como
están los justos. |
El
mismo Jesús anuncia que el destino final del
hombre es un estar con Él. Les da consuelo a sus
discípulos diciéndoles que va a prepararles un
lugar para que donde Él esté, estén también los
suyos: “En la casa de mi Padre muchas moradas
hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho;
voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si
me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez,
y os tomaré a mí mismo, para que donde yo
estoy, vosotros también estéis.” Jn
14:2-3. Ahí están los santos con los apóstoles.
Vemos que la frase “«para que donde yo estoy,
vosotros también estéis»” la podemos
correlacionar con lo que también dijo en Jn
17:24: “«Padre, aquellos que me has dado,
quiero que donde yo estoy, también ellos estén
conmigo, para que vean mi gloria que me has
dado; porque me has amado desde antes de la
fundación del mundo.»” La meta final
consiste en la eterna comunión con Cristo, en
estar con Jesús junto a Dios. Es una promesa que
hizo Jesús, así que nunca podríamos dudar de
ella. Esteban lo sabía por eso dijo: “...Señor
Jesús, recibe mi espíritu” mientras lo
apedreaban (Hch 7:59).
Pablo
mismo nos dice: “Porque de ambas cosas estoy
puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y
estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;
pero quedar en la carne es más necesario por
causa de vosotros.” Flp 1:23-24, el enemigo
del hombre es la muerte pero es a la vez el
tránsito hacia esa plena comunión con Cristo; y
“Porque aunque fue crucificado en debilidad,
vive por el poder de Dios. Pues también nosotros
somos débiles en él, pero viviremos con él por
el poder de Dios para con vosotros” 2 Co
13:4.
El
cielo es una patria, nuestra futura patria: “Porque
los que esto dicen, claramente dan a entender
que buscan una patria; pues si hubiesen estado
pensando en aquella de donde salieron,
ciertamente tenían tiempo de volver. Pero
anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo
cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de
ellos; porque les ha preparado una ciudad”
Heb 11:14-16 y “Así que vivimos confiados
siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos
en el cuerpo, estamos ausentes del Señor... pero
confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del
cuerpo, y presentes al Señor.” 2 Co 5:6,8.
Ciudadanos del cielo: “Mas nuestra ciudadanía
está en los cielos, de donde también esperamos
al Salvador, al Señor Jesucristo” Filp 3:20
(cf. Ef 2:12-19 y Gal 4:26). |
El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice (956): “Por el
hecho que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo,
consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad... no
dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por
medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús,
los méritos que adquirieron en la tierra... Su solicitud
fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad.”
Únicamente Dios es
omnipresente, y jamás diremos lo contrario, pero eso no implica
que los santos que están en el cielo no nos escuchen, y lo
demostramos con las Sagradas Escrituras también: “Así os digo
que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que
se arrepiente.” Lc 15:10. ¡Los ángeles se dan cuenta de todo
lo que pasa aquí! ¿Son ellos omnipresentes? Por supuesto que no,
pero al estar en Dios, pueden darse cuenta por “la gracia” de lo
que pasa en nuestro mundo terrenal.
Dirán muchos que no quieren ver - Pero es que son ángeles, no
santos -. Pero: “Porque en la resurrección ni se casarán ni
se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en
el cielo.” Mt 22:30
¡Seremos como los ángeles en el Cielo! Así que, nos daremos
cuenta de lo que pase aquí también, y si a esto le añadimos: Y
si se nos dice en la Biblia que los ángeles están para ayudarnos
¿Por qué los santos no?
Apocalipsis nos
dice: “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las
almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de
Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz,
diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y
vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les
dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía
un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus
consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos
como ellos.” 6:9-11.
Dios nos creo a su
imagen y semejanza pero el ser semejante a Dios no es ser Dios,
pero sí supone el participar, de una u otra forma, de sus
atributos, como lo encontramos en la Biblia. Cuando Adán y Eva
tomaron del fruto prohibido dijo Dios: “Y dijo Jehová Dios:
He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el
bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome
también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.”
Gn 3:22. Vemos también que Dios sacó al hombre del paraíso para
que no tomara también del árbol de la vida, pero los que ya han
vencido y son santos, han probado de ese árbol: “...Al que
venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en
medio del paraíso de Dios.” Ap 2:7 Por lo que, la condición
de los santos en el cielo es mucho más perfecta que la de Adán,
de quien Dios (no Satanás) llegó a decir “es como uno de
nosotros”.
El ser partícipe de
la naturaleza divina no nos convierte en dioses por naturaleza
porque participar en ese algo no implica llegar al nivel del
estado de ese algo. El que participa de esa naturaleza divina,
participa también de sus atributos. Con esto afirmamos en
especial que los que ya están en la presencia de Dios pueden
participar de Su naturaleza, ya que ellos han sido purificados
de todo pecado porque nada impuro entra en la presencia de Dios.
Por eso podemos recudir a ellos y pedirles que oren por
nosotros. Su plena santidad y su participación de la naturaleza
divina está fuera de toda duda, ya que no están en "este cuerpo
de muerte" (Rom 7:24).
De las objeciones a
esta participación divina muchos nos muestran el siguiente
pasaje: “Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los
vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. Porque los
que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben,
ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.
También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca
más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.”
Eclesiastés 9:4-6. Aluden a que ya muertos no se enteran de
nada, pero anteriormente hemos demostrado que si nos escuchan, y
sobre este pasaje aclaramos que el autor sagrado está hablando
de sus cuerpos y no del alma, como él mismo lo aclara más
adelante: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu
juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de
los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento... y el polvo
vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo
dio.” Eclesiastés 12:1,7.
Eclesiastés 9:4-6
Mientras uno vive (tiempo terrenal), por más mal
que le vaya en la tierra, siempre queda una
esperanza de conseguir, mediante el arduo
trabajo, días mejores, más felices y más
prósperos. Pero como cristianos sabemos que
nuestras miserias es el bien más apetecible para
el hombre. Para entender el mensaje del autor
sagrado recordamos que el perro era un animal
impuro (1
Sam
17:43; 2 Sam 3:8; 9:8; 16:9; Mt 15:26; Ap 22:15),
objeto de desprecio para los orientales, y que
el león era símbolo de la fuerza, era el animal
más noble de todos los animales (Gen
49:9; Is 38:13; Lam 3:10; Os 13:7; Sant 10:6).
El sentido es que es preferible ser el último y
más indigno de los animales estando vivo, que el
mejor y más querido de todos ellos estando
muerto.
El
v.5 sigue bajo la misma línea, que puede
producir falsas interpretaciones si no se tiene
en cuenta todo el contexto de la frase. Los
vivos están concientes que han de morir,
es decir, viven todavía y pueden deleitarse de
los bienes y tranquilidad que Dios les otorga en
esta vida, tan añorada por más que esté llena de
miserias, mientras que los muertos ya nada
saben; para los sabios, el saber, el
conocer, es la más noble manifestación de la
vida; no tienen más paga, despojados como
están de toda actividad y trabajo que pudiera
merecer salario; más aún, al pasar del tiempo,
ni memoria queda de ellos entre los vivos, de
modo que ya no cuentan para nada, lo que
constituye para el autor sagrado gran desencanto
(1:11; 2:16). San Jerónimo nos hace reflexionar:
“Los vivientes, ante el temor de la muerte,
pueden realizar buenas obras; los muertos, en
cambio, nada pueden añadir a lo que se llevaron
al despedirse de la vida. Ya no hay para los
muertos tiempo en el que puedan merecer y
conseguir el premio”. El v.6 nos da la clave
para interpretar los versículos precedentes, hay
que recordar que los afectos y más fuertes
pasiones cesan en su actividad en el momento de
la muerte, que quebranta toda relación con este
mundo visible “debajo del sol”. |
“Yo soy el Dios
de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios
de muertos, sino de vivos.” Mt 22:32 y antes había dicho
Jesús: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no
pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma
y el cuerpo en el infierno.” Mt 10:28. El cuerpo fue creado
para el alma y no el alma para el cuerpo; la salvación es para
el alma.
Jesús nos presentó
la parábola de Lázaro y el hombre rico. El rico ya muerto dice:
“Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
porque tengo cinco hermanos” Lc 16:27-28 ¿Cómo es que el
rico recuerda que tiene hermanos y que tiene una casa si los
muertos no saben nada? Es una parábola, pero no por eso es falso
lo que se dice. Jesús no nos enseñaría algo que pudiera
confundirnos si no fuera verdad. Jesús recurre a parábolas para
predicar, no a fábulas, por lo que los sucesos están basados en
hechos reales.
Hemos de notar que
en el culto a los santos es ensalzado un hombre por amor a la
gloria de Dios de la que este hombre participa, que supera todo
honor humano y sólo es aprehensible por la fe.
Resumámoslo en una
analogía: Dios es como el mar, cada uno de nosotros somos como
gotas de lluvia que caen. Al caer en el mar ya no somos la gota
individual, sino que nos fundimos en Dios y ahora somos parte de
Él, por eso al pedir la intercesión de los santos, pedimos a
aquellos que ya son plenamente en Dios, con Dios y para Dios,
por eso pueden oírnos y por eso su intercesión tiene mucho
poder, porque lo hacen en el Nombre de Jesucristo.
“No
hay otro camino de oración cristiana que Cristo. Sea comunitaria
o individual, vocal o interior, nuestra oración no tiene acceso
al Padre más que si oramos "en el Nombre" de Jesús. La santa
humanidad de Jesús es, pues, el camino por el que el Espíritu
Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre.”
CIC No.2664.
¿Y los judíos qué
dicen?
El siguiente es un
comentario de un judío sobre la intercesión de los santos:
Intercesión,
es la participación y mediación para conseguir algo.
La conexión entre la
persona (de cualquier procedencia, sea judío o gentil) con Dios
es directa; sin intermediarios de ninguna especie. Lo único que
se precisa para comunicarse con Él es el deseo firme de hacerlo,
y la sinceridad y pureza de corazón. Tal como está escrito: "Cercano
está el Eterno a todos los que le invocan, a todos los que le
invocan de verdad." (Tehilim / Salmos 145:18).
Sin embargo, el
recurrir a tzadikim, personas de una conducta intachable,
para que ellos recen por uno, es una práctica antigua, tal como
testimonia nuestro libro consagrado: "y dijeron al profeta
Irmiá [Jeremías]: –Por favor, llegue nuestro ruego a tu
presencia, y ora por nosotros al Eterno tu Elokim, por todo este
remanente... para que el Eterno tu Elokim nos enseñe el camino
por donde debemos ir y lo que hemos de hacer." (Irmiá /
Jeremías 42:2-3).
¿No contradice esto
aquello de que uno reza directamente a Dios sin intermediarios?
¿Qué necesidad hay de pedir a un tzadik para que rece por
uno, si se cuenta con 24 horas de conexión directa con el
Eterno? La respuesta es sencilla. Se recurre a un tzadik
al menos por tres motivos:
1.
La persona justa está menos atada por el pecado y el
vicio de lo pasajero; por lo cual sabe conectarse con Dios de
una manera más veraz y firme, más "de verdad" según dijera el
salmo. La concentración de un tzadik a la hora del rezo,
suele ser inmensa, casi un vínculo imperturbable. Así que, es
muy probable que el rezo del tzadik tenga una fuerza que
la persona menos cultivada espiritualmente (aún) no ha
alcanzado. Es como si le pidiéramos a un hombre muy fornido que
levantara un peso que es excesivo para nosotros, pero ligero
para él. Este pedido no debe servirnos como excusa para
abandonarnos a la pereza y a confiar en un ser humano (en este
caso, el tzadik) en lugar de esforzarnos y confiar en
Dios. Sino como ocasión especial, en la cual excepcionalmente
precisamos ayuda. Es decir, como un método extraordinario.
2.
Para que la persona justa enseñe la manera correcta de
dirigirse al Eterno; ya que no toda palabra ni todo gesto que se
eleva a Dios son apropiados. El justo, por sus cualidades
personales y especialmente por sus estudios, es más conocedor de
lo que es pertinente y qué no lo es. Y es más apto para
reconocer qué vale la pena ser pedido en cierto momento, y qué
es accesorio.
3.
Para que el tzadik sirva de guía e inspiración
personal. El tzadik es un ser humano común y corriente,
solamente que ha alcanzado un alto grado de espiritualidad por
medio de la práctica de los preceptos y el esmerado estudio de
Torá. Por lo cual, cada persona que recurre al tzadik
debería hacerlo con el objetivo de aprender del maestro que
todos y cada uno de nosotros podemos superarnos, trascender
nuestras limitaciones, crecer en pos de la eternidad. Relea el
pedido que le hicieran al profeta (en lo que citamos un poco más
arriba) y descubrirá que este es el objetivo de pedir un rezo al
tzadik.
Por lo explicado, el
rezo a solicitud por parte del tzadik sirve para que los
que hicieron el ruego reconozcan que: "conforme a todo
aquello para lo cual el Eterno tu Elokim te envíe a nosotros,
así haremos." (Irmiá / Jeremías 42:5). Y así aprendan a
estar más próximos al Eterno, es decir, a ser mejores personas a
través del cumplimiento de los mandamientos.
En el caso de un
tzadik fallecido, la cuestión es semejante. Se le reza a
Dios, y sólo a Él. Pero, se tiene presente al tzadik, ya
que para los que así hacen, se espera que la memoria del difunto
maestro justo sirva como modelo y aliciente para el esfuerzo de
autosuperación y crecimiento a través de las sendas de la Torá.
Pues, si el maestro vivió una vida de dignidad y justicia, su
muerte también las posee; y sigue sirviendo como ejemplo para
sus continuadores.
Tomado de:
http://serjudio.com/rap1501_1550/rap1512.htm
Los judíos creían y
creen en la intercesión de los santos (tzadik); lo
podemos reafirmar con los siguientes pasajes: “Cerca de la
hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama
sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
desamparado? Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A
Elías llama éste. Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó
una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña,
le dio a beber. Pero los otros decían: Deja, veamos si viene
Elías a librarle.” Mt 27:46-49
Ellos pensaron que
Jesús le estaba pidiendo la intercesión a Elías para que lo
salvara de la cruz. No se dice de ningún judío que dijera a
Jesús: "¡Blasfemo, estás pidiendo la intercesión de alguien
muerto!!!
Más detalles al tema
Sabemos que Jesús es
Dios, y si Él es estrictamente el único mediador entre Dios y
los hombres, ¿para qué mediaría Jesús ante sí mismo?, eso no
sería una mediación.
No es lógico pensar
que aquellos que murieron en santidad (que tenían el Espíritu
Santo), después de muertos dejaron de tenerlo. Sus almas se
separaron de sus cuerpos, pero esto no afecta en nada al
Espíritu Santo.
“Por lo cual estoy
seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni
principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni
lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá
separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Rom 8:38-39
Los santos son ejemplos
de santidad y debemos seguir el consejo de Pablo: “Porque
para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Fil
1:21 y “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así
se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.” Fil
3:17.
De acuerdo a la Real
Academia, venerar es: Respetar en sumo grado a alguien por su
santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo por lo que
representa o recuerda. O sea, venerar es reconocer las cosas
que alguien ha hecho bien; es lo que Ornán hizo con el rey
David: “Y viniendo David a Ornán, miró Ornán, y vio a David;
y saliendo de la era, se postró en tierra ante David.” 1 Cr
21:21. La veneración es un acto de amor (interno) con el que
contemplamos la grandeza de esos defensores de la Fe, a quienes
llamamos santos. Los actos externos son las formas propias que
cada pueblo tiene para demostrar este amor interno.
Existen tres clases de
cultos sagrados:
1.
Latría (o adoración): Es exclusivo de Dios (Ex 20:3; Dt
6:13).
2.
Hiperdulía (o veneración especial): que se le rinde a la
Virgen María (Lc 1:28,42,48).
3.
Dulía (o veneración): que se le rinde a los santos
(97:11-12; Prov 10:7).
Algunos ejemplos de
veneración que aparecen en la Biblia son los que se le hacían a
los ángeles: son espíritus que desde un inicio se mantuvieron
fieles a Dios y siguen estándolo (Tob 5:4; Mt 1,20; Lc 1:26;
Hech 8:26; etc) por lo que merecen un honor especial. Veámoslo
en un ejemplo concreto: “Estando Josué cerca de Jericó, alzó
sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía
una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le
dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? El
respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he
venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en
tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?
Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el
calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y
Josué así lo hizo.” Josué 5:13-15; esto es venerar.
¿Cómo cooperamos
nosotros y los santos en esa mediación?
La Iglesia es una
familia, si los hermanos se ayudan unos a otros, ¿sería eso
ofender la autoridad del padre? Sabemos que todo viene de Dios,
aún la gracia necesaria para orar por otros.
En el Cuerpo Místico
todos estamos unidos a Cristo y con Su poder nos ayudamos
mutuamente.
Pablo nos enfatiza en
la unidad entre Cristo y el cristiano: “Con Cristo estoy
juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí;
y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de
Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Gálatas 2:20.
Cuando Pablo u otro
santo sana o hace milagros, solamente puede ser por la única
mediación de Cristo que vive en Él.
Cristo lo puede todo
por si solo pero ha deseado valerse de sus santos para continuar
su enseñanza y su obra. “El que a vosotros oye, a mí me oye;
y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me
desecha a mí, desecha al que me envió.” Lucas 10:16
¿Qué tal si Pablo
hubiese dicho: "Yo no oro por ustedes porque ya Jesús lo hace
por ustedes" o "yo no proclamo el Evangelio, porque Dios lo
puede hacerlo por Él mismo"?, pero Pablo dijo: “Exhorto ante
todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones
de gracias, por todos los hombres” en el mismo 2 Tim 2:1.
Jesús enseña que los
suyos son mediadores para que otros crean y sean uno:
“Mas no ruego
solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí
por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh
Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en
nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria
que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como
nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean
perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me
enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has
amado.” Juan 17:20-23.
Muchas veces decimos
“San Gerardo me hizo el milagro de...” pero es igual que en
nuestra vida cotidiana, a veces decimos “mi amigo me hizo el
favor de...” aunque en realidad “mi amigo me hizo el favor
gracias a Dios de...”; no se trata de otra mediación sino de la
única de Jesús que se manifiesta en los santos gracias a que son
uno con Él y forman un solo Cuerpo.
¿Qué más nos dicen
las Sagradas Escrituras?
1 Corintios
12:12-13,26-27
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros,
pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo
cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos
todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean
esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo
Espíritu. [...] De manera que si un miembro padece, todos
los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra,
todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el
cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” Por
nuestra unidad como miembros del Cuerpo de Cristo, tenemos el
deber de mostrar preocupación unos por otros, esto debe de
seguir aún cuando ya hayamos ingresado al cielo: “Porque en
parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo
perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era
niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño;
mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos
por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora
conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.”
1 Co 13:9-12
Lucas 20:37-38
"Pero en
cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó
en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de
Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios
de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven." Jesús
testifica que todos están vivos para Dios y quienes están vivos
en Su presencia pueden y deben mostrar amor por los demás. Los
santos lo hacen intercediendo en nuestro favor, a petición de
nuestras oraciones.
Lucas 9:30-31
(Durante la
transfiguración) “Y he aquí dos varones que hablaban con él,
los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de
gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en
Jerusalén.” Moisés y Elías, aunque ya no estaban físicamente
vivos en la tierra, estaban envueltos e interesados ante el
proceso por el cual Jesús salvaría a la humanidad.
Jn 11:25-26 “Le
dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí,
aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí,
no morirá eternamente. ¿Crees esto?” Todos coincidirán de
que Jesús ha derrotado a la muerte y que por sus méritos,
también hemos (tiempo presente) alcanzado la victoria. Debemos
contestar a esta pregunta que hace Jesús un seguro sí, y que si
la muerte ya no existe, estamos vivos en la tierra o en el
cielo.
Efesios 3:14-18
“Por
esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor
Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en
la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria,
el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su
Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros
corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis
plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea
la anchura, la longitud, la profundidad y la altura” Por el
amor de Dios, los creyentes en Jesucristo están unidos tanto en
el cielo como en la tierra. Por lo tanto “toda familia”,
angelical y humana, debe su origen y existencia a Dios Padre,
esto significa que Dios es el Padre común de los hombres y de
los ángeles, creados todos por Él, para constituir su familia en
los cielos (Ef 2:19 “Así que ya no sois extranjeros ni
advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la
familia de Dios”).
Hebreos 12:1
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro
tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del
pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que
tenemos por delante” ¿Quiénes son estos testigos que
tenemos? A los que inmediatamente se refería Pablo los
encontramos en Hebreos 11:4-5,7-9,11,20-21,23,31-32 sin
menospreciar a todos los demás justos que llegaron a la
presencia del Señor.
Hebreos 12:22-24
“sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad
del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos
millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que
están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los
espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador
del nuevo pacto...” La Iglesia existe tanto en la tierra
como en el cielo, unidos por medio del amor de Cristo. Las
expresiones monte de Sión, ciudad de Dios vivo, Jerusalén la
celestial, etc., significan lo mismo: la nueva obra
glorificada, plasmada en la Iglesia (cf. Ga 4:26). Estos
“primogénitos” constituirían a los cristianos en general que han
llegado al cielo y que recibieron la dignidad y los derechos
igual a los primogénitos de las familias de los patriarcas (cf.
Hbr 9:15; 11:40; 12:16-17). Tampoco extrañaría el término de
Jerusalén “celestial” ya que se refiere a la Iglesia, lugar del
nuevo culto tanto en la tierra como en el cielo a la vez.
Santiago 5:16
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros,
para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”
La intercesión de los santos, que han vuelto perfectamente
justos, es de gran valor para los que deseen su ayuda para la
oración.
Hechos 9:33-35 “Y
halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que
estaba en cama, pues era paralítico. Y le dijo Pedro: Eneas,
Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se
levantó. Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón,
los cuales se convirtieron al Señor.” Es Jesucristo el que
realiza el milagro por medio de sus intercesores, nadie puede
realizarlos si no es en Jesucristo.
2 Mac 15:11-16
“Armó a cada uno
de ellos, no tanto con la seguridad de los escudos y las lanzas,
como con la confianza de sus buenas palabras. Les refirió además
un sueño digno de crédito, una especie de visión, que alegró a
todos. Su visión fue tal como sigue: Onías, que había sido sumo
sacerdote, hombre bueno y bondadoso, afable, de suaves maneras,
distinguido en su conversación, preocupado desde la niñez por la
práctica de la virtud, suplicaba con las manos tendidas por toda
la comunidad de los judíos. Luego se apareció también un hombre
que se distinguía por sus blancos cabellos y su dignidad,
rodeado de admirable y majestuosa soberanía. Onías había dicho:
«Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su
pueblo y por la ciudad santa, Jeremías, el profeta de Dios.
Jeremías, tendiendo su diestra, había entregado a Judas una
espada de oro, y al dársela había pronunciado estas palabras:
«Recibe, como regalo de parte de Dios, esta espada sagrada, con
la que destrozarás a los enemigos.»” Compáralo con Jer 15:1
“Y me dijo Yahveh: Aunque se me pongan Moisés y Samuel por
delante, no estará mi alma por este pueblo. Echales de mi
presencia y que salgan.”
Cuando pedimos la
intercesión de algún santo, damos gloria a Dios Padre. Un padre
no va a regañar a su hijo menor por pedirle al hijo mayor que
interceda por él para pedirle algo al padre. No lo reprendería
diciéndole ¿por qué no viniste directamente a mí? No, el padre
estaría contento de que sus hijos se ayudan. Igual cuando Jairo
pidió por su hija no le reprendió para que ella fuera la que
hiciera la petición. Al honrar a los santos, estamos honrando a
muchos seres queridos que ya están en la gloria con Dios.
La iglesia primitiva
En el Martirio de
San Policarpo (escrito hacia 156 d.C.) se dice: “Porque a
Cristo le adoramos como a Hijo de Dios que es; mas a los
mártires les tributamos con toda justicia el homenaje de nuestro
afecto como a discípulos e imitadores del Señor, por el amor
insuperable que mostraron a su Rey y Maestro. ¡Y pluguiera a
Dios que también nosotros llegáramos a participar de su suerte y
ser condiscípulos suyos!” XVII, 3.
San Cipriano nos dice:
“Cuando muramos entraremos a través de la muerte en la
inmortalidad, y no puede seguir la vida eterna si antes no se
nos ha concedido partir de aquí abajo. Esto no es ninguna
desaparición para siempre, sino sólo un paso y un tránsito hacia
la eternidad después de haber transcurrido la vida temporal.
¿Quién no se apresurará hacia lo mejor? y ¿quién no deseará ser
transformado y transfigurado lo antes posible a imagen de Cristo
y de la gloria de la gracia celestial,, como dice el Apóstol
Pablo? Que tendremos esas propiedades lo promete con Él y
podamos alegrarnos con Él en la morada eterna y en el reino
celestial. Quien quiera llegar a la sede de Cristo, a la gloria
del reino celestial no puede entristecerse y lamentarse, sino
que tiene que manifestar sólo alegría en razón de la promesa del
Señor y en razón de su fe en la verdad de este su viaje y
traslación” Sobre la inmortalidad, núm. 22.
Cipriano de Cartago,
Carta a Su Gente 39:34:3. J572
Cirilo de Jerusalén,
Catequesis 23:5:9. J852
Lo que dice
oficialmente la Iglesia Católica
Del “Directorio
sobre la Piedad Popular y la Liturgia”:
Capítulo VI
LA VENERACIÓN A LOS
SANTOS Y BEATOS
Algunos principios
208. Con sus raíces
en la Sagrada Escritura (cfr. Hech 7,54-60; Ap 6,9-11; 7,9-17) y
atestiguado con certeza desde la primera mitad del siglo II, el
culto de los Santos, en especial de los mártires, es un hecho
eclesial antiquísimo. La Iglesia, tanto en Oriente como en
Occidente, siempre ha venerado a los Santos...
209. La Constitución Sacrosanctum Concilium, en el capítulo
dedicado al Año litúrgico, explica claramente el hecho eclesial
y el significado de la veneración de los Santos y Beatos: "la
Iglesia introdujo en el círculo anual el recuerdo de los
Mártires y de los demás Santos, que llegados a la perfección por
la multiforme gracia de Dios y habiendo ya alcanzado la
salvación eterna, cantan la perfecta alabanza a Dios en el cielo
e interceden por nosotros. Porque al celebrar el tránsito de los
santos de este mundo al cielo, la Iglesia proclama el misterio
pascual cumplido en ellos, que sufrieron y fueron glorificados
con Cristo, propone a los fieles sus ejemplos, los cuales atraen
a todos por Cristo al Padre y por los méritos de los mismos
implora los beneficios divinos".
210. Una comprensión adecuada de la doctrina de la Iglesia sobre
los Santos sólo es posible dentro del ámbito más amplio de los
artículos de la fe relacionados con dicha doctrina:
- La "Iglesia, una, santa, católica y apostólica", santa por la
presencia en ella de "Jesucristo, el cual, con el Padre y el
Espíritu Santo es proclamado el solo santo"; por la actuación
incesante del Espíritu de santidad; porque está dotada de medios
de santificación. La Iglesia, pues, aunque comprende en sí a
pecadores, está "ya en la tierra adornada de una verdadera, si
bien imperfecta, santidad"; es el "pueblo santo de Dios", cuyos
miembros, según el testimonio de las Escrituras son llamados
"santos" (cfr. Hech 9.13; 1 Cor 6,1; 16,1)
- La "comunión de los santos", por la que la Iglesia del cielo,
la que tiende a la purificación final "en el estado llamado
Purgatorio" y la que peregrina sobre la tierra, están en
comunión "en la misma caridad de Dios y del prójimo"; de hecho,
todos los que son de Cristo, al tener su Espíritu, forman una
sola Iglesia y están unidos en Él.
- La doctrina de la única mediación de Cristo (cfr. 1 Tim 2,5),
que no excluye otras mediaciones subordinadas, las cuales se
realizan y ejercen dentro de la absoluta mediación de Cristo.
211. La doctrina de la Iglesia y su Liturgia proponen a los
Santos y Beatos, que contemplan ya "claramente a Dios uno y
trino" como:
- Testigos históricos de la vocación universal a la santidad;
ellos, fruto eminente de la redención de Cristo, son prueba y
testimonio de que Dios, en todos los tiempos y de todos los
pueblos, en las más variadas condiciones socio-culturales y en
los diversos estados de vida, llama a sus hijos a alcanzar la
plenitud de la madurez en Cristo (cfr. Ef 4,13; Col 1,28);
- Discípulos insignes del Señor y, por tanto, modelos de vida
evangélica; en los procesos de canonización la Iglesia reconoce
la heroicidad de sus virtudes y consiguientemente los propone
como modelos a imitar;
- Ciudadanos de la Jerusalén del cielo, que cantan sin cesar la
gloria y la misericordia de Dios; en ellos ya se ha cumplido el
paso pascual de este mundo al Padre;
- Intercesores y amigos de los fieles todavía peregrinos en la
tierra, porque los Santos, aunque participan de la
bienaventuranza de Dios, conocen los afanes de sus hermanos y
hermanas y acompañan su camino con la oración y protección;
- Patronos de Iglesias locales, de las cuales con frecuencia
fueron fundadores (san Eusebio de Vercelli) o Pastores ilustres
(san Ambrosio de Milán); de naciones: apóstoles de su conversión
a la fe cristiana (santo Tomás y san Bartolomé para la India), o
expresión de su identidad nacional (san Patricio para Irlanda);
de agrupaciones profesionales (san Omobono para los sastres); en
circunstancias especiales – en el momento del parto (santa Ana,
san Ramón Nonato), de la muerte (san José) – y para obtener
gracias específicas (santa Lucía para la conservación de la
vista), etc.
Todo esto la Iglesia lo confiesa cuando, con agradecimiento a
Dios Padre, proclama: "Nos ofreces el ejemplo de su vida, la
ayuda de su intercesión y la participación en su destino".
212. Finalmente, es preciso recordar que el objetivo último de
la veneración a los Santos es la gloria de Dios y la
santificación del hombre, mediante una vida plenamente conforme
a la voluntad divina y la imitación de las virtudes de aquellos
que fueron discípulos eminentes del Señor.
Por esto, en la catequesis y en otros momentos de transmisión de
la doctrina se debe enseñar a los fieles que: nuestra relación
con los Santos hay que entenderla a la luz de la fe, no debe
oscurecer: "el culto latréutico, dado a Dios Padre mediante
Cristo en el Espíritu, sino que lo intensifica"; "el auténtico
culto a los santos no consiste tanto en la multiplicidad de los
actos exteriores cuanto en la intensidad de un amor práctico",
que se traduce en un compromiso de vida cristiana.
El culto tributado a
Santos y Beatos
226. El influjo recíproco entre Liturgia y piedad popular
resulta particularmente intenso en las manifestaciones de culto
tributadas a los Santos y a los Beatos. Por lo tanto, parece
oportuno recordar, de manera sintética, las principales formas
de veneración que la Iglesia rinde a los Santos en la Liturgia:
estas deben iluminar y guiar la piedad popular.
La celebración de
los Santos
227. La celebración de una fiesta en honor de un Santo – a los
Beatos se les aplica, servatis servandis, lo que se dice de los
Santos - es sin duda una expresión eminente del culto que les
tributa la comunidad eclesial: conlleva, en muchos casos, la
celebración de la Eucaristía. La fijación del "día de la fiesta"
es un hecho cultual relevante, a veces complejo, porque
concurren factores históricos, litúrgicos y culturales, no
siempre fáciles de armonizar.
En la Iglesia de Roma, y en otras Iglesias locales, las
celebraciones de las memorias de los mártires en el aniversario
del día de su pasión, esto es, de su máxima asimilación a Cristo
y de su nacimiento para el cielo, más tarde también la
celebración del conditor Ecclesiae, de los Obispos que la habían
regido y de otros insignes confesores de la fe, así como el
aniversario de la dedicación de la iglesia catedral, dieron
lugar a la formación paulatina de calendarios locales, donde se
registraban el lugar y la fecha de la muerte de cada uno de los
Santos o bien de grupos de ellos.
De los calendarios particulares surgieron pronto los
martirologios generales, como el Martirologio siríaco (siglo V),
el Martyrologium Hieronymianum (siglo VI), el de San Beda (siglo
VIII), de Lyon (siglo IX), de Usuardo (siglo IX), de Adón (siglo
IX).
228. La historia del Calendario Romano, que indica el día y el
grado de las celebraciones en honor de los Santos está
estrechamente vinculada con la historia del Martirologio.
Actualmente el Calendario Romano General solamente contiene,
conforme a la norma indicada por el Concilio Vaticano II, las
memorias de "Santos de importancia realmente universal", dejando
a los calendarios particulares, sean nacionales, regionales,
diocesanos, de familias religiosas, la indicación de las
memorias de otros Santos.
Es conveniente recordar la razón de la reducción del número de
las celebraciones de los Santos y tenerla presente oportunamente
en la praxis pastoral: se han reducido para que "las fiestas de
los santos no prevalezcan sobre los misterios de la salvación".
A lo largo de los siglos, "por el aumento de las vigilias, de
las fiestas religiosas, de sus celebraciones durante octavas y
de las diversas inserciones dentro del Año litúrgico, los fieles
han puesto en práctica, algunas veces, peculiares ejercicios de
piedad de tal modo que sus mentes se han visto apartadas en
cierta manera de los principales misterios de la divina
Redención".
229. Desde la reflexión sobre los hechos que han determinado el
origen, desarrollo y las diversas revisiones del Calendario
Romano General, se siguen algunas indicaciones de indudable
utilidad pastoral:
- Es necesario instruir a los fieles sobre la relación entre las
fiestas de los Santos y la celebración del misterio de Cristo.
Las fiestas de los Santos, reconducidas a su razón de ser más
profunda, iluminan realizaciones concretas del designio
salvífico de Dios y "proclaman las maravillas de Cristo en sus
servidores"; las fiestas de los miembros, los Santos, son en
definitiva fiestas de la Cabeza, Cristo;
- Es conveniente que los fieles se acostumbren a discernir el
valor y el significado de las fiestas de los Santos y Santas que
han tenido una misión especial en la historia de la salvación y
una relación peculiar con el Señor Jesús...
El día de la fiesta
230. El día de la fiesta del Santo tiene una gran importancia,
tanto desde el punto de vista de la Liturgia como de la piedad
popular. En un breve e idéntico espacio de tiempo, concurren
numerosas expresiones culturales, tanto litúrgicas como
populares...
231. Es necesario que la fiesta del Santo se prepare y se
celebre con atención y cuidado, desde el punto de vista
litúrgico y pastoral.
Esto conlleva, ante todo, una presentación correcta de la
finalidad pastoral del culto a los Santos, es decir, la
glorificación de Dios, "admirable en sus Santos", y el
compromiso de llevar una vida conforme a la enseñanza y ejemplo
de Cristo, de cuyo cuerpo místico los Santos son miembros
eminentes.
233. Sin embargo, no son pocos los elementos que amenazan la
autenticidad de la "fiesta del Santo" tanto desde el punto de
vista religioso como antropológico.
Desde el punto de vista religioso, la "fiesta del Santo" o
"fiesta patronal" de una parroquia, donde se ha vaciado del
contenido específicamente cristiano que tenía en su origen - el
honor dado a Cristo en uno de sus miembros - se convierte en una
manifestación meramente social o folklórica y, en el mejor de
los casos, en una ocasión propicia de encuentro y diálogo entre
los miembros de una misma comunidad.
Desde un punto de vista antropológico hay que notar que no raras
veces sucede que individuos o grupos, creyendo que "hacen
fiesta", en realidad, por los comportamientos que adoptan se
alejan de su auténtico significado. La fiesta, ante todo, es la
participación del hombre en el dominio de Dios sobre la creación
y sobre su activo "reposo", no ocio estéril; es manifestación de
una alegría sencilla y comunicativa, no sed desmesurada de
placer egoísta; es expresión de verdadera libertad, no búsqueda
de formas de diversión ambiguas, que dan lugar a nuevas y
sutiles formas de esclavitud. Se puede afirmar con seguridad: la
trasgresión de la norma ética no solo contradice la ley del
Señor, sino que daña la base antropológica de la fiesta.
El culto de Adoracion o Latría está reservado única y
exclusivamente a Dios, es decir, rendimos Latría a Dios Padre, a
Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, esto incluye el culto de
Latría a la hostia consagrada, porque es el mismo Cristo, bajo
las especies de Pan y Vino en la Sagrada Eucaristía.
Dicha Adoración, conceptualmente incluye:
1.– Reconocer a Dios como único Dios
2.– Reconocer a Dios como único Salvador
3.– Reconocer a Dios como único Redentor, en la persona de
Cristo
4.– Reconocer a Dios como único Infinito
5.– Reconocer a Dios como único Perfecto
6.– Reconocer a Dios como Camino, Verdad y Vida
7.– Reconocer a Dios como único Omnisciente
8.– Reconocer a Dios como lo más grande que ha sido, que es y
que será
9.– Reconocer a Dios como único Omnipresente
10.– Reconocer a Dios como La fuente de Amor, Paz y Bondad
11.– Reconocer a Dios como el único a quien debemos amor por
encima de todas las cosas
12.– Reconocer a Dios como el único que merece una sumisión
absoluta y total de Pensamiento, Palabra y Obra
13.– Reconocer que todo poder existente, tiene su origen en
Dios, y que sin Él no hay nada
El culto de Veneracion o latría, la respuesta es: Es el culto de
Adoración debido única y exclusivamente al Dios Trinitario en
quien creemos.
La Veneracion o Dulía está reservado a los ángeles y a los
santos, es decir, rendimos culto de Dulía a los ángeles,
arcángeles, querubines, serafines, etc., a los santos
canonizados por la Iglesia, entre ellos los Apóstoles, Papas,
Reyes, a los beatos, beatificados oficialmente por la Iglesia, y
si bien existe un culto de Dulía privado (a personas que
conocimos y que nos fueron muy queridas), el culto oficial es el
público, a todos los que la Iglesia reconoce formalmente como
santos y beatos, en ambos géneros.
Dicha Veneración conceptualmente incluye:
1.– Respeto profundo
2.– Considerar al santo como una persona de grandes cualidades
humanas
3.– Considerar al santo como buen seguidor y amigo de Dios
4.– Amarlos, (obviamente sin confrontar el primer mandamiento)
5.– Pedirles intercedan ante Dios por nosotros
6.– Creer en la buena disposición de los santos hacia nosotros
7.– Deseo de seguir el ejemplo del santo, imitar sus cualidades
y procurar hacernos santos como él/ella
8.– Festejar en el dia de su muerte el dia en que este
hermano/a entro a la Fiesta eterna del Cordero y recibio su
Corona de Gloria, celebrar la Accion de Gracias a Dios por el
don de este hermano/a (Eucaristía) como expresión de honor y
honra hacia ellos por ser héroes de la fe
9.– Saludar las imágenes de los santos, como signo de devoción y
para vivificar la comunión de los santos y santificar al Dios
que los hizo vivir en El
A la respuesta de qué es el culto de Dulía, respondemos: Es el
culto de Veneración debido a los ángeles y a los santos, héroes
y paladines de la fe cristiana.
Conclusión
La Iglesia Católica nunca ha exigido la veneración a los Santos.
La intercesión de los santos es real y realmente fuerte ya que
ellos viven la gloria de estar con Jesucristo en el Cielo, y
seguimos a Pablo cuando dice: “Exhorto ante todo, a que se
hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias,
por todos los hombres” 1 Tim 2:1.
Los católicos honran y
veneran a los santos, pero no los adoran. Tener esculturas e
imágenes en su honor no es más idolatría que tener fotografías
de nuestros seres queridos. Rezarles y pedir su ayuda no es más
idolatría que la práctica de una viuda o un viudo que hablan en
voz alta con su cónyuge fallecido al pie de su tumba. Esa “tal
nube de testigos” son ejemplos de inspiración para nuestras
vidas y seguir en nuestra lucha por conseguir la santidad: “...imitadores
de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.”
Hbr 6:12.