El Libro de la Sabiduría, o Sabiduría de Salomón, es un libro bíblico del Antiguo Testamento. No forma parte de la Biblia hebrea,[1] pero está incluida en la Septuaginta. Generalmente data de mediados del siglo I a. C., o del reinado de Calígula (37-41 d. C.). Sin embargo, distintas facciones y expresiones del Cristianismo Histórico lo incluyen en sus Biblias entre los llamados deuterocanónicos, en tanto que los grupos protestantes,[2] y otros grupos que se denominan cristianos[3] lo excluyen de sus Biblias, así como a los otros deuterocanónicos, a los cuales consideraron como “apócrifos“. En las Biblias católicas aparece después del Cantar de los Cantares, y antes del Eclesiástico, dentro de la sección de los llamados “Libros Sapienciales“.[4]

El tema central de la obra es la «sabiduría» en sí misma, que aparece bajo dos aspectos principales. El primer aspecto es que, en su relación con la humanidad, la sabiduría es la perfección del conocimiento de los justos como un don de Dios que se manifiesta en la acción. El segundo aspecto es que, en relación directa con Dios, la sabiduría está con Dios desde toda la eternidad.[5] Es uno de los siete libros sapienciales o libros de sabiduría de la Septuaginta, siendo los demás Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares (Cantar de los Cantares), Job y Sirach. Es uno de los libros deuterocanónicos, es decir, está incluido en los cánones de la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa oriental, pero la mayoría de los protestantes lo consideran parte de los apócrifos.
Después del Cantar de los Cantares en la Vulgata aparece el Libro de la Sabiduría, mientras que en la Biblia griega se ubica tras Job, el cual sigue a Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares. Este escrito no forma parte de la Biblia hebrea, pues fue compuesto en griego. En la tradición latina se le conoce como Libro de la Sabiduría, y en las iglesias orientales se lo llama Sabiduría de Salomón. La atribución a este rey se debe a su fama de sabio y a que en los capítulos 7 al 9 el autor habla como si fuera él, lo que llevó a que en las Biblias latinas se colocara después del Cantar.[6]
Aunque algunos autores cristianos entre los siglos III y V expresaron reservas, la Iglesia lo ha reconocido como inspirado y canónico. Con la Reforma del siglo XVI, Lutero y otros reformadores lo excluyeron del canon, siguiendo el criterio judío, y lo clasificaron entre los libros apócrifos. Para resolver estas discusiones, la Iglesia católica, en el Concilio de Trento en 1546 reafirmó su carácter sagrado y canónico, decisión que fue confirmada más tarde por el Concilio Vaticano I en 1870.[