El Libro del Eclesiastés (griego ἐκκλησιαστής, Ekklesiastés, hebreo קֹהֶלֶת, Qohéleth, ‘eclesiasta’, ‘asambleísta’ o ‘congregacionista’, y por eso abreviado como Qo, Ec o Ecl-), a veces conocido como el «Libro del Predicador», es un libro del Antiguo Testamento de la Biblia, y también del Tanaj, perteneciente al grupo de los denominados Libros Sapienciales, o de enseñanzas. En el Tanaj judío se ubica entre los Ketuvim (o «los escritos»). En el ordenamiento de la Biblia, el Eclesiastés sigue a los Proverbios y precede al Cantar de los Cantares, mientras que en el Tanaj se encuentra entre estos dos mismos libros, pero en orden inverso: le antecede el Cantar de los Cantares, y le sucede el de Proverbios.

El título que se utiliza habitualmente en inglés es una transliteración latina de la traducción griega de la palabra en hebreo קֹהֶלֶת (Kohelet, Koheleth, Qoheleth o Qohelet). Un autor anónimo introduce «Palabras de Kohelet, hijo de David, rey en Jerusalén» (Eclesiastés 1:1) y no vuelve a utilizar su propia voz hasta los versículos finales (12:9-14), donde expone sus propios pensamientos y resume las declaraciones de «Kohelet»; el cuerpo principal del texto se atribuye a Kohelet.
No debe confundirse con el Libro del Eclesiástico, el cual es otro libro sapiencial, de nombre similar, que forma parte del Antiguo Testamento del Canon Amplio Oriental y Occidental, sustento de las Biblias propias de las iglesias cristianas ortodoxas, orientales, y de la católica.
Kohelet proclama (1:2) «¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad!». La palabra en hebreo hevel, «vapor» o «aliento», puede significar, en sentido figurado, «insustancial», «vano», «fútil» o «sin sentido». En algunas versiones, vanidad se traduce como «sin sentido» para evitar la confusión con la otra definición de vanidad.[1] Teniendo esto en cuenta, el siguiente versículo presenta la pregunta existencial básica que ocupa el resto del libro: «¿Qué provecho sacamos de todo nuestro trabajo, de todo nuestro esfuerzo bajo el sol?». Esto expresa que tanto la vida de los sabios como la de los necios terminan en la muerte. A la luz de esta aparente falta de sentido, sugiere que los seres humanos deberían disfrutar de los placeres sencillos de la vida cotidiana, como comer, beber y disfrutar del trabajo, que son dones de Dios. El libro concluye con la exhortación: «Temed a Dios y guardad sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá todo juicio sobre toda obra, como el bien así como el mal».
Según la tradición rabínica, el libro fue escrito por el rey Salomón (que reinó entre c. 970 y 931 a. C.) en su vejez,[2] pero la presencia de préstamos lingüísticos del persa y arameísmos apunta a una fecha no anterior al c. 450 a. C.,[3], mientras que la fecha más tardía posible para su composición es el 180 a. C.[
ECLESIASTES 01 – Vanidad de vanidades. Eres tú vano?
ECLESIASTES 02 – Análisis del Kohelet sobre la vida
ECLESIASTES 03 – Nada nuevo hay bajo el sol
ECLESIATES 04 – ¿De qué sirve tu éxito si no puedes transmitirlo?
ECLESIATES 05 – No hagas promesas que no vas a cumplir
ECLESIATES 06 – La riqueza no puede satisfacer
ECLESIATES 07 – Mirar la vida a travez de lo mejor y lo peor