LAS OBRAS Y LA SALVACIÓN

LAS OBRAS Y LA SALVACION 

Uno de los puntos principales de discordia entre Lutero y
la Iglesia Católica fue si la salvación es por medio de la Fe o
de las Obras, siglos después de separaciones y discusiones sin
términos, parece que ambos estaban más en lo cierto que en disputas, todo
depende del énfasis que se puso en realzar algunos de los hechos y textos
fundamentales en esta Doctrina al  igual que el lenguaje que se utiliza al
explicarla.

Hoy en día hermanos protestantes afirman que la salvación
es solamente por Fe (Sola Fides) y que las obras no cuentan para que como dice
Pablo «no sea mérito de hombre sino del SEÑOR«, otros católicos
desconociendo la Doctrina de la Iglesia arremeten con una salvación basada solo
en obras. Todo esto surge de tomar versículos de la Palabra de DIOS y
leerlos sin estudiar el contexto donde fueron escritos ni para quién estaban
dirigidas. Para comprender la Palabra del SEÑOR no
basta tomar un versículo aislado y dar una interpretación de él, hay que leer
el capítulo y estudiar de que se está hablando y a quién, y ver cuál es la
enseñanza que se quiere dejar, por ejemplo veamos cuando los fariseos
reprochaban a JESUS que sus discípulos no ayunan
en Lucas 5-34 JESUS contesta «Pueden
hacer que los que están de bodas ayunen en tanto que el esposo esté entre ellos
?
Si se lee este versículo fuera de contexto se puede deducir que CRISTO esta
contra el ayuno pero más tarde aclara que «días vendrán en que el
esposo no esté y podrán ayunar
» y así con la palabra de DIOS ,
hay que leerla dentro del contexto y la situación.

Primero veamos que es Justificación, es el
proceso por el cual el alma es regenerada por la gracia, esto no puede lograrse
por medios o esfuerzo del hombre ni por cumplimiento de la Ley, es don gratuito
de DIOS . Gracia es la llamada de DIOS al
hombre para que se salve, es la amistad de DIOS que
genera salvación y es un don concedido más que merecido, en fin por la
Redención CRISTO mereció para nosotros la Gracia
Santificante que significa la Salvación realizada por CRISTO sin
merecimiento por parte del hombre.

Dice el Catecismo de la Iglesia entre los puntos 1987
y1995 “La Justificación es al mismo tiempo acogida de la justicia de Dios por
la Fe en Jesucristo, la Justificación nos fue merecida por la pasión de Cristo
que se ofreció en la Cruz como hostia viva y santa y agradable a Dios y cuya
sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de los hombres.
Nuestra justificación es obra de la Gracia de Dios”

La Iglesia proclama que nuestra Justificación viene de
Dios y es un don gratuito que no se compra ni se gana, es pura Gracia, El
Concilio de Trento en el año-.1534 en la sección de los Canones sobre la Justificación
en su Canon 1 dice “Si alguno dijere que el hombre puede justificase
delante de Dios por sus obras que se realizan por las fuerzas de su humana
naturaleza o por la doctrina de la Ley, sin la Gracia Divina por Cristo Jesús,
SEA ANATEMA (Maldito)”

De donde viene la división? Primeramente vine del
maligno, después de una falta de dialogo muy grande, para poder entender el
punto de la Iglesia vamos a hacer una decantación de dos conceptos, Redención y
Salvación un poco heterodoxo, pero para su buena comprension. Digamos que:

– Redención es el proceso por el cual Jesús nos compra a
precio de Sangre de las garras del Diablo y nos trae a la vida Trinitaria de
Dios

-Salvación, es el proceso por el cual yo me hago parte o
me apropio de esa Redención.

La Redención es pura misericordia de Dios, no hay hombre
por santo y justo que sea que pueda por sus méritos u obras redimirse, esta redención
solo pudo ser hecha y merecida por el mismo Dios, la Redención es un acto
gratuito de Dios al hombre y solo El la pudo efectuar. La Salvación es el
proceso por el cual yo me agencio esta Redención, comienza en la Fe (por medio
del Bautismo como dice Romanos 6, 3-4 donde somos adoptados por Dios e injertados
en la vida de la Gracia) prosigue con mi conversión personal y florece en el
ejercicio de las obras buenas que brotan de esta y que son testimonio de  mi
vivir en Cristo. Estas Obras son ayuda en el incremento del favor de Dios en mi
vida al serle yo agradable y aumenta mi caudal de Salvación ante el Altisimo.
Sería muy injusto (y Dios no lo es) que las Obras malas me destituyeran de
la  Salvación y las buena no ayudaran, esta es pura lógica de Dios.

Nuestros hermanos de otras Iglesias que aún persisten en
las controversias doctrinales nos bombardean continuamente con el Versículo de
San Pablo donde se dice “que las Obras no sirven “Cuando San Pablo habla de que
las obras no sirven para nada se está refiriendo como en Romanos 3, 27 -28 a
las obras DE LA LEY JUDIA, los judíos pensaban que ellos eran agradables a Dios
y obtenían su favor por las cosas que hacían y que les indicaba la Ley, tal
como los baños rituales, el lavado de objetos, etc., San Pablo le dice a los
fieles que nuestra salvación NO viene de eso que hacemos, sino de lo que
creemos pues esta ya se logró en Cristo, además esta forma de pensar llevaba al
fariseísmo y pensar  “en lo bueno que soy yo” actitud que aun hoy es un
peligro espiritual. No hay que confundir, San Pablo, el  apóstol que escribió
en I Corintios 13 el hermoso Himno a la Caridad no puede menospreciar las obras
que nacen de la conversión….”Aunque tenga Fe como para mover montaña y no
tengo Caridad, no soy nada”   

El gran peligro de nuestros hermanos de otras Iglesias es
que miran a Pablo desligado de Cristo o miran a Cristo a través de San Pablo,
gran error! , hay que mirar a Pablo  a través de la Doctrina de Cristo y así
se puede entender en su correcto sentido lo que dice el Apóstol

Ahora bien la iglesia ha proclamado por siglos que la
salvación es don de CRISTO y se obtiene por Fe pero
que una vez Justificada el alma el hombre puede acrecentar la
santidad por las obras o perderla por la falta de las mismas, es sencillo si
leemos:

Gálatas 5-4

4 Vacíos sois de CRISTO los
que por la ley os justificáis;

de la gracia habéis caído

El
hombre puede perder la gracia si se rige solo por la Ley y puede perder su
salvación si esta fe no va acompañada de buenas obras como por ejemplo veamos
a:

Mateo 25, 31-45

31 Y cuando el Hijo del
hombre venga en su gloria, y todos

los santos ángeles con él , entonces se
sentará sobre el trono

de su gloria 32 Y serán
reunidas delante de Él todas las gentes:

y los apartará los unos de los otros, como
aparta el pastor las

ovejas de los cabritos 33 Y
pondrá las ovejas a su derecha, y

los cabritos a la izquierda 34 Entonces
el Rey dirá a los que

estarán a su derecha: Venid, benditos de mi
Padre, heredad el

reino preparado para vosotros desde la
fundación del mundo;

35 Porque tuve hambre, y
me disteis de comer; tuve sed y me

disteis de beber; fui huésped y me
recogisteis; 36 Desnudo,

y me cubristeis; enfermo y me visitasteis;
estuve en la cárcel y

vinisteis a mí. 37 Entonces
los justos le responderán, diciendo:

Señor, Cuándo te vimos hambriento, y te
sustentamos?

O sediento, y te dimos de beber? 38 Y
cuándo te vimos

huésped y te recogimos? O desnudo y te
cubrimos? 39

O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y
vinimos

a ti? 40 Y respondiendo
el Rey, les dirá: De cierto os digo

que en cuando lo hicisteis a uno de estos mis
hermanos

pequeños a mi lo hicisteis. 41 Entonces
dirá también a los

que estarán a la izquierda: Apartaos de mí,
malditos,

al fuego eterno preparado para el diablo y
para sus

ángeles: 42 Porque tuve
hambre y no me disteis de comer,

tuve sed, y no me disteis de beber, 43 Fui
huésped y

no me recogisteis, desnudo y no me
cubristeis;

enfermo y en la cárcel y no me
visitasteis 44 Entonces

también ellos le responderán diciendo: Señor
cuándo

te vimos hambriento o sediento o huésped o
desnudo o

enfermo o en la cárcel y no te
servimos? 45Entonces les

responderá diciendo: De cierto os digo que en
cuanto

no lo hicisteis a uno de estos pequeños, ni a
mi lo hicisteis

46 E irán estos al
tormento eterno, y los justos a la vida eterna.

En
este capítulo vemos claramente como el SEÑOR hablo
claro respecto del fin y del juicio, como el hombre va ha ser juzgado por sus
obras la cual como dice Santiago son índice de su Fe,
pues una Fe sin obras es Fe muerta, Es
curioso este Evangelio donde Jesús reconoce a sus herederos no por lo que
sintieron o dijeron, sino por lo que hicieron, cuando das frutos de buenas
obras te asemejas a Dios y este se reconoce en ti y ve el fruto de su Redención
actuando en tu vida. En este Evangelio inclusive hay hombres que son llamados
al Reino sin saber que las obras que hacían eran al mismo Señor…Misterio de la Redención
y de la Gracia…. 

Marcos 8:34-38

34 Entonces Jesús dijo a
sus discípulos: Si alguno quiere

venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y
tome su cruz,

y sígame 35 Porque
cualquiera que quisiere salvar su vida,

la perderá, y cualquiera que perdiere su vida
por causa

de mi, la hallará. 36 Porque
de qué aprovecha al hombre

si granjeare todo el mundo y perdiere su
alma? O qué

recompensa dará el hombre por su alma? 37 Porque

el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su
Padre con

sus ángeles y entonces pagará a cada uno
conforme a

sus obras. 38 De cierto
os digo: hay algunos de los que están

aquí que no gustarán la muerte, hasta que
hayan visto

al Hijo del hombre viniendo en su reino.

En
este Capítulo JESUS afirma que va a pagar a cada cual
según sus obras y es sencillo, desde el momento en que el hombre acepta a JESUS como
salvador por Fe, esta le da la Salvación; pero ha sido una decisión
del hombre aceptarla, la salvación estaba ahí pues se mereció por el sacrificio
de CRISTO en la cruz; pero la aceptación de esta es un
movimiento libre de la voluntad del hombre o sea una obra, si el hombre puede
perder la salvación por el pecado (que es obra del hombre) bien puede
acrecentar esta por obras buenas no para que se gloríe el hombre sino porque
esta fe fructifica y como dijo JESUS «por sus
obras los conoceréis
» veamos:

Mateo 19:16

16Y he aquí, uno llegándose
le dijo: Maestro bueno, que

bien haré para tener la vida eterna? 17 Y
el le dijo:

Por que me llamas bueno? Ninguno es bueno
sino uno, es

a saber, DIOS : y si quieres entrar en la
vida, guarda los

mandamientos. 18 Dícele
: Cuáles? Y Jesús dijo: No

matarás: No adulterarás: No hurtarás: No
dirás falso

testimonio: 19 Honra a
tu padre y a tu madre: y, Amarás a

tu prójimo como a ti mismo.

20 Dícele el mancebo:
Todo esto guardé desde mi juventud:

qué mas falta? 21 Dícele
Jesús: Si quieres ser perfecto,

anda, vende lo que tienes, y dalo a los
pobres, y

tendrás tesoro en el cielo, y ven, sígueme.

22 Y oyendo el mancebo
esta palabra, se fue triste, porque

tenía muchas posesiones 23 Entonces
Jesús dijo a sus

discípulos: De cierto os digo, que un rico
difícilmente

entrará en el reino de los cielos.

El
joven rico era un hombre de Fe que vivía de acuerdo a la Ley
de DIOS ; pero le faltaban las obras, darlo todo
a los pobres, y JESUS le dice que si hace esto tendrá
un tesoro en el cielo OJO no en la tierra, en el cielo, luego JESUS dice
que es difícil para un rico entrar al cielo o sea salvarse porque casi siempre
va acompañado de la avaricia. Veamos otro pasaje donde el Apóstol habla de la
importancia de las Obras:

Romanos 2, 1-6

1Por lo cual eres
inexcusable, oh hombre, cualquiera que

juzgas: porque en lo que juzgas a otro, te
condenas a ti

mismo: porque lo mismo haces, tu que
juzgas. 2 Mas

sabemos que el juicio de DIOS es según verdad
contra los

que hacen tales 3 Y
piensa esto, oh hombre, que juzgas a los

que hacen tales cosas, y haces las mismas,
que tu escaparás

del juicio de DIOS ? 4 O
menosprecias las riquezas de su

benignidad, y paciencia, y longanimidad,
ignorando que

su benignidad te guía a
arrepentimiento? 5 Mas por tu dureza,

y por tu corazón no arrepentido, atesoras
para ti mismo ira

para el día de la ira y de la manifestación
del justo juicio

de DIOS ; 6 El cual
pagará a cada uno conforme a sus obras

7A los que perseverando en
bien hacer, buscan gloria y honra

e inmortalidad, la vida eterna

Vemos
en Lucas 19, 8,9 como Zaqueo al convertirse entregó la mitad
de sus bienes a los pobres y JESUS exclamó » Hoy
ha entrado la salvación a esta casa » o sea Zaqueo fue salvo por que
su Fe la demostró con las obras.

Zaqueo puesto de pie, dijo al Señor: He aquí,
Señor, la mitad de mis bienes

doy a los pobres; y si en algo he defraudado
a alguno lo

vuelvo con el cuatro tanto. 9 Y
Jesús le dijo: Hoy ha venido

la salvación a esta casa: por cuanto el
también es Hijo de Abraham

Veamos
otro pasaje del Evangelio donde se nos habla de la importancia de las Obras:

9 Y yo os digo: Haceos
amigos de las riquezas de

maldad, para que cuando faltareis, os reciban

en las moradas eternas

En Lucas
16,9
 JESUS pone de ejemplo a un mayordomo infiel que
hizo arreglos para ser justificado delante de su amo con las deudas de los
demás y JESUS terminando la parábola nos dice que
hagamos el bien con nuestras limitaciones para que obtengamos la gloria.

Veamos
este otro pasaje de los consejos de San Pablo a Timoteo:

16 Ten cuidado de ti
mismo y de la doctrina;

persiste en ello; pues haciendo esto, a ti
mismo

salvarás y a los que te oyeren

El
apóstol Pablo en su Primera epístola a Timoteo capítulo 4, 16  le dice a
su discípulo que cuide de si y de la doctrina para que se SALVE y salve a otros
porque el hombre va a ser juzgado por la responsabilidad que tenemos sobre la
salvación de otros, la salvación es individual y a la vez colectiva pues somos
responsables de aquellos que se nos han sido encomendado.

Veamos
la gran importancia que le dan  I Apocalipsis 20  y II Corintios a
las Obras y el juicio:

 Apocalipsis 20

12 Y vi los muertos,
grandes y pequeños, que estaban

delante de DIOS ; y los libros fueron
abiertos; y otro

libro fue abierto el cual es de la vida ; y
fueron juzgados

los muertos por las cosas que estaban
escritas en los libros,

según sus obras 13 Y el
mar dio los muertos que estaban

en el; y la muerte y el infierno dieron los
muertos que

estaban en ellos, y fue hecho juicio de cada
uno

según sus obras.

y

8 Más confiamos y más
quisiéramos partir del cuerpo,

y estar presentes al Señor 9 Por
tanto procuramos

también, o ausentes, o presentes, serle
agradable

10 Porque es menester
que todos nosotros parezcamos

ante el tribunal de Cristo, para que cada uno
reciba

según lo que hubiere hecho por medio del
cuerpo,

ora sea bueno o malo.

Según vemos en 2 Corintios y
Apocalipsis 20
 el juicio de DIOS va ha
ser sobre las obras que el hombre ha hecho, muchos hermanos protestantes dirán
que Pablo en muchas ocasiones dice que la salvación viene por Fe y no por obras
para que el hombre no se envanezca y es cierto puesto que la Palabra de DIOS no
se puede contradecir y en esto la iglesia ha sido clara la salvación viene
de DIOS por el sacrificio de su Hijo JESUCRISTO en
la cruz y es dada al hombre por Fe aún sin merecerlo; pero
esta Fe si es sincera se transforma en obras hacia los demás o
sea en caridad sin la cual nada es perfecto y por estas obras va a juzgar
el SEÑOR, cuando venga con gloria pues como dice su
palabra» no todo el que dice Señor, Señor entrara en el Reino de los
Cielos». Dice el apóstol Santiago en su carta Capitulo 2 Versículo
14:

Santiago 2:14

14Hermanos míos, que
aprovechará si alguno

dice que tiene fe, y no tiene obras? Podrá la
fe

salvarle? 15Y si el hermano o
la hermana están

desnudos, y tienen necesidad del
mantenimiento de

cada día 16Y alguno de
vosotros les dice: Id en

paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis
las cosas

que son necesarias para el cuerpo, qué
aprovecharáa?

17Asi también la fe, si no
tuviere obras, es muerta

en si misma 18Pero alguno
dirá: Tu tienes fe,

y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus
obras,

y yo te mostraré mi fe por mis obras 19Tu
crees

que DIOS es uno; bien haces: también los
demonios

creen, y tiemblan. 20Mas
quieres saber, hombre

vano, que la fe sin obras es muerta? 21No
fue justificado

por las obras Abraham nuestro padre, cuando
ofreció

a su hijo Isaac sobre el altar? 22No
ves que la fe obró

con sus obras, y que la fe fue perfecta por
las obras?

23Y fue cumplida la Escritura
que dice: Abraham creyó a

DIOS y le fue imputado a justicia y fue llamado
amigo

de DIOS 24Vosotros veis,
pues, que el hombre es

justificado por las obras, y no solamente por
la fe

25Asimismo también Rahab la
ramera, no fue

justificada por obras, cuando recibió los
mensajeros, y

los echó fuera por otro camino? 26Porque
como el

cuerpo sin espíritu está muerto, así también
la

fe sin obras es muerta

Santiago
nos aclara la función de la Fe y las obras, Fe sin
obras no existe pues es Fe muerta y las obras son testimonio
de la Fe, «todo árbol sin frutos será cortado y echado al
fuego», CRISTO Justifica y salva; pero
también juzga al hombre por la Fe a través de sus obras,
porque los demonios creen y tiemblan y no por esto son salvos.

En
fin hermanos, la Salvación es por el camino estrecho, con
trabajos, no es una salvación de Burger King, de hacer una oracioncita y ser
salvo ,el que predique una salvación fácil no ha leído el Evangelio ni conoce
el Espíritu de estos, es un fatuo que lleva a sus ovejas al despeñadero, la Redención
es un Don merecido por Dios la posibilidad de Salvarme que comienza en la
Gracia y sigue en la Fe es un don gratuito de Dios, pero el hombre responde a
esa Redención y a esa salvación por las obras de amor que nos asemeja al dulce Jesús
, Jesús no hablo de Teologías en su vida mesiánica, hablo de amor
incondicional, de hermosas relaciones humanas, cosas todas que nos asemejan a Él.
El camino de la Salvación es estrecho, y amplio el que conduce a la perdición.

Tú sabes lo que dice la Iglesia de la Salvación??

Esto  dice el
Concilio de Trento en el 1563, después de Lutero:

 CAP. VIII. Cómo se
entiende que el pecador se justifica por la fe, y gratuitamente. Cuando dice el
Apóstol que el hombre se justifica por la fe, y 
gratuitamente; se deben entender sus palabras en aquel sentido que
adoptó, y ha expresado el perpetuo consentimiento de la Iglesia católica; es a
saber, que en tanto se dice que somos justificados por la fe, en cuanto esta es
principio de la salvación del hombre, fundamento y raíz de toda justificación,
y sin la cual es imposible hacerse agradables a Dios, ni llegar a participar de
la suerte de hijos suyos. En tanto también se dice que somos justificados
gratuitamente, en cuanto ninguna de las cosas que preceden a la justificación,
sea la fe, o sean las obras, merece la gracia de la justificación: porque si es
gracia, ya no proviene de las obras: de otro modo, como dice el Apóstol, la
gracia no sería gracia

CAP. X. Del aumento de la justificación ya obtenida.
Justificados pues así, hechos amigos y domésticos de Dios, y caminando de
virtud en virtud, se renuevan, como dice el Apóstol, de día en día; esto es,
que mortificando su carne, y sirviéndose de ella como de instrumento para
justificarse y santificarse, mediante la observancia de los mandamientos de
Dios, y de la Iglesia, crecen en la misma santidad que por la gracia de Cristo
han recibido, y cooperando la fe con las buenas obras, se justifican más; según
está escrito: El que es justo, continúe justificándose. Y en otra parte: No te
receles de justificarte hasta la muerte. Y además: Bien veis que el hombre se
justifica por sus obras, y no solo por la fe. Este es el aumento de santidad
que pide la Iglesia cuando ruega: Danos, Señor, aumento de fe, esperanza y
caridad

Can. 1. Si alguno dijere que el hombre puede justificarse
delante de Dios por sus obras que se realizan por las fuerzas de la humana
naturaleza o por la doctrina de la Ley, sin la gracia divina por Cristo Jesús,
sea anatema.

Can. 3. Si alguno dijere que, sin la inspiración
proveniente del Espíritu Santo y sin su ayuda, puede el hombre creer, esperar y
amar o arrepentirse, como conviene para que se le confiera la gracia de la

justificación, sea anatema. 

Can. 9. Si alguno dijere que el impío se justifica por la
sola fe, de modo que entienda no requerirse nada más con que coopere a
conseguir la gracia de la justificación y que por parte alguna es necesario que
se prepare y disponga por el movimiento de su voluntad, sea anatema.

Esto dice el Catecismo:

1991 La justificación es, al mismo tiempo, acogida de la
justicia de Dios por la fe en Jesucristo. La justicia designa aquí la rectitud
del amor divino. Con la justificación son difundidas en nuestros corazones la
fe, la esperanza y la caridad, y nos es concedida la obediencia a la voluntad
divina.

1992 La justificación nos fue merecida por la pasión de
Cristo, que se ofreció en la cruz como hostia viva, santa y agradable a Dios y
cuya sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de todos los
hombres. La justificación es concedida por el Bautismo, sacramento de la fe.
Nos asemeja a la justicia de Dios que nos hace interiormente justos por el
poder de su misericordia. Tiene por fin la gloria de Dios y de Cristo, y el don
de la vida eterna (cf Concilio de Trento:

DS 1529)

«Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de
Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios
por la fe en Jesucristo, para todos los que creen —pues no hay diferencia
alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios— y son justificados
por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a
quien Dios exhibió como instrumento de propiciación por su propia sangre,
mediante la fe, para mostrar su justicia, pasando por alto los pecados
cometidos anteriormente, en el tiempo de la paciencia de Dios; en orden a
mostrar su justicia en el tiempo presente, para ser él justo y justificador del
que cree en Jesús» (Rm 3 ,21-26).

1993 La justificación establece la colaboración entre la
gracia de Dios y la libertad del hombre. Por parte del hombre se expresa en el
asentimiento de la fe a la Palabra de Dios que lo invita a la conversión, y en
la cooperación de la caridad al impulso del Espíritu Santo que lo previene y lo
custodia: “Cuando Dios toca el corazón del hombre mediante la iluminación del
Espíritu Santo, el hombre no está sin hacer nada en absoluto al recibir aquella
inspiración, puesto que puede también rechazarla; y, sin embargo, sin la gracia
de Dios, tampoco puede dirigirse, por su voluntad libre, hacia la justicia
delante de Él» [Concilio de Trento:

DS 1525).1994 La justificación es la obra más excelente
del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús y concedido por el Espíritu
Santo. San Agustín afirma que “la justificación del impío […] es una obra más

grande que la creación del cielo y de la tierra” […]
porque “el cielo y la tierra pasarán, mientras […] la salvación y la

justificación de los elegidos permanecerán” (San Agustín,
In Iohannis evangelium tractatus, 72, 3). Dice incluso que la justificación de
los pecadores supera a la creación de los ángeles en la justicia porque
manifiesta una misericordia mayor. 

Como vez nosotros NO creemos (como erróneamente se ha dicho)
que nosotros nos justificamos solo por las Obras. Pero te hago una
pregunta….todo cristiano normal (no maleado por una secta) sabe que el pecado
te hace perder la Gracia y te aleja de Dios…entonces como se entiende que un
acto malo te de condenación y uno bueno no te de salvación??? En que Dios creen
ellos??? 

Santiago que es apóstol también y que Palabra de Dios
TAMBIEN dice:

13 Porque el que no tiene misericordia será juzgado sin
misericordia, pero la misericordia se ríe del juicio. 14 ¿De qué le sirve a
uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede
salvarlo? 15 ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana
desnudos o sin el alimento necesario, 16 les dice: «Vayan en paz, caliéntense y
coman», y no les da lo que necesitan para su cuerpo? 17 Lo mismo pasa con la
fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta. 18 Sin
embargo, alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras». A ese
habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en
cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe» 19 ¿Tú crees que hay un
solo Dios? Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan. 20
¿Quieres convencerte, hombre insensato, de que la fe sin obras es
estéril?»

Ahora te vuelvo a hacer esta  consideración, como ese hermano sabe en el
siglo XXI que lo que dice la Biblia es realmente lo que dijeron los Apóstoles y
no un invento (ya que su Iglesia tiene solo unos años de fundad)?? Sabes
porque?? PORQUE LA BIBLIA QUE EL TIENE FUE ESCRITA POR  LOS APOSTOLES DENTO DE NUESTRA IGLESIA Y
PORQUE NOSOTROS LA COMPILAMOS EN EL CONCILIO DE ROMA Y CARTAGO EN EL SIGLO IV!
.Bendiciones+  Los protestantes pueden
decir lo que quieran pues ellos no tienen conexión alguna ni con Pablo ni con
la Iglesia de los Apóstoles, para colmo Pablo, Tito y Timoteo están enterrados
en una Iglesia católica no en una protestante para desesperación de ellos. La Salvación
según la entiende la Iglesia viene de la Obra Vicaria de Jesús.

CAP. X. Del aumento de la justificación ya obtenida.

Justificados pues así, hechos amigos y domésticos de
Dios, y caminando de virtud en virtud, se renuevan, como dice el Apóstol, de
día en día; esto es, que mortificando su carne, y sirviéndose de ella como de
instrumento para justificarse y santificarse, mediante la observancia de los
mandamientos de Dios, y de la Iglesia, crecen en la misma santidad que por la
gracia de Cristo han recibido, y cooperando la fe con las buenas obras, se
justifican más; según está escrito: El que es justo, continúe justificándose. Y
en otra parte: No te receles de justificarte hasta la muerte. Y además: Bien
veis que el hombre se justifica por sus obras, y no solo por la fe. Este es el
aumento de santidad que pide la Iglesia cuando ruega: Danos, Señor, aumento de
Fe, esperanza y caridad

Can. 1. Si alguno dijere que el hombre puede justificarse
delante de Dios por sus obras que se realizan por las fuerzas de la humana
naturaleza o por la doctrina de la Ley, sin la gracia divina por Cristo Jesús,
sea anatema.

Can. 3. Si alguno dijere que, sin la inspiración proveniente
del  Espíritu Santo y sin su ayuda, puede
el hombre creer, esperar y amar o arrepentirse, como conviene para que se le
confiera la gracia de la

Justificación, sea anatema. Can. 9. Si alguno dijere que
el impío se justifica por la sola fe, de

modo que entienda no requerirse nada más con que coopere
a conseguir la gracia de la justificación y que por parte alguna es necesario
que se prepare y disponga por el movimiento de su voluntad, sea anatema.

Esto dice el Catecismo:

1991 La justificación es, al mismo tiempo, acogida de la
justicia de Dios por la fe en Jesucristo. La justicia designa aquí la rectitud
del amor divino. Con la justificación son difundidas en nuestros corazones la
fe, la esperanza y la caridad, y nos es concedida la obediencia a la voluntad
divina.

1992 La justificación nos fue merecida por la pasión de
Cristo, que se ofreció en la cruz como hostia viva, santa y agradable a Dios y
cuya sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de todos los
hombres. La justificación es concedida por el Bautismo, sacramento de la fe.
Nos asemeja a la justicia de Dios que nos hace interiormente justos por el
poder de su misericordia. Tiene por fin la gloria de

Dios y de Cristo, y el don de la vida eterna (cf.
Concilio de Trento:

DS 1529 «Pero ahora, independientemente de la ley, la
justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas,
justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen —pues no hay
diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios — y son
justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en
Cristo Jesús, a quien Dios exhibió como instrumento de propiciación por su
propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, pasando por alto los
pecados cometidos anteriormente, en el tiempo de la paciencia de Dios; en orden
a mostrar su justicia en el tiempo presente, para ser él justo y justificador
del que cree en Jesús» (Rm 3 ,21-26).

1993 La justificación establece la colaboración entre la
gracia de Dios y la libertad del hombre. Por parte del hombre se expresa en el
asentimiento de la fe a la Palabra de Dios que lo invita a la conversión, y en
la cooperación de la caridad al impulso del Espíritu Santo que lo previene y lo
custodia:

«Cuando Dios toca el corazón del hombre mediante la
iluminación del Espíritu Santo, el hombre no está sin hacer nada en absoluto al
recibir aquella inspiración, puesto que puede también rechazarla; y, sin
embargo, sin la gracia de Dios, tampoco puede dirigirse, por su voluntad libre,
hacia la justicia delante de Él» [Concilio de Trento: DS 1525).

1994 La justificación es la obra más excelente del amor
de Dios, manifestado en Cristo Jesús y concedido por el Espíritu Santo. San
Agustín afirma que “la justificación del impío […] es una obra más grande que
la creación del cielo y de la tierra” […] porque “el cielo y la tierra
pasarán, mientras […] la salvación y la justificación de los elegidos
permanecerán” (San Agustín, In Iohannis evangelium tractatus, 72, 3). Dice incluso
que la justificación de los pecadores supera a la creación de los ángeles en la
justicia porque manifiesta una misericordia mayor. 

Como vez nosotros NO creemos (como erróneamente se ha
dicho) que nosotros nos justificamos solo por las Obras. Pero te hago una
pregunta….todo cristiano normal (no maleado por una secta) sabe que el pecado
te hace perder la Gracia y te aleja de Dios…entonces como se entiende que un
acto malo te de condenación y uno bueno no te de salvación??? En que Dios creen
ellos??? 

Santiago que es apóstol también y que Palabra de Dios
TAMBIEN dice:

13 Porque el que no tiene misericordia será juzgado sin
misericordia, pero la misericordia se ríe del juicio. 14 ¿De qué le sirve a
uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede
salvarlo? 15 ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana
desnudos o sin el alimento necesario, 16 les dice: «Vayan en paz, caliéntense y
coman», y no les da lo que necesitan para su cuerpo? 17 Lo mismo pasa con la
fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.18 Sin embargo,
alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras». A ese habría que
responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por
medio de las obras, te demostraré mi fe» 19 ¿Tú crees que hay un solo Dios?
Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan. 20 ¿Quieres
convencerte, hombre insensato, de que la fe sin obras es estéril?»

Ahora te vuelvo a hacer esta  consideración, como ese hermano sabe en el
siglo XXI que lo que dice la Biblia es realmente lo que dijeron los Apóstoles y
no un invento (ya que su Iglesia tiene solo unos años de fundada)?? Sabes
porque?? PORQUE LA BIBLIA QUE EL TIENE FUE ESCRITA POR LOS APOSTOLES DENTO DE NUESTRA
IGLESIA Y PORQUE NOSOTROS LA COMPILAMOS EN EL CONCILIO DE ROMA Y CARTAGO EN EL
SIGLO IV! .Bendiciones+ 

Dios
les bendiga.

A Continuación
les ofrecemos la Declaración conjunta firmada por la Iglesia Católica y por la Federación
Mundial Luterana donde se confiesa nuestra conformidad en la Doctrina de la Justificación 
y de la Salvación, piedra de división de ambas Iglesias en la Reforma, ha
terminado un largo capítulo de incomprensiones, sigamos orando para que un día
seamos uno y digno Cuerpo de Cristo el Cordero. Amen+

DECLARACION CONJUNTA SOBRE LA DOCTRINA DE LA
JUSTIFICACION

FEDERACION
LUTERANA MUNDIAL CONSEJO PONTIFICIO PARA LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Un
documento histórico «Podemos alegrarnos por este importante logro ecuménico».
Con estas palabras Juan Pablo II comentó el 28 de junio la «Declaración
conjunta sobre la doctrina de la justificación» firmada por la Santa Sede y la
Federación Luterana Mundial. Se trata de un documento que quiere poner fin a
condenas históricas entre las dos confesiones cristianas. El pontífice
reconoció que, «si bien la Declaración no resuelve todas las cuestiones
relativas a la doctrina de la justificación, expresa un consenso en verdades
fundamentales de tal doctrina». Al final del documento publicamos las
aclaraciones que ilustró el cardenal el cardenal Edward I. Cassidy, prefecto
del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, al presentar
oficialmente la Declaración conjunta.

DECLARACION CONJUNTA SOBRE LA DOCTRINA DE LA
JUSTIFICACION

(Propuesta definitiva)

FEDERACION LUTERANA MUNDIAL CONSEJO
PONTIFICIO PARA LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Preámbulo

1.
La doctrina de la justificación tuvo una importancia capital para la reforma
luterana del siglo XVI. De hecho, sería el «artículo primero y principal» (1),
a la vez «rector y juez de las demás doctrinas cristianas» (2). La versión
entonces fue sostenida y defendida en particular por su singular apreciación
contra la teología y la iglesia católicas romanas de la época que, a su vez,
sostenían y defendían una doctrina de la justificación de otra índole. Desde la
perspectiva de la Reforma, la justificación era la raíz de todos los
conflictos, y tanto en las Confesiones luteranas (3) como en el Concilio de
Trento de la Iglesia católica romana hubo condenas de una y otra doctrinas.
Esta últimas siguen vigentes, provocando divisiones dentro de la Iglesia.

2.
Para la tradición luterana, la doctrina de la justificación conserva esa
condición particular. De ahí que desde un principio, ocupara un lugar
preponderante en el diálogo oficial luterano-católico romano.

3.
Al respecto, les remitimos a los informes «The Gospel and the Church» (1972)
(4) y «Church and Justification» (1994) (5) de la Comisión luterano-católica
romana; «Justificación by Faith» (1983) (6) del Diálogo luterano-católico
romano de los Estados Unidos y «The Condemnations of the Reformation Era – Do
They Still Divide?» (1986) (7) del Grupo de trabajo ecuménico de teólogos
protestantes y católicos de Alemania. Las iglesias han acogido oficialmente
algunos de estos informes de los diálogos; ejemplo importante de esta acogida
es la respuesta vinculante que en 1994 dio la Iglesia Evangélica Unida de
Alemania al estudio «Condemnations» al más alto nivel posible de reconocimiento
eclesiástico, junto con las demás iglesias de la Iglesia evangélica de Alemania
(8).

4.
Respecto a los debates sobre la doctrina de la justificación, tanto enfoques y
conclusiones de los informes de los diálogos como las respuestas trasuntan un
alto grado de acuerdo. Por lo tanto, ha llegado la hora de hacer acopio de los
resultados de los diálogos sobre esta doctrina y resumirlos para informar a
nuestras iglesias acerca de los mismos a efectos de que puedan tomar las
consiguientes decisiones vinculantes.

5.
Una de las finalidades de la presente Declaración conjunta es demostrar que a
partir de este diálogo, las iglesias luterana y católica romana (9) se
encuentran en posición de articular una interpretación común de nuestra
justificación por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo. Cabe señalar que
no engloba todo lo que una y otra iglesia enseñan acerca de la justificación,
limitándose a recoger el consenso sobre las verdades básicas de dicha doctrina
y demostrando que las diferencias subsistentes en cuanto a su explicación, ya
no dan lugar a condenas doctrinales.

6.
Nuestra declaración no es un planteamiento nuevo o independiente de los
informes de los diálogos y demás documentos publicados hasta la fecha; tampoco
los sustituye. Más bien, tal y como lo demuestra la lista de fuentes que figura
en el anexo, se nutre de los mismos y de los argumentos expuestos en ellos.

7.
Al igual que los diálogos en sí, la presente Declaración conjunta se funda en
la convicción de que al superar las cuestiones controvertidas y las condenas
doctrinales de otrora, las iglesias no toman estas últimas a la ligera y
reniegan su propio pasado. Por el contrario, la declaración está impregnada de
la convicción de que en sus respectivas historias, nuestras iglesias han llegado
a nuevos puntos de vista. Hubo hechos que no solo abrieron el camino sino que
también exigieron que las iglesias examinaran con nuevos ojos aquellas condenas
y cuestiones que eran fuente de división.

1.
EL MENSAJE BIBLICO DE LA JUSTIFICACION

8.
Nuestra escucha común de la palabra de Dios en las Escrituras ha dado lugar a
nuevos enfoques. Juntos oímos lo que dice el Evangelio: «De tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no
se pierda sino que tenga vida eterna» (San Juan 3, 16). Esta buena nueva se
plantea de diversas maneras en las Sagradas Escrituras. En el Antiguo
Testamento escuchamos la palabra de Dios acerca del pecado (Sal 51, 1-1; Dn 9,
5 y ss; Ec 8, 9 y ss; Esd 9;6 y ss) y la desobediencia humanos (Gn 3, 1-19 y
Neh 9, 16-26), así como la «justicia» (Is 46, 13; 51, 5-8; 56, 1; cf. 53, 11;
Jer 9, 24) y el «juicio» de Dios (Ec 12, 14; Sal 9,5 y ss; y 76, 7-9).

9.
En el Nuevo Testamento se alude de diversas maneras a la «justicia» y la
«justificación» en los escritos de San Mateo (5,10; 6, 33 y 21, 32), San Juan
(16, 8-11); Hebreos (5, 1-3 y 10, 37-38), y Santiago (2, 14-26) (10). En las
epístolas de San Pablo también se describe de varias maneras el don de la
salvación, entre ellas: «Estad pues, firmes en la libertad con que Cristo nos
hizo libres» (Gá 5, 1-13, cf. Ro 5, 11); «tenemos paz para con Dios» (Ro 6,
11-23) y «santificados en Cristo Jesús» (1 Co 1, 2 y 1, 31; 2 Co 1, 1). A la
cabeza de todas ellas está la «justificación» del pecado de los seres humanos
por la gracia de Dios por medio de la fe (Ro 3, 23-25) que cobró singular
relevancia en el período de la Reforma.

10.
San Pablo asevera que el Evangelio es poder de Dios para la salvación de quien
ha sucumbido al pecado; mensaje que proclama que «la justicia de Dios se revela
por fe y para fe» (Ro 1, 16-17) y ello concede la «justificación» (Ro 3,
21-31). Proclama a Jesucristo «nuestra justificación» (1 Co 1, 30) atribuyendo
al Señor resucitado lo que Jeremías proclama de Dios mismo (23, 6). En la
muerte y resurrección de Cristo están arraigadas todas las dimensiones de su
labor redentora porque él es «Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras
transgresiones, y resucitado para nuestra justificación» (Ro 4, 25). Todo ser
humano tiene necesidad de la justicia de Dios «por cuanto todos pecaron y están
destituidos de la gloria de Dios» (Ro 1, 18; 2, 23 3, 22; 11, 32 y Gá 3, 22).
En Gálatas 3, 6 y Romanos 4, 3-9, San Pablo entiende que la fe de Abraham (Gn
15, 6) es fe en un Dios que justifica al pecador y recurre al testimonio del
Antiguo Testamento para apuntalar su prédica de que la justicia le será
reconocida a todo aquel que, como Abraham, crea en la promesa de Dios. «Mas el
justo por la fe vivirá» (Ro 1, 17 y Hab 2, 4, cf. Gá 3, 11). En las epístolas
de San Pablo, la justicia de Dios también es poder para aquellos que tienen fe
(Ro 1, 17 y 2 Co 5, 21). Él hace de Cristo justicia de Dios para el creyente (2
Co 5, 21). La justificación nos llega a través de Cristo Jesús «a quien Dios
puso como propiciación por medio de la fe en su sangre» (Ro 3, 2, véase 3,
21-28). «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es don de Dios. No por obras…» (Ef 2, 8-9).

11.
La justificación es perdón de los pecados (cf. Ro 3, 23-25; Hechos 13, 39 y San
Lucas 18, 14), liberación del dominio del pecado y la muerte (Ro 5, 12-21) y de
la maldición de la ley (Gá 3, 10-14) y aceptación de la comunión con Dios: ya
pero no todavía plenamente en el reino de Dios a venir (Ro 5, 12). Ella nos une
a Cristo, a su muerte y resurrección (Ro 6, 5). Se opera cuando acogemos al
Espíritu Santo en el bautismo, incorporándonos al cuerpo que es uno (Ro 8, 1-2
y 9-11; y 1 Co 12, 12-13). Todo ello proviene solo de Dios, por la gloria de
Cristo y por gracia mediante la fe en «el Evangelio del Hijo de Dios» (Ro 1,
1-3).

12.
Los justos viven por la fe que dimana de la palabra de Cristo (Ro 10, 17) y que
obra por el amor (Gá 5, 6), que es fruto del Espíritu (Gá 5, 22) pero como los
justos son asediados desde dentro y desde fuera por poderes y deseos (Ro 8,
35-39 y Gá 5, 16-21) y sucumben al pecado (1 Jn 1, 8 y 10) deben escuchar una y
otra vez las promesas de Dios y confesar sus pecados (1 Jn 1, 9), participar en
el cuerpo y en la sangre de Cristo y ser exhortados a vivir con justicia,
conforme a la voluntad de Dios. De ahí que el Apóstol diga a los justos
«…ocupaos en vuestra salvación por temor y temblor, porque Dios es el que en
vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Flp 2,
12-13). Pero ello no invalida la buena nueva: «Ahora, pues, ninguna condenación
hay para los que están en Cristo Jesús» (Ro 8, 1) y en quienes Cristo vive (Gá
2, 20). Por la justicia de Cristo «vino a todos los hombres la justificación
que produce vida» (Ro 5, 18).

2.
LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACION EN CUANTO PROBLEMA ECUMENICO

13.
En el siglo XVI, las divergencias en cuanto a la interpretación y aplicación
del mensaje bíblico de la justificación no solo fueron la causa principal de la
división de la iglesia occidental, también dieron lugar a las condenas
doctrinales. Por lo tanto, una interpretación común de la justificación es
indispensable para acabar con esa división. Mediante el enfoque apropiado de
estudios bíblicos recientes y recurriendo a métodos modernos de investigación
sobre la historia de la teología y los dogmas, el diálogo ecuménico entablado
después del Concilio Vaticano II ha permitido llegar a una convergencia notable
respecto a la justificación, cuyo fruto es la presente Declaración conjunta que
recoge el consenso sobre los planteamientos básicos de la doctrina de la
justificación. A la luz de dicho consenso, las respectivas condenas doctrinales
del siglo XVI ya no se aplican a los interlocutores de nuestros días.

3.
LA INTERPRETACION COMUN DE LA JUSTIFICACION

14.
Las iglesias luterana y católica romana han escuchado juntas la buena nueva
proclamada en la Sagradas Escrituras. Esta escucha común, junto con las
conversaciones teológicas mantenidas en estos últimos años, forjaron una interpretación
de la justificación que ambas comparten. Dicha interpretación engloba un
consenso sobre los planteamientos básicos que, aun cuando difieran, las
explicaciones de las respectivas declaraciones no contradicen.

15.
En la fe, juntos tenemos la convicción de que la justificación es obra del Dios
trino. El Padre envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores.
Fundamento y postulado de la justificación es la encarnación, muerte y
resurrección de Cristo. Por lo tanto, la justificación significa que Cristo es
justicia nuestra, en la cual compartimos mediante el Espíritu Santo, conforme
con la voluntad del Padre. Juntos confesamos: «Sólo por gracia mediante la fe
en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito nuestro, somos aceptados
por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones,
capacitándonos y llamándonos a buenas obras» (11).

16.
Todos los seres humanos somos llamados por Dios a la salvación en Cristo. Sólo
a través de Él somos justificados cuando recibimos esta salvación en fe. La fe
es en sí don de Dios mediante el Espíritu Santo que opera en palabra y
sacramento en la comunidad de creyente y que, a la vez, les conduce a la
renovación de su vida que Dios habrá de consumar en la vida eterna.

17.
También compartimos la convicción de que el mensaje de la justificación nos
orienta sobre todo hacia el corazón del testimonio del Nuevo Testamento sobre
la acción redentora de Dios en Cristo: nos dice que en cuanto pecadores nuestra
nueva vida obedece únicamente al perdón y la misericordia renovadora que de
Dios imparte como un don y nosotros recibimos en la fe y nunca por mérito
propio cualquiera que éste sea.

18.
Por consiguiente, la doctrina de la justificación que recoge y explica este
mensaje es algo más que un elemento de la doctrina cristiana y establece un
vínculo esencial entre todos los postulados de la fe que han de considerarse
internamente relacionados entre sí. Constituye un criterio indispensable que
sirve constantemente para orientar hacia Cristo el magisterio y la práctica de
nuestras iglesias. Cuando los luteranos resaltan el significado sin parangón de
este criterio, no niegan la interrelación y el significado de todos los
postulados de la fe. Cuando los católicos se ven ligados por varios criterios,
tampoco niegan la función peculiar del mensaje de la justificación. Luteranos y
católicos compartimos la meta de confesar a Cristo en quien debemos creer
primordialmente por ser el solo mediador (1 Ti 2, 5-6) a través de quien Dios
se da a sí mismo en el Espíritu Santo y prodiga sus dones renovadores.

4.
EXPLICACION DE LA INTERPRETACION COMUN DE LA JUSTIFICACION

4.1.
La impotencia y el pecado humanos respecto a la justificación

19.
Juntos confesamos que en lo que atañe a su salvación, el ser humano depende
enteramente de la gracia redentora de Dios. La libertad de la cual dispone
respecto a las personas y a las cosas de este mundo no es tal respecto a la
salvación porque por ser pecador depende del juicio de Dios y es incapaz de
volverse hacia él en busca de redención, de merecer su justificación ante Dios
o de acceder a la salvación por sus propios medios. La justificación es obra de
la sola gracia de Dios. Puesto que católicos y luteranos lo confesamos juntos,
es válido decir que:

20.
Cuando los católicos afirman que el ser humano «coopera», aceptando la acción
justificadora de Dios, consideran que esa aceptación personal es en sí un fruto
de la gracia y no una acción que dimana de la innata capacidad humana.

21.
Según la enseñanza luterana, el ser humano es incapaz de contribuir a su
salvación porque en cuanto pecador se opone activamente a Dios y a su acción
redentora. Los luteranos no niegan que una persona pueda rechazar la obra de la
gracia, pero aseveran que sólo puede recibir la justificación ‘pasivamente’, lo
que excluye toda posibilidad de contribuir a la propia justificación de negar
que el creyente participa plena y personalmente en su fe, que se realiza por la
Palabra de Dios.

4.2.
La justificación en cuanto perdón del pecado y fuente de justicia

22.
Juntos confesamos que la gracia de Dios perdona el pecado del ser humano y, a
la vez, lo libera del poder avasallador del pecado, confiriéndole el don de una
nueva vida en Cristo. Cuando los seres humanos comparten en Cristo por fe, Dios
ya no les imputa sus pecados y mediante el Espíritu Santo les transmite un amor
activo. Estos dos elementos del obrar de la gracia de Dios no han de separarse
porque los seres humanos están unidos por la fe en Cristo que personifica
nuestra justificación (1 Co 1, 30), perdón del pecado y presencia redentora de
Dios. Puesto que católicos y luteranos lo confesamos juntos, es válido decir
que:

23.
Cuando los luteranos ponen el énfasis en que la justicia de Cristo es justicia
nuestra, por ello entienden insistir sobre todo en que la justicia ante Dios en
Cristo le es garantizada al pecador mediante la declaración de perdón y tan
sólo en la unión con Cristo su vida es renovada. Cuando subrayan que la gracia
de Dios es amor redentor («el favor de Dios») (12) no por ello niegan la renovación
de la vida del cristiano. Más bien quieren decir que la justificación está
exenta de la cooperación humana y no depende de los efectos renovadores de vida
que surte la gracia en el ser humano.

24.
Cuando los católicos hacen hincapié en la renovación de la persona desde dentro
al aceptar la gracia impartida al creyente como un don (13), quieren insistir
en que la gracia del perdón de Dios siempre conlleva un don de vida nueva que
en el Espíritu Santo, se convierte en verdadero amor activo. Por lo tanto, no
niegan que el don de la gracia de Dios en la justificación sea independiente de
la cooperación humana.

4.3.
Justificación por fe y por gracia

25.
Juntos confesamos que el pecador es justificado por la fe en la acción
salvífica de Dios en Cristo. Por obra del Espíritu Santo en el bautismo, se le
concede el don de salvación que sienta las bases de la vida cristiana en su
conjunto. Confían en la promesa de la gracia divina por la fe justificadora que
es esperanza en Dios y amor por él. Dicha fe es activa en el amor y, entonces,
el cristiano no puede ni debe quedarse sin obras, pero todo lo que en el ser
humano antecede o sucede al libre don de la fe no es motivo de justificación ni
la merece.

26.
Según la interpretación luterana, el pecador es justificado sólo por la fe
(‘sola fide’). Por fe pone su plena confianza en el Creador y Redentor con
quien vive en comunión. Dios mismo insufla esa fe, generando tal confianza en
su palabra creativa. Porque la obra de Dios es una nueva creación, incide en
todas las dimensiones del ser humano, conduciéndolo a una vida de amor y
esperanza. En la doctrina de la «justificación por la sola fe» se hace una
distinción entre la justificación propiamente dicha y la renovación de la vida
que forzosamente proviene de la justificación, sin la cual no existe la fe,
pero ello no significa que se separen una y otra. Por consiguiente, se da el
fundamento de la renovación de la vida que proviene del amor que Dios otorga al
ser humano en la justificación. Justificación y renovación son una en Cristo
quien está presente en la fe.

27.
En la interpretación católica también se considera que la fe es fundamental en
la justificación. Porque sin fe no puede haber justificación. El ser humano es
justificado mediante el bautismo en cuanto oyente y creyente de la palabra. La
justificación del pecador es perdón de los pecados y volverse justo por la
gracia justificadora que nos hace hijos de Dios. En la justificación, el justo
recibe de Cristo la fe, la esperanza y el amor, que lo incorporan a la comunión
con él (14). Esta nueva relación personal con Dios se funda totalmente en la
gracia y depende constantemente de la obra salvífica y creativa de Dios
misericordioso que es fiel a sí mismo para que se pueda confiar en él. De ahí
que la gracia justificadora no sea nunca una posesión humana a la que se puede
apelar ante Dios. La enseñanza católica pone el énfasis en la renovación de la
vida por la gracia justificadora; esta renovación en la fe, la esperanza y el
amor siempre depende de la gracia insondable de Dios y no contribuye en nada a
la justificación de la cual se podría hacer alarde ante Él (Ro 3, 27).

4.4.
El pecador justificado

28.
Juntos confesamos que en el bautismo, el Espíritu Santo nos hace uno en Cristo,
justifica y renueva verdaderamente al ser humano, pero el justificado, a lo
largo de toda su vida, debe acudir constantemente a la gracia incondicional y
justificadora de Dios. Por estar expuesto, también constantemente, al poder del
pecado y a sus ataques apremiantes (cf. Ro 6, 12-14), el ser humano no está
eximido de luchar durante toda su vida con la oposición a Dios y la codicia
egoísta del viejo Adán (cf. Gá 5, 16 y Ro 7, 7-10). Asimismo, el justificado
debe pedir perdón a Dios todos los días, como en el Padrenuestro (Mt 6, 12 y 1
Jn 1, 9), y es el llamado incesantemente a la conversión y la penitencia, y
perdonado una y otra vez.

29.
Los luteranos entienden que ser cristiano es ser «al mismo tiempo justo y
pecador». El creyente es plenamente justo porque Dios le perdona sus pecados
mediante la Palabra y el Sacramento, y le concede la justicia de Cristo que él
hace suya en la fe. En Cristo, el creyente se vuelve justo ante Dios pero
viéndose a sí mismo, reconoce que también sigue siendo totalmente pecador; el
pecado sigue viviendo en él (1 Jn 1, 8 y Ro 7, 17-20), porque se torna una y
otra vez hacia falsos dioses y no ama a Dios con ese amor íntegro que debería
profesar a su Creador (Dt 6, 5 y Mt 22, 36-40). Esta oposición a Dios es en sí
un verdadero pecado pero su poder avasallador se quebranta por mérito de Cristo
y ya no domina al cristiano porque es dominado por Cristo a quien el
justificado está unido por la fe. En esta vida, entonces, el cristiano puede
llevar una existencia medianamente justa. A pesar del pecado, el cristiano ya no
está separado de Dios porque renace en el diario retorno al bautismo, y a quien
ha renacido por el bautismo y el Espíritu Santo, se le perdona ese pecado. De
ahí que el pecado ya no conduzca a la condenación y la muerte eterna (15). Por
lo tanto, cuando los luteranos dicen que el justificado es también pecador y
que su oposición a Dios es un pecado en sí, no niegan que, a pesar de ese
pecado, no sean separados de Dios y que dicho pecado sea un pecado «dominado».
En estas afirmaciones coinciden con los católicos romanos, a pesar de la
diferencia de interpretación del pecado en el justificado.

30.
Los católicos mantienen que la gracia impartida por Jesucristo en el bautismo
lava de todo aquello que es pecado «propiamente dicho» y que es pasible de
«condenación» (Ro 8, 1) (16). Pero de todos modos, en el ser humano queda una
propensión (concupiscencia) que proviene del pecado y compele al pecado. Dado
que según la convicción católica, el pecado siempre entraña un elemento
personal y dado que este elemento no interviene en dicha propensión, los
católicos no la consideran pecado propiamente dicho. Por lo tanto, no niegan
que esta propensión no corresponda al designio inicial de Dios para la
humanidad ni que esté en contradicción con Él y sea un enemigo que hay que
combatir a lo largo de toda la vida. Agradecidos por la redención en Cristo,
subrayan que esta propensión que se opone a Dios no merece el castigo de la
muerte eterna ni aparta de Dios al justificado. Ahora bien, una vez que el ser
humano se aparta de Dios por voluntad propia, no basta con que vuelva a
observar los mandamientos ya que debe recibir perdón y paz en el Sacramento de
la Reconciliación mediante la palabra de perdón que le es dado en virtud de la
labor reconciliadora de Dios en Cristo.

4.
5 Ley y Evangelio

31.
Juntos confesamos que el ser humano es justificado por la fe en el Evangelio
«sin las obras de la Ley» (Ro 3, 28). Cristo cumplió con ella y, por su muerte
y resurrección, la superó cuanto medio de salvación. Asimismo, confesamos que
los mandamientos de Dios conservan toda su validez para el justificado y que
Cristo, mediante su magisterio y ejemplo, expresó la voluntad de Dios que
también es norma de conducta para el justificado.

32.
Los luteranos declaran que para comprender la justificación es preciso hacer
una distinción y establecer un orden entre ley y Evangelio. En teología, ley
significa demanda y acusación. Por ser pecadores, a lo largo de la vida de
todos los seres humanos, cristianos incluidos, pesa esta acusación que revela
su pecado para que mediante la fe en el Evangelio se encomienden sin reservas a
la misericordia de Dios en Cristo que es la única que los justifica.

33.
Puesto que la ley en cuanto medio de salvación fue cumplida y superada a través
del Evangelio, los católicos pueden decir que Cristo no es un «legislador» como
lo fue Moisés. Cuando los católicos hacen hincapié en que el justo está
obligado a observar los mandamientos de Dios, no por ello niegan que mediante
Jesucristo, Dios ha prometido misericordiosamente a sus hijos, la gracia de la
vida eterna (18).

4.
6 Certeza de salvación

34.
Juntos confesamos que el creyente puede confiar en la misericordia y en las
promesas de Dios. A pesar de su propia flaqueza y de las múltiples amenazas que
acechan su fe, en virtud de la muerte y resurrección de Cristo puede edificar a
partir de la promesa efectiva de la gracia de Dios en la Palabra y el
Sacramento y estar seguros de esta gracia.

35.
Los reformadores pusieron un énfasis particular en ello: en medio de la tentación,
el creyente no debería mirarse a sí mismo sino contemplar únicamente a Cristo y
confiar tan sólo en Él. Al confiar en la promesa de Dios, tiene la certeza de
su salvación que nunca tendrá mirándose a sí mismo.

36.
Los católicos pueden compartir la preocupación de los reformadores por arraigar
la fe en la realidad objetiva de la promesa de Cristo, prescindiendo de la
propia experiencia y confiando sólo en la Palabra de perdón de Cristo (cf. Mt
16, 19 y 18, 18). Con el Concilio Vaticano II, los católicos declaran: Tener fe
es encomendarse plenamente a Dios (19) que nos libera de la oscuridad del
pecado y la muerte y nos despierta a la vida eterna (20). Al respecto, cabe
señalar que no se puede creer en Dios y, a la vez, considerar que la divina
promesa es indigna de confianza. Nadie puede dudar de la misericordia de Dios
ni del mérito de Cristo. No obstante, todo ser humano puede interrogarse acerca
de su salvación, al constatar sus flaquezas e imperfecciones. Ahora bien,
reconociendo sus propios defectos puede tener la certeza de que Dios ha
previsto su salvación.

4.
7 Las buenas obras del justificado

37.
Juntos confesamos que las buenas obras, una vida cristiana de fe, esperanza y
amor, surgen después de la justificación y son fruto de ella. Cuando el justificado
vive en Cristo y actúa en la gracia que le fue concedida, en términos bíblicos,
produce buen fruto. Dado que el cristiano lucha contra el pecado toda su vida,
esta consecuencia de la justificación también es para él un deber que debe
cumplir. Por consiguiente, tanto Jesús como los escritos apostólicos amonestan
al cristiano a producir las obras del amor.

38.
Según la interpretación católica, las buenas obras, posibilitadas por obra y
gracia del Espíritu Santo, contribuyen a crecer en gracia para que la justicia
de Dios sea preservada y se ahonde la comunión en Cristo. Cuando los católicos
afirman el carácter «meritorio» de las buenas obras, por ello entienden que,
conforme al testimonio bíblico, se les promete una recompensa en el cielo. Su
intención no es cuestionar la índole de esas obras en cuanto don, ni mucho
menos negar que la justificación siempre es un don inmerecido de la gracia,
sino poner el énfasis en la responsabilidad del ser humano por sus actos.

39.
Los luteranos también sustentan el concepto de preservar la gracia y de crecer
en gracia y fe, haciendo hincapié en que la justicia en canto ser aceptado por
Dios y compartir la justicia de Cristo es siempre completa. Asimismo, declaran
que puede haber crecimiento por su incidencia en la vida cristiana. Cuando
consideran que las buenas obras del cristiano son frutos y señales de la
justificación y no de los propios «méritos», también entienden por ellos que,
conforme al Nuevo Testamento, la vida eterna es una «recompensa» inmerecida en
el sentido del cumplimiento de la promesa de Dios al creyente.

5.
SIGNIFICADO Y ALCANCE DEL CONSENSO LOGRADO

40.
La interpretación de la doctrina de la justificación expuesta en la presente
declaración demuestra que entre luteranos y católicos hay consenso respecto a
los postulados fundamentales de dicha doctrina. A la luz de este consenso, las
diferencias restantes de lenguaje, elaboración teológica y énfasis, descritas
en los párrafos 18 a 39, son aceptables. Por lo tanto, las diferencias de las
explicaciones luterana y católica de la justificación están abiertas unas a
otras y no desbarata el consenso relativo a los postulados fundamentales.

41.
De ahí que las condenas doctrinales del siglo XVI, por lo menos en lo que atañe
a la doctrina de la justificación, se vean con nuevos ojos: las condenas del
Concilio de Trento no se aplican al magisterio de las iglesias luteranas
expuesto en la presente declaración y, la condenas de las Confesiones
Luteranas, no se aplican al magisterio de la Iglesia Católica Romana, expuesto
en la presente declaración.

42.
Ello no quita seriedad alguna a las condenas relativas a la doctrina de la
justificación. Algunas distaban de ser simples futilidades y siguen siendo para
nosotros «advertencias saludables» a las cuales debemos atender en nuestro
magisterio y práctica (21).

43.
Nuestro consenso respecto a los postulados fundamentales de la doctrina de la
justificación debe llegar a influir en la vida y el magisterio de nuestras
iglesias. Allí se comprobará. Al respecto subsisten cuestiones de mayor o menor
importancia que requieren ulterior aclaración, entre ellas, temas tales como:
la relación entre la Palabra de Dios y la doctrina de la iglesia, eclesiología,
autoridad de la iglesia, ministerio, los sacramentos y la relación entre
justificación y ética social. Estamos convencidos de que el consenso que hemos
alcanzado sienta sólidas bases para esta aclaración. Las iglesias luteranas y
la Iglesia Católica Romana seguirán bregando juntas por profundizar esta
interpretación común de la justificación y hacerla fructificar en la vida y el
magisterio de las iglesias.

44.
Damos gracias al Señor por este paso decisivo en el camino de superar la
división de la iglesia. Pedimos al Espíritu Santo que nos siga conduciendo
hacia esa unidad visible que es voluntad de Cristo.

(1)
Artículos de Esmascalda, II, 1; Libro de concordia, 292.

(2) «Rector et judex
super omnia genera doctrinarum» Weimar Edition of Luther’s Works (WA), 39, I,
205.

(3)
Cabe señalar que las confesiones vinculantes de algunas iglesias luteranas sólo
abarcan la Confesión de Ausburgo y el Catecismo menor de Lutero, textos que no
contienen condenas acerca de la justificación en relación con la Iglesia
católica romana.

(4) «Report of the Joint
Lutheran-Roman Catholic Sutdy Comission», publicado en «Growth in Agreement»
(Nueva York; Ginebra, 1984) – pp. 168-189.

(5)
Publicado por la Federación Luterana Mundial (Ginebra, 1994).

(6) «Lutheran and
Catholics in Dialogue VII» (Minneapolis, 1985).

(7) Minneapolis, 1990.

(8) Gemeinsame
Stellungnahme der Arnoldshainer Konferenz, der Vereinigten Kirche und des
Deutschen Nationalkomitees des Lutherischen Weltbundes zum Dokument
«Lehrverurteilungen-kirchentrennend» Ökumenische Rundschau 44 (1995)
: 99-102; including the position papers wich underlie this resolution, cf.
Lehrverurteilungen im Gespräch, Die ersten offiziellen Stellungnahmen aus den
evangelischen Kirchen in Deutschland (Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht,
1993).

(9)
En la presente declaración la palabra «iglesia» se utiliza para reflejar las
propias interpretaciones de las iglesias participantes sin que se pretenda
resolver ninguna de las cuestiones eclesiológicas relativas a dicho término.

(10) Cf. «Malta Report»
paras. 26-30 «Justification by Faith», paras. 122-147. At the request of the Us
dialogue on justification, the non-Pauline New Testament texts were addressed
in «Righteousness in the New Testament», by John Reumann, with responses by
Joseph A. Fitzmyer and Jerome D. Quinn (Philadelphia; New York, 1982), pp. 124-180.
The results of this study were summarized in the dialogue report «Justification
by Faith» in paras. 139-142.

(11) «All Under One
Christ» p. 14 in «Growth in Agreement», 241-247.

(12) Cf. WA 8:106;
American Edition 32:227.

(13)
Cf. DS 1528

(14)
Cf. DS 1530

(15)
Cf. Apology II: 38-45, Libro de concordia, 105f.

(16) Cf. DS 1515

(17) Cf. DS 1515

(18) Cf. 1545

(19) Cf. DV 5.

(20) Cf. DV 4.

(21) «Condemnations of
the Reformation Era», 27.

Nota
del traductor: se dejaron en inglés o alemán las notas al pie de página y los
documentos de referencia que no se han publicado en español.

ACLARACIONES
DE LA SANTA SEDE A LA DECLARACION CONJUNTA

Al
presentar el 25 de junio en la Sala de Prensa de la Santa Sede la «Declaración
conjunta sobre la doctrina de la justificación», el cardenal Edward I. Cassidy,
prefecto del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, ilustró
algunas cuestiones del documento que todavía tienen que aclararse para que
alcance el acuerdo total por parte de la Santa Sede. El cardenal puso en
evidencia que este documento, «sin lugar a dudas, debe ser entendido como un
eminente resultado del movimiento ecuménico y como un hito en el camino hacia
el restablecimiento de la plena unidad visible entre los discípulos del único
Señor y Salvador Jesucristo». El purpurado reveló que por parte católica, el
proyecto ha sido examinado principalmente por la Congregación para la Doctrina
de la Fe y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los
Cristianos. Asimismo, aseguró que la Santa Sede ha recibido una considerable
ayuda de los comentarios ofrecidos por varias Conferencias Episcopales de
países en los que un significativo número de luteranos y católicos viven
juntos.

Los
límites de la declaración Cassidy explicó que «Al mismo tiempo, la declaración
común tiene sus límites. Constituye un importante progreso, pero no pretende
resolver todas las cuestiones que luteranos y católicos deben afrontar juntos
en el camino que han emprendido para superar su separación y llegar a la plena
unidad visible». «La Iglesia católica cree que no se puede hablar aún de un
consenso tal que elimine toda diferencia entre católicos y luteranos en la
comprensión de la justificación». «Las dificultades principales son las
relativas al párrafo 4.4 de la declaración común, sobre la persona justificada
como pecadora. (…) La explicación luterana parece en contradicción con la
comprensión católica del bautismo, que borra todo lo que puede ser propiamente
definido como pecado». «Uno de los puntos más debatidos de la declaración común
se refiere a la cuestión tratada en el n. 18, relativa al modo según el cual
los luteranos comprenden la justificación, que para ellos constituye el
criterio sobre el que se basa la vida y la praxis de la Iglesia (…). También
para los católicos, la doctrina de la justificación es ‘un criterio
indispensable que constantemente orienta hacia Cristo toda la enseñanza y la
praxis de nuestras Iglesias’. Los católicos, sin embargo, ‘se sienten
vinculados por múltiples criterios’ y la Nota enumera estos últimos». «Con
satisfacción, la Iglesia Católica ha puesto en evidencia que el n. 21 (…)
declara que el hombre puede rechazar la gracia; pero hay que afirmar también
que, junto a la libertad de rechazar, existe en la persona justificada una
nueva capacidad para adherirse a la voluntad divina, una capacidad que
–justamente– se define como ‘cooperatio’. Teniendo en cuenta este modo de
comprender, y notando también que en el n. 17 luteranos y católicos expresan la
convicción común de que la nueva vida proviene de la misericordia divina, y no
de un mérito nuestro de cualquier tipo, no se ve bien cómo el término ‘mere
passive’ pueda ser usado a este propósito por los luteranos». «La Iglesia
católica mantiene también, junto con los Luteranos, que las buenas obras de la
persona justificada son siempre fruto de la gracia. Al mismo tiempo, y sin
disminuir mínimamente la total iniciativa divina, ésta (la Iglesia) las
considera fruto del hombre justificado e interiormente transformado. Por lo
tanto, se puede afirmar que la vida eterna es, al mismo tiempo, gracia y
recompensa dada por Dios por las buenas obras y los méritos». «Sería
especialmente deseable proceder a una reflexión más profunda sobre el
fundamento bíblico que constituye, tanto para los luteranos como para los
católicos, la base común de la doctrina de la justificación». «El acto formal
de la firma de la declaración común está fijado para el próximo otoño, en una
fecha que todavía no se ha establecido y en el marco de las celebraciones por
el consenso alcanzado».