Los pactos y promesas bíblicas de Dios.

«Amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón,

con toda tu alma y con toda tu fuerza«

(Deuteronomio 6:5)

«Un pacto, aunque sea de hombre, una vez

ratificado, nadie lo invalida ni le añade»

(Gálatas 3:15)

EL PACTO

Un pacto es un contrato o acuerdo entre dos o más partes. Pero el Pacto
entre Dios y el género humano es la modalidad a través de la cual Dios
ha escogido comunicarse con nosotros, redimirnos y garantizarnos vida eterna en
Cristo Jesús. Estas verdades reveladas en la Biblia son la base del cristianismo. La Biblia es el documento del Pacto. El Antiguo y el
Nuevo Testamento son en realidad los Pactos Antiguo y Nuevo si tomamos en
cuenta que la palabra Testamento proviene del vocablo latino
que significa Pacto.

Existe un patrón con respecto a los Pactos contenidos
en la Biblia. Básicamente tal patrón o modelo es la parte que toma la iniciativa y que no se
describe a sí misma y lo que ha hecho. Luego hay una lista de obligaciones mutuas entre las distintas partes que
intervienen en el Pacto. A continuación está la parte que trata de las
recompensas y los castigos que se relacionan con el cumplimiento o el
quebrantamiento del Pacto.

La idea de Pacto podría expresarse
como que Dios habla a su pueblo y le dice: Si me amas y lo demuestras guardando
mis preceptos, yo seré tu Dios y tú serás mi Pueblo consagrado y mi propiedad personal; todas mis bendiciones estarán sobre ti. Pero si me
abandonas, tendrás que experimentar qué duro es dejar a tu Dios.

El Pacto es cómo Dios decidió inicialmente tratar con
la humanidad, y esto lo sabemos a partir del estudio del Pacto Eterno
mencionado en Hebreos 13:20, donde dice: «Y el Dios de la paz que
levantó de entre los muertos al gran Pastor de las ovejas en virtud de la 
Sangre de una alianza eterna, a Jesús, Señor nuestro«. En este Pacto, Dios Padre y el Hijo realizaron
un acuerdo concerniente a los elegidos. Este pacto fue establecido antes de
que el Universo fuera creado, y consistía en que el Padre
prometió traer al Hijo a todos cuantos el Padre lo diera. El Apóstol Juan nos
lo dice con claridad: «Padre, los que tú me has dado, quiero que
donde yo esté estén también conmigo para que contemplen mi gloria, la que me
has dado porque me has amado antes de la creación del mundo»
 (Juan
17:24).

El Pacto Eterno lleva entonces al Pacto de la Gracia. Mientras que el Pacto Eterno fue hecho entre el Padre y el Hijo, el Pacto de Gracia es establecido entre Dios y el hombre. Este último Pacto es aquel en que Dios le promete al hombre la salvación eterna sobre la base del sacrificio de Jesucristo en la cruz. Tal Pacto se manifiesta en nuestro mundo en una sucesión de Pactos adicionales que Dios hizo con los seres humanos.

NATURALEZA DE LOS PACTOS

Por lo general los Pactos fueron hechos por Dios con
un pueblo de pactos: Israel. El apóstol Pablo declara en Romanos 9:4 que la nación de Israel había recibido Pactos del Seño, y
aclara en Efesios 2:11-13 que los gentiles no han recibido ninguno de tales Pactos y, por
consiguiente, no gozan de las relaciones de estos Pactos con Dios.

Estos dos pasajes bíblicos nos muestran en forma
negativa que los gentiles no gozaban de las relaciones de estos Pactos, y de
forma positiva que Dios había entrado en relaciones de Pactos con Israel. Pero
en Cristo los gentiles han llegado a ser participantes del Nuevo Pacto y, por
consiguiente, de las bendiciones del mismo.

El Pacto sólo incluye a los que están amparados por
él. Pero también podemos ver que el Pacto con David afectaría la descendencia
del propio Davis, es decir, a Cristo, quien habría que cumplir con dicho Pacto.
Pero en el proceso desde la promesa hasta el cumplimiento, Dios
proveyó protección a los descendientes de David, quienes habrían de estar en el
árbol genealógico de Jesús. De esta manera estas personas se beneficiaron
indirectamente del Pacto con David.

Cuando miramos la historia de la salvación vemos que siempre ha sido igual
la manera en que Dios ha tratado al hombre con quien pactaba. El Pacto de Dios
con Abraham fue para él y su descendencia, pero solamente por la línea de
Isaac, no por Ismael; por Jacob, y no por Esaú. En la actualidad los hijos de
Abraham, de acuerdo al Pacto y la promesa, son los de la Casa de Israel. Pero
esto no significa que los demás no recibieron bendiciones indirectas de dichos
Pactos.

DEFINICIONES:
Pacto: Alianza, Arca, Convenio (Biblia plenitud), Convenio que expresa la relación especial de Jehová con su pueblo y resume la forma y estructura de la religión bíblica en ambos testamentos. La palabra hebrea (berit) aparece 285 veces en el Antiguo Testamento y la palabra griega (diatheke) 33 veces en el Nuevo Testamento; ambas se traducen «pacto» (Nuevo diccionario ilustrado de la biblia)

Hay
varias cosas que tenemos que saber acerca de los pactos antes de profundizar en
el tema.

  • Dios hace pactos (Jeremías 31:31)
  • Dios
    guarda sus Pactos (Deuteronomio 7:9)
  • Dios
    Revela sus Pactos (Deuteronomio 4:13)
  • Dios
    hace posible sus Pactos (Efesios 2:11-13)

Entonces
de antemano te digo que los pactos que Dios hizo con la humanidad, El mismo los
inicio y no el hombre. ¿por que razón? La Razón es simple…Solo Dios puede
cumplir con los 4 puntos anteriores.

En
todos los pactos que Dios a hecho se encuentran las marcas de legitimidad,
miremos:

  • LAS
    PALABRAS DEL PACTO: Estas incluían Promesas, Términos, y Juramentos
  • LA
    SANGRE DEL PACTO: Este requería un sacrificio, un Mediador, y un Santuario
  • EL
    SELLO DEL PACTO: Este servía como recordatorio del pacto y también mostraba que
    el pacto era autentico.

PACTOS CONDICIONALES E INCONDICIONALES

Los Pactos de Dios contenidos en la Biblia se
clasifican en dos clases: aquellos que son condicionales y los que son
incondicionales.

Un Pacto condicional es uno en el cual la acción de Dios es en respuesta a alguna acción de parte
de aquellos a quienes va dirigido el Pacto, lo cual garantiza que Dios hará su
parte con absoluta certeza cuando se satisfacen los requisitos humanos. Pero
si el hombre fracasa, Dios no está obligado a cumplir con su
parte del Pacto.

Un Pacto incondicional, mientras que no puede incluir ciertas contingencias humanas, es una declaración de cierto propósito de Dios, y las promesas de un Pacto incondicional serán ciertamente cumplidas en el tiempo y a la manera de Dios. Un Pacto incondicional se distingue de uno condicional por el hecho de que su cumplimiento esencial es prometido por Dios y depende del poder y la soberanía del propio Dios.

LOS
PACTOS

A continuación analizaremos cada uno de los Pactos bíblicos:

El Pacto Adámico (Adán)

«Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza
mientras acechas tú su calcañar. A 
la mujer le dijo: Tantas haré tus fatigas cuantos sean
tus embarazos: con dolor parirás a tus hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia,
y él te dominará. Al hombre le dijo: Por haber escuchado la voz de tu mujer y
comido del árbol que yo te había prohibido comer, maldito sea el 
suelo por tu causa; sacarás de él el alimento con
fatiga todos los días de tu vida
«.

(Génesis 3:15-17)

El Pacto Adámico fue el primer Pacto que Dios hizo con
el hombre. Fue un pacto condicional con Adán en el cual la vida y bendición
la muerte y maldición dependían de la fidelidad de Adán
hacia Dios. Incluía el dar a Adán la responsabilidad de ser el padre de la raza humana, sojuzgar
la tierra, tener dominio sobre los animales, cuidar las cosechas y no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Por haber fracasado Adán y
Eva al comer la fruta prohibida, fue impuesta la muerte por su desobediencia. Adán y Eva murieron
espiritualmente de inmediato y necesitaron nacer de nuevo para ser dignos de la
salvación. Más tarde murieron también físicamente. Su pecado hundió a toda la raza humana en el pecado y en
la muerte.

Pero posteriormente Dios hizo este Pacto con toda la
raza humana después de la caída. Es un Pacto en el que Dios declara al hombre
lo que será su vida por causa del pecado.

Como un todo, este Pacto condiciona la vida humana. Se declara maldita a la serpiente utilizada por Satanás, se da la promesa del Redentor la cual es cumplida en Cristo, se detalla el lugar de la mujer en cuanto a quedar sujeta al dolor y a la pena en la maternidad, y en cuanto a la posición del hombre como cabeza de familia. El hombre, en lo sucesivo, deberá ganarse el pan con el sudor de su frente, y su vida será dolorosa y con la muerte física como final.

El Pacto Noémico (Noé)

«Dijo Dios: Esta es la señal de la alianza que
establezco para futuras generaciones entre Yo y vosotros y todo ser vivo que os
acompaña: pongo mi arco en las nubes, que servirá de señal de la alianza entre
Yo y 
la tierra. Cuando Yo anuble con nubes la tierra, entonces se
verá el arco en las nubes y me acordaré de la alianza que media entre Yo y
vosotros y todo ser vivo. Ya no habrá más aguas diluviales que exterminen la
vida. Pues en cuanto aparezca el arco en las nubes, yo lo veré y me acordaré de
la alianza perpetua entre Dios y todo ser vivo, toda la vida que existe sobre
la tierra»

(Génesis 9:12-16)

Este pacto fue hecho con Noé y sus hijos y, mientras
que repite algunos rasgos del Pacto Adámico, introdujo algunos principios nuevos de gobiernohumano como un medio para frenar el pecado.

Las provisiones del Pacto incluían el establecimiento
de la pena capital para aquellos que tomaran la vida de otro
hombre. Fue reafirmado el orden normal de la naturaleza, y al hombre se le permitió comer carne fresca de
animales en lugar de alimentarse solamente de vegetales, como parece haberlo
hecho antes del Diluvio.

El Pacto con Noé incluía la profecía concerniente a los descendientes de sus tres hijos, y designaba a Sem como el único de quien vendría la línea divina que seguiría hasta la llegada del mesías. El dominio de las naciones gentiles en la historia del mundo está implicado en la profecía concerniente a Jafet (Génesis 9:25-27). Así como el Pacto Adámico introdujo la dispensación de la conciencia, así el Pacto Noémico introdujo la dispensación del gobierno humano.

El Pacto Abrahamánico (Abraham)

«Cuando Abraham tenía noventa y nueve años se le
apareció Yahvé y le dijo: Yo soy El Sadday, anda en mi presencia y sé perfecto.
Yo establezco mi alianza entre nosotros dos y te multiplicaré sobremanera. Cayó
Abraham rostro en tierra y Dios le habló así: Por mi parte esta es una alianza
contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás más
Abrán, sino que tu nombre será Abraham, pues te he constituido padre de una
muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos y
reyas saldrán de ti. Estableceré mi alianza entre nosotros dos y también con tu
descendencia, de generación en generación: una alianza eterna, de ser Yo tu
Dios y el de tu posteridad. Te daré a ti y a tu posteridad la tierra en la que
andas como peregrino, todo el país de Canaán en posesión perpetua, y Yo seré el
Dios de los tuyos»

(Génesis 17:1-8)

Nota:
El significado del nombre Abrán es que es grande en
cuanto a su padre; es de noble linaje
. En cambio el nombre Abraham significa padre
de multitud
. El término El Shadday era el antiguo nombre
divino de la época patriarcal.

El primero de los Pactos hechos por Dios con la nación de Israel fue el Pacto Abrahamánico, del que
abundan referencias en la Biblia. Este Pacto tiene una importante influencia
sobre la doctrina de la Salvación por Jesucristo. Pablo de Tarso, escribiendo a
los gálatas dice que los creyentes entran en las bendiciones prometidas a
Abraham (Gálatas 3:8-9). Puede decirse que el Pacto Abrahamánico es la base de
los demás Pactos con el pueblo de Israel. Las promesas de tierra de este Pacto
con Abraham se desarrollan en el Pacto Mesiánico, las promesas acerca de la
simiente se desarrollan en el Pacto Davídico, y las promesas de bendiciones se
desarrollan en el Nuevo Pacto.

El Pacto Abrahamánico es una de las grandes
revelaciones de Dios concernientes a la historia futura, y en él fueron dadas
profundas promesas a lo largo de tres líneas. Primero, fueron dadas promesas a
Abraham de que él tendría gran descendencia (Génesis 17:16), que tendría mucha
bendición personal (Génesis 13:14-15, 17 y 24:35), que su nombre sería grande (Génesis
12:2) y que él personalmente sería una bendición (Génesis 12:2).

Segundo, a través de Abraham fue hecha la promesa de
que emergería una gran nación (Génesis 12:2). En el propósito de Dios esto se
refiere a Israel y los descendientes de Jacob, quienes formaron las doce tribus
de Israel. A esta nación le fue dada la promesa de la tierra (Génesis 12:7).

Una tercera área principal del Pacto fue la promesa de
que por medio de Abraham vendría bendición al mundo entero (Génesis 12:3). Esto
tendría su cumplimiento en que Israel sería el canal principal de la revelación
divina de Dios, la fuente de los profetas, quienes revelarían a Dios. En forma
suprema, la bendición a las naciones sería dada a través de Jesucristo, quien
sería un descendiente de Abraham. Dada la revelación especial con Dios, Él
pronunció una solemne maldición sobre aquellos que maldijeran a Israel, y una
bendición a quienes bendijeran a Israel (Génesis 12:3).

El Pacto con Abraham, como el Adámico y el de Noé, es incondicional. Mientras que cualquier generación particular de Israel podía disfrutar de sus provisiones del Pacto con tan solo ser obedientes, también podían ser guiados hacia la cautividad si eran desobedientes. El propósito esencial de Dios para bendecir a Israel, para proveer redención a través de Israel y para traerle a la Tierra Prometida, es total porque depende del poder soberano y voluntad de Dios más que de los hombres. A pesar de los muchos fracasos de Israel en el Antiguo Testamento, Dios se reveló a sí mismo y encauzó la escritura de los textos sagrados.

El Pacto Mosaico o Sinaítico (Moisés)

«Él (Dios) respondió: Yo voy a hacer una alianza;
delante de tu pueblo realizaré maravillas cual no se han hecho en toda la
tierra o en nación alguna. Y todo el pueblo que te rodea verá lo terrible que
es la obra de Yahvé que Yo haré contigo. Observa lo que Yo te mando hoy;
expulsaré delante de ti al amorreo, al cananeo, al hitita, al perizita, al
jivita y al jabuseo. Guárdate de hacer alianza con los habitantes del país
donde vas a entrar, pues sería un lazo en medio de ti. Destruid sus altares,
destrozad sus estelas y romped sus cipos.

No te postres ante un Dios extraño, pues Yahvé de
llama Celoso, es un Dios celoso. No hagas alianza con los habitantes del país,
pues cuando se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan con sus dioses y les
ofrezcan sacrificios, te invitarás a participar en sus sacrificios. No tomes a
sus hijas para tus hijos, pues sus hijas se prostituirán con sus dioses y
prostituirán a tus hijos con sus dioses.

No te hagas dioses del metal fundido. Guarda la fiesta
de los Ázimos; durante siete días comerás ázimos, como te mandé, en el tiempo
señalado del mes de Abib, pues en el mes de Abib saliste de 
Egipto.

Todo primogénito es mío y todo primer nacido macho, de
vaca o de oveja, es mío. El primer nacido de asno lo rescatarás con una oveja;
y si no lo rescatas, lo desnucarás. Rescatarás todos los primogénitos de tus
hijos. Nadie se presentará antes mí con las manos vacías.

Durante seis días trabajarás, pero el séptimo
descansarás; en la siembra y en la siega, descansarás. Celebrarás la fiesta de
las Semanas, al comenzar la siega del trigo, y la fiesta de la Cosecha, al
final del año.

Tres veces al año se presentarán todos tus varones
ante el Señor Yahvé, Dios de Israel. Cuando expulse a las naciones delante de
ti y ensanche tus fronteras, nadie codiciará tu tierra cuando subas, tres veces
al año, a presentarte ante Yahvé, tu Dios. No ofrezcas pan fermentado junto con
la sangre de mi sacrificio, ni guardes para el día siguiente parte de la
víctima de la Pascua. Lleva a la casa de Yahvé, tu Dios, los primeros frutos
del suelo. No cuezas el cabrito en la 
leche de su madre.

Yahvé dijo a Moisés: Escribe estas palabras, pues a
tenor de ellas hago alianza contigo y con Israel.

(Éxodo 34:10-27)

El Pacto Mosaico fue dado a través de Moisés para los
hijos de Israel mientras estaban viajando desde Egipto hacia la Tierra
Prometida (Éxodo 20:1-18). En Éxodo, y ampliado en muchas otras partes de la
Sagrada Escritura, Dios le dio a Moisés la Ley que serviría para ordenar su relación con el
pueblo de Israel. Todos los Mandamientos están clasificados en tres divisiones
principales:

  • a) Los
    Mandamientos, conteniendo la voluntad expresada por Dios (Éxodo 21:1, 24:11).
  • b) Los
    Juicios, relacionados con la vida social y cívica de Israel (Éxodo 21:1, 24:11)
  • c) Las Ordenanzas (Éxodo 24:12, 31:18).

La Ley Mosaica era un Pacto condicional e incorporaba el principio de que si Israel era obediente, Dios les bendeciría. Pero si Israel era desobediente, Dios les maldeciría y les disciplinaría. Aunque ya se había anticipado que Israel fracasaría, Dios prometió que Él no abandonaría a su pueblo (Jeremías 30:11). El Pacto Mosaico también fue temporal y finalizaría en la cruz de Cristo. Aunque contenía elementos de gracia, era básicamente un Pacto de obras.

El Pacto Davídico (David)

«Ahora, pues, di esto a mi siervo David: Así
habla Yahvé Sebaot: Yo te tomé del pastizal, de detrás del rebaño, para que
fueses caudillo de mi pueblo, Israel. He 
estado contigo dondequiera has ido para que fueses
caudillo de mi pueblo, Israel. He estado contigo dondequiera has ido, he
eliminado de delante de ti a todos tus enemigos y voy a hacer de ti una 
personalidad, como los grandes personajes de la tierra. Fijaré un
lugar a mi pueblo, Israel, y lo plantaré allí para que more en él; no será ya
perturbado y los malhechores no seguirán oprimiéndolo como antes, cuando
instituí jueces en mi pueblo, Israel. Y haré que estés en paz con todos tus
enemigos. Yahvé te anuncia que Yahvé te edificará una casa. Y cuando tus días
se hayan acabado y te entierren con tus padres, reafirmaré a la descendencia
que salga de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. Él construirá
una casa para mi Nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.
Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Si hace algo malo, le
castigaré con vara de hombres, pero no apartaré de él mi 
amor, como lo aparté de Saúl, a quien quité de delante de
mí. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme
eternamente
«.

(2ª. Samuel 7:8-16)

En las promesas del Pacto Davídico hecho entre Dios y
David, Él amplía y confirma las promesas de la descendencia que ya les había
hecho a Abraham y a Moisés. El Pacto Davídico era un Pacto incondicional en el
cual Dios prometió a David un linaje real sin fin, un trono y un reino, todo
ello para siempre. En la declaración de este Pacto Dios se reserva el derecho
de interrumpir el reinado de los hijos de David si era necesario el castigo
(2ª. Samuel 7:14-15), pero la perpetuidad del Pacto no podía ser quebrantada.

Desde el día en que el Pacto fue establecido y
confirmado por Dios hasta el nacimiento de Jesús, a David nunca le faltó un
hijo que se sentase en el trono de Israel (Jeremías 33:21). Y Cristo, el eterno
Hijo de Dios y descendiente de David, completa el cumplimiento de la promesa
hecha a David de que un hijo se sentaría en ese trono para siempre.

El Pacto Davídico contiene los siguientes puntos:

  • a) David habría de tener un hijo, quien le sucedería a él y consolidaría su reino.
  • b) Este hijo, Salomón, construiría el Templo de Jerusalén.
  • c) El trono de su reino sería establecido para siempre.
  • d) El trono no le sería quitado, aunque sus pecados justificaran el castigo.
  • e) La casa, el trono y el reino de David serían establecidos para siempre.

El Nuevo Pacto o Pacto de Gracia

«Van a llegar días -oráculo de Yahvé- en que yo
pactaré con la Casa de Israel y con la Casa de Judá una nueva alianza; no como
la alianza que pacté con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos
de Egipto, pues ellos rompieron mi alianza y yo hice estrago en ellos -oráculo
de Yahvé-. Sino que esta será la alianza que yo pacte con la Casa de Israel,
después de aquellos días -oráculo de Yahvé-: pondré mi Ley en su interior y
sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya
no tendrán que adoctrinarse entre sí, unos a otros, diciendo: «Conoced a
Yahvé», pues todos ellos me conocerán, del más chico al más grande
-oráculo de Yahvé-, cuando perdone su culpa y de su pecado no vuelva a acordarme»

(Jeremías 31:31-34)

El último de los grandes Pactos concertados por Dios
es el Nuevo Pacto, llamado también Pacto de Gracia. Es un pacto
hecho «con la Casa de Israel y la Casa de Judá» (Jeremías 31:31). Es
un nuevo Pacto, en contraste con el Pacto Mosaico, el cual fue roto por Israel
(Jeremías 31:32).

En este Pacto Dios dice: «Pondré mi Ley
en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos
serán mi pueblo»
 (Jeremías 31:33). A causa de esta íntima y
personal revelación de Dios y su voluntad para con la gente, Dios continúa
diciendo: «Ya no tendrán que adoctrinarse entre sí, unos a otros,
diciendo: «Conoced a Yahvé», pues todos ellos me conocerán, del más
chico al más grande -oráculo de Yahvé-, cuando perdone su culpa y de su pecado
no vuelva a acordarme»
 (Jeremías 31:34).

El Nuevo Pacto garantiza todo lo que Dios se propone
hacer para las personas creyentes por medio de la Sangre de su Hijo Jesús. El
acto de creer no es una parte del Pacto, sino la base sobre la cual el creyente
es admitido para disfrutar de las bendiciones eternas que el Pacto ofrece. El
Nuevo Pacto no es hecho con los no redimidos, sino con los que creen en Dios, y
promete que en favor de ellos estará la fidelidad del propio Dios. Y toda otra
promesa semejante a ésta, relacionada con el poder que Dios manifiesta en la
salvación y cuidado de los suyos, es parte de este Nuevo Pacto de Gracia.

Hay quienes recalcan la importancia y el poder de la
voluntad humana, diciendo que la salvación y preservación deben tener como
condición la libre cooperación de la voluntad humana. Esto puede ser razonable
para la mente humana, pero no está de acuerdo con la revelación que Dios nos ha
dado en las Sagradas Escrituras.

Es evidente que Dios ha dejado lugar para el libre
ejercicio de la voluntad humana. Él ayuda a la voluntad de los hombres, y los
ya salvos son conscientes de que tanto su salvación como su servicio están en completa armonía con la elección que
ellos mismos han hecho en lo más profundo de su corazón. Sabemos que Dios
gobierna la voluntad humana, pero al mismo tiempo vemos que Él apela a la
voluntad del hombre y hace que dependa en cierta forma de ella para el disfrute
de su divina bendición.

La futura salvación de Israel es prometida en el Nuevo
Pacto (Romanos 11:26-27). Esta salvación se efectuará sobre la base única de la
Sangre que Cristo derramó en la cruz. Por medio del sacrificio de su Hijo, Dios
es tan libre para salvar una nación como lo es para salvar a un solo individuo o a toda la humanidad.

Se esperaba que todos llegaran a ser miembros fieles del Pacto desde el momento de su nacimiento, y fieles también a las obligaciones que les imponía el Pacto, para así poder recibir los beneficios y bendiciones del mismo. De igual manera se espera que aquellos que han nacido de nuevo y han entrado a formar parte del Nuevo Pacto o Pacto de Gracia se mantengan santos y guarden los mandatos del Pacto.

CONCLUSION

En la consideración de estos seis grandes Pactos de
Dios nunca podrá decirse que se está dando demasiado énfasis a la soberanía de
Dios o al absoluto fracaso humano, en lo que se refiere al cumplimiento de los
Pactos. Pero podemos estar seguros y convencidos de que todo lo que Dios se ha
comprometido a hacer por medio de dichos Pactos, Él lo hará con toda la
perfección de su infinito Ser.

En todos los casos Dios toma la iniciativa: no se
trata de un acuerdo entre partes iguales; Dios establece los términos. Los da a
conocer y sólo Él garantiza su cumplimiento. Los seres humanos disfrutan de las
bendiciones del Pacto en tanto obedezcan y cumplan los mandatos de Dios.

«Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos»

EL NUEVO PACTO

“Porque reprendiéndolos dice:
    He aquí vienen días, dice el Señor,
    En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto;” 

(Hebreos 8:8)

El Nuevo Pacto, el último de los ocho grandes pactos de la Escritura, es
(1) mejor (comp. 8:6) que el Pacto Mosaico (Ex. 19:5, ver), no moralmente sino en cuanto a su eficacia (He. 7:19; comp. Ro. 8:3-4).
(2) Está fundamentado en promesas mejores (e.d. incondicionales). En el Pacto Mosaico Dios dijo: “si… guardareis” (Ex. 19:5); en el Nuevo Pacto El no pone condiciones (He. 8:10,12).
(3) Bajo el Pacto Mosaico la obediencia nacía del temor (2:2; 12:25-27); bajo el Nuevo Pacto la obediencia es producto de un corazón y una mente dispuestos (8:10).
(4) El Nuevo Pacto asegura la revelación personal del Señor a todo creyente (v. 11).
(5) Asegura completo perdón de pecados (v. 12; 10:17; comp. 10:3).
(6) Se basa en una redención que ha sido conseguida (Mt. 26:27-28; 1 Co. 11:25; He. 9:11— 12:18-23). Recuérdese que en el N.T. la palabra griega diatheke se traduce “testamento” y asimismo “pacto”.
(7) Asegura la perpetuidad, conversión futura y bendición de una Israel arrepentida, con quien el Nuevo Pacto aun debe ser ratificado (10:9; comp. Jer. 31:31-40 y 2 S. 7:8-17).

Los ocho pactos,
resumen:

(1) El Pacto Edénico (Gn. 2:16, VER) condiciona la vida del hombre en la inocencia.
(2) El Pacto Adánico (Gn. 3:14, VER) condiciona la vida de los hombres caídos y promete un Redentor.
(3) El Pacto Noeico (Gn. 9:16, VER) establece un principio: la vida en la tierra es vida bajo gobierno humano.
(4) El Pacto Abrahámico (Gn. 12:2, VER) funda la nación de Israel y confirma, con adiciones específicas, la promesa de redención hecha a Adán.
(5) El Pacto Mosaico (Ex. 19:5, VER) condena a todos los hombres, “por cuanto todos pecaron” (Ro. 3:23; 5:12).
(6) El Pacto Palestino (Dt. 30:3, VER) asegura la restauración final y la conversión de Israel.
(7) El Pacto Davídico (2 S. 7:16, VER) establece la perpetuidad de la familia davídica (cumplido en Cristo, Mt. 1:1; Lc. 1:31-33; Ro. 1:3) y del reino davídico sobre Israel y sobre toda la tierra, que será cumplido en y por Cristo (2 S. 7:8-17; Zac. 12:8; Lc. 1:31-33; Hch. 15:14-18; 1 Co. 15:24).
(8) El Nuevo Pacto (He. 8:8) se basa en el sacrificio de Cristo y asegura la bendición eterna de todos los que creen, bendición prometida por el Pacto Abrahámico (Gá. 3:13-29). Es absolutamente incondicional, y en vista de que no consigna responsabilidades al hombre, es terminante e irreversible.

La relación de Cristo con los ocho pactos es la
siguiente:

(1) En
cuanto al Pacto Edénico, como “segundo hombre” y “postrer Adán”
 (1 Co. 15:15-47) Cristo toma el lugar sobre todas las cosas, lugar
que el primer Adán perdió (Col. 2:10; He, 2:7-9).
(2) El es la Simiente de la mujer del Pacto Adánico (Gn.
3:15; Jn. 12:31; G1 4:4; 1 Jn. 3:8; Ap. 20:10), y cumplió las condiciones de
trabajo (Mr. 6:3) y obediencia (Fil. 2:8; He. 5:8).
(3) Como el más grande Hijo de Sem, en El se cumplió en
forma suprema la promesa a Sem en el Pacto Noeico (Gn. 9:16, Col. 2:9).
(4) El es la Simiente a quien fueron hechas las promesas en el
Pacto Abrahámico
, el Hijo de Abraham obediente hasta la muerte (Gn.
22:18; Gá 3:16; Fil. 2:8).
(5) El vivió sin pecado bajo el Pacto Mosaico y
por nosotros llevó la maldición de ese pacto (Gá 3:10-13).
(6) El vivió obedientemente como un judío en Judea, la
tierra del Pacto Palestino, y ha de cumplir sus promesas de gracia (Dt.
28:1-30:9).
(7) El es la Simiente, el Heredero y el Rey en el Pacto Davídico (Mt.
1:1; Lc. 1:31—33).
(8) Su sacrificio es el fundamento del Nuevo Pacto (Mt.
26:28; 1 Co. 11:25). Recuérdese lo mencionado antes: en el N.T. la misma
palabra griega (diatheke) ha sido traducida
“testamento” y “pacto”.