LA CARTA A LOS HEBREOS DE QUIEN ES?

HOY EN DIA MUCHOS ESCRITURISTAS CATOLICOS NIEGAN QUE LA
ESPISTOLA A LOS HEBREOS SEA DE SAN PABLO.
DE DONDE SALE ESTO Y A QUIEN BENEFICIA?

El canon de la Escritura, Antiguo y Nuevo Testamento, fue finalmente
definido en el Concilio de Roma en 382, bajo la autoridad del Papa
Damasco I. Fue pronto reafirmado en numerosas ocasiones. El mismo
canon fue afirmado en el Concilio de Hipona en 393 y en el Concilio de
Cartago en 397. En 405 el Papa Inocencio I reafirmó el canon en una carta
al Obispo Exuperio de Tolosa. Otro concilio en Cartago, fue en el 419,
reafirmó el canon de sus predecesores y pidió al Papa Bonifacio que
“confirmara este canon, porque hay cosas que hemos recibido de nuestros
padres para ser leídas en la Iglesia”. Todos estos cánones eran idénticos a
la moderna Biblia Católica, y todos ellos incluían los deuterocanónicos.

Exactamente este mismo canon fue implícitamente afirmado en el séptimo
concilio ecuménico, Nicea II (787), que aprobó los resultados del Concilio
de Cartago de 419, y explícitamente reafirmado en los concilios
ecuménicos de de Florencia (1442), Trento (1546), Vaticano I (1870) y
Vaticano II (1965).

Que concepto se utilizó para escoger estos libros hoy conocido como
Canónicos?

1) Que hubieran sido escritos por los mismos Apóstoles a por quienes
fueron testigos oculares

2) Que estuvieran en la liturgia desde el Siglo I

3) Que no enseñaran errores doctrinales

Siempre la Iglesia (desde la Antigüedad hasta el Siglo XIX) ha dicho que la
Carta a los Hebreos es de la autoría de San Pablo. De donde sale esta
noción de que San Pablo no es el Autor?

Cuando se pregunta quien fue el que modernamente refuta la carta la
respuesta es la misma “existe consenso entre los estudiosos bíblicos” Pero
desde cuándo?? Quien?

De las teorías modernas, nacidas del protestantismo “ilustrado”. Los que
niegan esta autoría no tienen ninguna base lógica, solo divagaciones y
suposiciones y además no saben quién la escribió.

Entre las razones más importantes para que muchos críticos actuales
dentro y fuera de la Iglesia duden de que el autor fuese Pablo es que no se
parece a las demás cartas suyas; por ejemplo, no empieza con saludos y
comentarios personales y está escrita de una forma más ordenada y
lógica. La explicación es muy sencilla: no es exactamente una carta, sino
más bien una tesis, un tratado (al igual, por ejemplo que 1 Juan). No
obstante, la conclusión sí es muy típica de Pablo (Heb 13:17-25) y además
en ella se nota que el escritor, pese a estar en Italia, era bien conocido por
sus destinatarios judíos.

Hay muchas diferencias de estilo que se pueden explicar fácilmente
teniendo en cuenta que el auditorio y el objetivo son diferentes al resto de
las cartas (en 1 Corintios 9:20 ya había dicho el propio Pablo: «A los judíos
me hice como judío, para ganar a los judíos; a los que están bajo la ley,
como bajo la ley (aunque yo no estoy bajo la ley) para ganar a los que
están bajo la ley»). Por ejemplo, algunos críticos alegan que hebreos
menciona muchos detalles sobre el mundo judío que no aparecen en otras
cartas, como detalles sobre el templo o el sacerdocio. Hay que tener en
cuenta en primer lugar que las otras cartas van dirigidas tanto a judíos
como a gentiles, y esta solo a judíos; la mayoría de los gentiles no podrían
captar muchos de los razonamientos expresados en Hebreos (lo cual
concuerda totalmente con 1 Cor 9:21: «a los que están sin ley, como sin

ley (aunque no estoy sin la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo) para
ganar a los que están sin ley.»).

Por otro lado, el propósito de Hebreos es precisamente comparar la
adoración de los judíos con la de los cristianos para demostrar que esta es
superior, por eso es lógico que mencione muchos detalles del judaísmo.

Dice el Papa San Clemente en las Hypotypóseis (finales del Siglo I) que la
Carta a los Hebreos es, ciertamente, de Pablo pero que fue escrita en
lengua hebrea para los hebreos, pero Lucas la tradujo cuidadosamente (o:
magníficamente) y la publicó (o: editó) para los griegos, de ahí que se
encuentre el mismo estilo de esta carta y en el de los Hechos. Y (dice)
que (la expresión) “Pablo apóstol” (2 Co 1,1; Ga 1,1; Ef 1,1; Col 1,1; 1 Tm
1,1; 2 Tm 2,1) [es] natural que no esté en el encabezamiento, porque –
dice- “como escribía a los hebreos, que tenían prevenciones contra, él y no
quiso alterarlos en el comienzo poniendo su nombre”. Luego, más abajo
añade: “Pero como decía el bienaventurado presbítero, puesto que el
Señor, fue enviado a los hebreos (cf. Mt 15,24), Pablo, que había sido
enviado a los gentiles (cf. Hch 22,21), por modestia no se intituló a sí
mismo apóstol de los hebreos, y a la vez por deferencia para con el Señor
y porque, a pesar de ser heraldo y apóstol de los gentiles (cf. 1 Tm 2,7; 2
Tm 1,11), escribe, de añadidura, también a los hebreos una carta”
(Eusebio de Cesárea, HE VI,14,2-4).
Orígenes enseñaba que las ideas teológicas de la carta, procedía, pero
no su estilo, que consideraba obra de otro autor

El Papa Dámaso enumera a Hebreos como de Pablo “epistoloe Pauli
numero quatuordecim (epístolas de Pablo en número de catorce),
incluyendo en este número la Epístola a los Hebreos (Denzinger, 10ma
ed., n. 84

Dice San Atanasio (siglo III)

““Tampoco debemos vacilar al nombrar los libros del Nuevo Testamento.
Son los siguientes: Los cuatro Evangelios: según Mateo, según Marcos,
según Lucas y según Juan. Después están los Hechos de los Apóstoles y
las siete denominadas epístolas católicas de los apóstoles, tal como
siguen: una de Santiago, dos de Pedro, tres de Juan y, por último, una de
Judas. Junto a estas hay catorce epístolas del Apóstol Pablo que son las
siguientes escritas en orden: Primero a los Romanos; después dos a los
Corintios y después a los Gálatas y a los Efesios; después a los Filipenses,
dos a los Tesalonicenses y la dirigida a los Hebreos. Después hay dos a
Timoteo, una a Tito y la última a Filemón. Por último, el Apocalipsis de
Juan. Estas son las fuentes de salvación  […] Que nadie añada a estos o
quite de ellos”. 

Dice el Concilio de Cartago (siglo IV)

     “Y posteriormente se decidió que no se leería nada en la iglesia bajo el
nombre de las divinas Escrituras excepto los escritos canónicos. Los
escritos canónicos, por tanto, son los siguientes: Del Nuevo Testamento:
los cuatros libros de los Evangelios, el libro de Hechos de los Apóstoles,
las trece epístolas del Apóstol Pablo, la epístola dirigida a los Hebreos, del
mismo, dos del Apóstol Pedro, tres de Juan, una de Santiago, una de
Judas, el Apocalipsis de Juan, un libro. ”  [12] Concilio de Cartago
Aunque hubo discrepancias sobre el Autor como San Jerónimo (que
tampoco admitía el Apocalipsis) al final todos terminaron aceptando la voz
de los Concilios.

El Concilio de Trento Celebrado en el Siglo XVI con autoridad apostólica
lo determino como de San Pablo y es Doctrina.

Decreto sobre las Escrituras Canonicas

“El sacrosanto, ecuménico y general Concilio de Trento, congregado
legítimamente en el Espíritu Santo y presidido de los mismos tres Legados

de la Sede Apostólica, proponiéndose siempre por objeto, que
exterminados los errores, se conserve en la Iglesia la misma pureza del
Evangelio, que prometido antes en la divina Escritura por los Profetas,
promulgó primeramente por su propia boca. Jesucristo, hijo de Dios, y
Señor nuestro, y mandó después a sus Apóstoles que lo predicasen a toda
criatura, como fuente de toda verdad conducente a nuestra salvación, y
regla de costumbres; considerando que esta verdad y disciplina están
contenidas en los libros escritos, y en las tradiciones no escritas, que
recibidas de boca del mismo Cristo por los Apóstoles, o enseñadas por los
mismos Apóstoles inspirados por el Espíritu Santo, han llegado como de
mano en mano hasta nosotros; siguiendo los ejemplos de los Padres
católicos, recibe y venera con igual afecto de piedad y reverencia, todos
los libros del viejo y nuevo Testamento, pues Dios es el único autor de
ambos, así como las mencionadas tradiciones pertenecientes a la fe y a
las costumbres, como que fueron dictadas verbalmente por Jesucristo, o
por el Espíritu Santo, y conservadas perpetuamente sin interrupción en la
Iglesia católica. Resolvió además unir a este decreto el índice de los libros
Canónicos, para que nadie pueda dudar cuales son los que reconoce este
sagrado Concilio. Son pues los siguientes. Del antiguo Testamento, cinco
de Moisés: es a saber, el Génesis, el Exodo, el Levítico, los Números, y el
Deuteronomio; el de Josué; el de los Jueces; el de Ruth; los cuatro de los
Reyes; dos del Paralipómenon; el primero de Esdras, y el segundo que
llaman Nehemías; el de Tobías; Judith; Esther; Job; el Salterio de David de
150 salmos; los Proverbios; el Eclesiastés; el Cántico de los cánticos; el de
la Sabiduría; el Eclesiástico; Isaías; Jeremías con Baruch; Ezequiel;
Daniel; los doce Profetas menores, que son; Oseas; Joel; Amos; Abdías;
Jonás; Micheas; Nahum; Habacuc; Sofonías; Aggeo; Zacharías, y
Malachías, y los dos de los Macabeos, que son primero y segundo. Del
Testamento nuevo, los cuatro Evangelios; es a saber, según san Mateo,
san Marcos, san Lucas y san Juan; los hechos de los Apóstoles, escritos
por san Lucas Evangelista; catorce Epístolas escritas por san Pablo
Apóstol; a los Romanos; dos a los Corintios; a los Gálatas; a los Efesios; a
los Filipenses; a los Colosenses; dos a los de Tesalónica; dos a Timoteo; a
Tito; a Philemon, y a los Hebreos; dos de san Pedro Apóstol; tres de san
Juan Apóstol; una del Apóstol Santiago; una del Apóstol san Judas; y el
Apocalipsis del Apóstol san Juan. Si alguno, pues, no reconociere por
sagrados y canónicos estos libros, enteros, con todas sus partes, como ha
sido costumbre leerlos en la Iglesia católica, y se hallan en la antigua
versión latina llamada Vulgata; y despreciare a sabiendas y con ánimo
deliberado las mencionadas tradiciones, sea excomulgado. Queden, pues,

todos entendidos del orden y método con que después de haber
establecido la confesión de fe, ha de proceder el sagrado Concilio, y de
que testimonios y auxilios se ha de servir principalmente para comprobar
los dogmas y restablecer las costumbres en la Iglesia.

Desde la Epoca de los Padres Griego (y aun antes) se consideró que la
carta es de San Pablo,
Eusebio, da los primeros testimonios de la Iglesia de Alejandría , así como
e Clemente y Orígenes (Hist. Eccl., VI, XIV, n. 2-4; XXV, n. 11-14).
Clemente explica el contraste en el lenguaje y estilo diciendo que
la epístola fue escrita originalmente en hebreo y luego fue traducida
al griego por Lucas. Orígenes, por el contrario, distingue entre los
pensamientos de la carta y la forma gramatical; el primero, según el
testimonio de «los antiguos» (oi archaioi andres) es de San Pablo; el último
es obra de un escritor desconocido, Clemente de Roma según algunos,
Lucas u otro discípulo del Apóstol, según otros. De la misma manera la
carta fue considerada como paulina por las diversas Iglesias de
Oriente: Egipto, Palestina, Siria, Capadocia, Mesopotamia, etc. (cf. los
diferentes testimonios en B.F. Westcott, «La Epístola a los Hebreos»,
Londres, 1906 , págs.. LXII-LXXII). No fue hasta después de la aparición
de Arrío que el origen paulino de la Epístola a los Hebreos fue disputada
por algunos orientales y griegos.
Creo que la solución más probable a la autoría es la opinión
de Orígenes (Siglo II) “Por lo tanto, es necesario aceptar que en la Epístola
a los Hebreos hay que diferenciar el autor real del escritor. No se ha
producido razón válida en contra de Pablo como el autor de las ideas y
todo el contenido de la carta; la creencia de la Iglesia primitiva estuvo todo
el tiempo de acuerdo con la completa corrección del origen apostólico de
la Epístola

Así que las evidencias en contra del punto de vista de que Pablo escribiera
esta carta se reduce a consideraciones en cuanto al estilo literario en sí.
Nada más!

Dice el Catecismo:

120 La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos
constituyen la lista de los Libros Santos (cf. DV 8,3). Esta lista integral es
llamada «canon» de las Escrituras. Comprende para el Antiguo
Testamento 46 escritos (45 si se cuentan Jr y Lm como uno solo), y 27
para el Nuevo (cf. Decretum Damasi: DS 179; Concilio de Florencia, año
1442: ibíd.,1334-1336; Concilio de Trento: ibíd., 1501-1504):

Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, los
dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos libros de las
Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit, Ester, los dos libros de los
Macabeos, Job, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de los
Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías, las
Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías,
Jonás Miqueas, Nahúm , Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías
para el Antiguo Testamento;

los Evangelios de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan, los Hechos de
los Apóstoles, las cartas de Pablo a los Romanos, la primera y segunda a
los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los
Colosenses, la primera y la segunda a los Tesalonicenses, la primera y la
segunda a Timoteo, a Tito, a Filemón, la carta a los Hebreos, la carta de
Santiago, la primera y la segunda de Pedro, las tres cartas de Juan, la
carta de Judas y el Apocalipsis para el Nuevo Testamento.”
Resumiendo mí lo entendido:
Las evidencias que se presentan modernamente solo se basan en el
estilo literario en sí. Es lógico que el vocabulario de un escritor y su estilo
varíen según el tema de que trate, pero algunos expertos alegan que esas

variaciones serán principalmente en los términos técnicos, característicos
de los diversos temas acerca de los cuales se escriba, mientras que su
vocabulario general y las palabras que escoge casi inconscientemente
para expresarse deberían ser las mismas que las anteriores

En cuanto al vocabulario encontramos “ 154 hapax legomena” es decir,
palabras que no figuran en ningún otro libro de las Escrituras Griegas.
Pero esto tampoco es concluyente, pues en Romanos hay 113 hapax
legomena y en 1 Corintios las hay.
Concuerdo que en las demás Cartas san Pablo presenta un estilo más 
impetuoso y apasionado, mientras que en la Carta a los Hebreos usa un
estilo más elegante (utiliza complicadas construcciones y hace un uso muy
diferente de las y se presenta un tema completamente estructurado.  Creo
que esto se puede explicar en primer lugar porque   Hebreos tiene más de
tratado Teológico que de carta. En las demás cartas al a apóstol Pablo
escribe de temas que atañen a  problemas surgidos en las comunidades 
con una estructura típicamente gentil, mientras que la carta a los es la
única dirigida a la comunidad Hebrea (posiblemente la de Alejandría    

Al final de la Carta se ve claramente que es San Pablo quien habla de su
fiel seguidor Timoteo y que él, Pablo estaba preso en Roma:

“ 23 Quiero que sepan que nuestro hermano Timoteo ya salió de la cárcel.
Si llega pronto, lo llevaré conmigo cuando vaya a verlos. 24 Saluden a
todos los líderes y a todos los creyentes que están allí.[a] Los creyentes de
Italia les envían sus saludos.
25 Que la gracia de Dios sea con todos ustedes.
Hebreos 13:23
Curioso que en un tiempo que muchos apuntan disimuladamente atacar la
Eucaristía esta es una Carta eminentemente Eucaristía, esta puesta en
duda por los mismos que quieten desarmar la Iglesia y “protentalizarla”

Martín Lutero, declaró: “que no podía haber sido escrito por Pablo, porque
no refleja su pensamiento”. Calvino, decía; “que no podía llegar a pensar
que esta carta fuera de Pablo”.

Que cada cual saque sus conclusiones de, porque y quienes, la quieren
desacreditar en la Iglesia.

Bendiciones+