QUIEN ES LA MUJER DE GENESIS 3:15

QUIEN ES LAL MUJER DE GENESIS 3,15 Y POR ENDE LA DEL APOCALIPSIS, ISRAEL,
LA IGLESIA O MARIA?
Cual es la verdad en este caso? : Por una MUJER entro el pecado ( no por un pueblo) por
otra MUJER entra la salvacion. ,» pongo enemistad entre ti y LA MUJER» nada indica un
pueblo. » LA Virgen concibe y pare» UNA mujer» y » el nombre de la Virgen es Maria» UNA
mujer, no un pueblo. » MUJER ahí tienes a tu hijo»..UNA mujer no un pueblo. El «pueblo de
Dios» en este caso es el «Linaje de la mujer».
Genesis 3,15 puede calificarse también como un “oráculo de Yahvé”, pues las palabras se
colocan directamente en boca de Dios y tienen un contenido profético, y está expresado
con solemnidad.
Es un texto que de por sí contiene toda la fuerza y vigor de la salvacion de Dios en la cual
proféticamente están presentes los dos personajes inseparables: Jesucristo y María.
Interpretación exegética.
Partiendo de que la criatura interpelada con el pronombre personal “tú” es la serpiente, los
personajes involucrados son cuatro:
A. la serpiente.
B. la mujer.
C. el linaje de la serpiente.
D. el linaje de la mujer.
En la estructura de este versículo, se observa una triple oposición:

  1. “Establezco enemistad entre ti y la mujer” (Gn 3,15a )
    La serpiente < > la mujer.
  2. “Entre tu linaje y su linaje” (Gn 3,15b)
    El linaje de la serpiente < > el linaje de la mujer.
  3. “Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el calcañar” (Gn 3,15c)
    La serpiente < > el linaje de la mujer.
    “Establezco enemistad entre ti y la mujer” (Gn 3,15a)
    A) “Establezco” o pongo (‘asît): primera persona del imperfecto activo de qal del verbo sît.
    La importancia del sentido activo tiene un trasfondo teológico fundamental dada la realidad
    del pecado que se traduce en amistad con la serpiente y enemistad con Dios.
    La forma verbal además indica una acción que empieza pero que va a perdurar en el
    futuro, como quien diría: “de aquí en adelante”. Viendo esto, la traducción en presente sería
    más propia que en futuro: “Estableceré enemistad entre ti y la mujer”, pues la enemistad
    sería trasladad a un tiempo por venir, cuando en realidad Dios la ha puesto en ese mismo
    momento.
    B) “Enemistad” (‘êbah) en el texto hebreo y en la traducción de los LXX al singular,
    mientras que en la Vulgata (“inimicitias ponam”) aparece en plural, «enemistades»; el
    singular expresa una mayor radicalidad.
    El término ‘êbah, en la Sagrada Escritura, se aplica siempre a una enemistad entre seres
    racionales y no entre seres irracionales. Por lo tanto al ser que dirige Dios sus palabras es
    un ser racional: el demonio con forma de serpiente y no simplemente a un animal.

C) “Entre ti”, es decir entre la serpiente, que significa el demonio, en oposición a la mujer. A
lo largo de toda la Escritura, sea en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la serpiente,
es símbolo inequívoco del demonio: “Por la envidia del diablo entró la muerte al mundo”
(Sab 2,24); “Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad porque no
hay verdad en él” (Jn 8,44); “Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado
Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero” (Ap 12,9); “Dominó al Dragón, la Serpiente
antigua –que es el Diablo y Satanás- y lo encadenó por mil años” (Ap 20,2); etc.
D) “Y la mujer”. La mujer (ha’issah). La palabra ‘issah va compañada por el artículo ha.
Este artículo puede ser utilizado en el hebreo con tres sentidos, de allí que el sólo análisis
filológico no sea suficiente.
1° sentido: Refiriéndose al sujeto de que se habla en el contexto.
2° sentido: De modo colectivo.
3° sentido: Para hablar de una persona u objeto que no es nombrado, pero que sí está en
la mente del que habla. Este último sentido es particularmente factible de ser utilizado en el
género literario profético.
Sin embargo, para dilucidar la significación de este artículo, es necesario verlo en el
conjunto del contexto estudiando las interpretaciones exegéticas.
“Entre tu linaje y su linaje” (Gn 3,15b)
“Linaje”: descendencia o semilla (zera’ ). La palabra zera’ se aplica en primer lugar a las
semillas de las plantas, como aparece en el Génesis: “La tierra produjo vegetación: hierbas
que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla adentro, por sus
especies” (Gn 1,12).
No obstante, es usual y frecuente que con ese término se indique la descendencia de los
hombres y normalmente tenga sentido colectivo: “Toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu
descendencia para siempre” (Gn 13,15); “Y estableceré mi alianza entre nosotros dos, y
con tu descendencia después de ti” (Gn 17,7); “Yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré
muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se
adueñará tu descendencia de la puerta de tus enemigos. Por tu descendencia se
bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tu mi vos” (Gn
22,17-18); etc.
“Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el calcañar” (Gn 3,15c)
A) “Él” (hû’). En la Vulgata se traduce hû’ por ella (ipsa), pero lo correcto es traducir el
artículo hû’ por él, tal cual se encuentra en el texto masorético, donde figura hû’ y no hî’
(ella). La traducción del artículo en singular masculino más exacto pues la cabeza de la
serpiente no será aplastada solo por la mujer sino por el linaje de esta.
Se ha visto que la oposición entre ambos linajes era colectiva. A pesar de ello, en las postrimerías de ese
antagonismo, esa oposición se transforma en confrontación y lucha, pero adquiere nuevamente un
carácter personal y singular. Así, aquella oposición: serpiente < > mujer (Gn 3,15a), se convierte ahora
en: serpiente < > linaje de la mujer, por lo cual es un descendiente singular y concreto el que va a
aplastar la cabeza al ser singular y concreto serpiente.

B) “… Aplastará …” – “… Acecharás …”. Al estudiar estos dos términos, tenemos que las dos
acciones se traducen con el mismo tanto en el texto hebreo (suf), como en la versión griega
de los LXX (teréo). En estas dos actitudes futuras, hay que diferenciar el sentido de ataque
y éxito de la primera (aplastará), del de defensa fallida de la segunda (acechará), es decir,
lo intentará sin lograrlo. Cristo y Maria pisaron la cabeza de la serpiente, pero ella tratara
de morder al linaje sin lograrlo.
El mismo texto concluye aquí y no habla de mordedura o de algo por el estilo. La serpiente
se encuentra en una posición desfavorable, la raíz de swp, que significa un movimiento
para lanzarse sobre algo, pero su movimiento no pasa de ser una reacción instintiva, sólo
acechará, no mordera al linaje.
Se ha visto que el linaje de la mujer es el Mesías, alguien concreto, singular y no colectivo
(Nosotros entramos en esa batalla como «cuerpo de Cristo», debemos dilucidar, entonces,
cuál es la mujer que menciona Gn 3,15c, de quien vendrá aquel que derrotará a la
serpiente.
Es evidente que existe un sentido inmediato que tiene su referencia directamente a Eva,
más aún considerando que el vers. 16 contiene el castigo divino a la mujer que cayó frente
a la tentación del emonio. Pero ello no quita, incluso por determinadas apreciaciones del
mismo texto, que se haga referencia a otra persona, más aún, si atendemos de que se
trata también de un pasaje con contenido profético.
En contraposición con el vers. 16, en donde la desolación impera por la pena impuesta
dada la falta cometida, en el vers. 15a, la imagen de la mujer es triunfalista y,
evidentemente, Eva no se puede considerar como triunfadora sino todo lo opuesto.
Si recorremos la Sagrada Escritura, jamás vamos a encontrar una imagen victoriosa de
Eva, sino, todo lo contrario, aparece como la mujer seducida, vencida, sumida en la tristeza
y con la terrible carga de haber sido la primera responsable de introducir el pecado y la
muerte en el mundo. Basta observar algunos pasajes: “Por la mujer fue el comienzo del
pecado, y por causa de ella morimos todos” (Eclo 25,24); “Temo que, al igual que la
serpiente engañó a Eva con su astucia, se perviertan vuestras mentes apartándose de la
sinceridad con Cristo” (II Cor 11,3); “El engañado no fue Adán, sino la mujer que, seducida,
incurrió en la trasgresión” (I Tim 2,14); etc.
De aquí que en Gn 3,15a, haya que afirmar con certeza que detrás de Eva hay otra mujer,
la Nueva Eva, y por lo cual tendríamos que la palabra mujer está designando en sentido
literal inmediato a Eva y en sentido pleno a María.
Volviendo sobre la triple oposición contenida en Gn 3,15, sin dejar de lado que la palabra
principal es “establezco”, pues es la que manifiesta la voluntad divina en una acción
concreta, es clave detenerse en el término “enemistad”, constituyendo el gozne sobre el
cual gira todo el argumento del texto.
La enemistad puede darse en lo que podríamos llamar dos planos: uno superficial e
imperfecto, y otro pleno o perfecto. La enemistad entre el linaje de la mujer y el linaje de la
serpiente de Gn 3,15b, como se vio con anterioridad, es colectiva, sea física o moral, y por
lo tanto superficial e imperfecta. Pero en Gn 3,15c, hemos visto que esa enemistad, con
Cristo, se transforma en singular y personal, distinta al resto del linaje de la mujer de Gn
3,15b, y además es plena y perfecta. Lo mismo es aplicable a Eva respecto a María. Estos

paralelismos nos remiten a considerar que Cristo y María tienen “las mismas enemistades”,
que son plenas y totales respecto al demonio, tal cual lo sostenido por Pío IX en la bula
Ineffabilis Deus. Con ello se confirma que Gn 3,15 habla en sentido plenior de María.
Juan Pablo II: Carta Encíclica Redemptoris Mater (25/III/1987)
Esta Carta Encíclica constituye el documento pontificio mariano más moderno y en sus
NN° 7 y 11, se menciona a Gn 3,15 con la certeza que la “mujer” allí nombrada es
indiscutiblemente figura de María.
“El plan divino de la salvación, que nos ha sido revelado plenamente con la venida de
Cristo, es eterno. Está también -según la enseñanza contenida en aquella Carta y en otras
Cartas paulinas- eternamente unido a Cristo. Abarca a todos los hombres, pero reserva un
lugar particular a la ‘mujer’ que es la Madre de aquel, al cual el Padre ha confiado la obra
de la salvación. Como escribe el Concilio Vaticano II, ‘ella misma es insinuada
proféticamente en la promesa dada a nuestros primeros padres caídos en pecado’, según
el libro del Génesis (cf. 3, 15)” (N° 7).
“En el designio salvífico de la Santísima Trinidad el misterio de la Encarnación constituye el
cumplimiento sobreabundante de la promesa hecha por Dios a los hombres, después del
pecado original, después de aquel primer pecado cuyos efectos pesan sobre toda la
historia del hombre en la tierra (cf. Gn 3, 15). Viene al mundo un Hijo, el ‘linaje de la mujer’
que derrotará el mal del pecado en su misma raíz: ‘aplastará la cabeza de la serpiente’.
Como resulta de las palabras del protoevangelio, la victoria del Hijo de la mujer no
sucederá sin una dura lucha, que penetrará toda la historia humana. ‘La enemistad’,
anunciada al comienzo, es confirmada en el Apocalipsis, libro de las realidades últimas de
la Iglesia y del mundo, donde vuelve de nuevo la señal de la ‘mujer’, esta vez ‘vestida del
sol’ (Ap 12, 1)”
Conclucion: Esas gentes deliran. Entra a www.apologeticasiloe.net y lee » María en las
Escrituras»+
Tomado en parte de «Mercaba.org»